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Analista venezolano advierte "creciente rivalidad política" entre chavismo y mayoría opositora

Venezuela: conflicto de poderes

John Magdaleno: la oposición de Venezuela debe centrarse en hacer frente a los problemas económicos que azotan al país



La sesión de instalación de la nueva Asamblea Nacional venezolana controlada por la oposición, ocurrida este 5 de enero, dio claros indicios de la realidad política que el país suramericano vivirá en los próximos meses, según el analista político venezolano, John Magdaleno.

“Lo que viene es una creciente rivalidad política en el país, en el marco de una crisis económica cada vez más aguda y un mayor malestar social”, opina el especialista.

Magdaleno es máster en Ciencias Políticas y especialista en análisis de datos. En Venezuela dirige la Consultoría en Asuntos Públicos Polity y durante los últimos quince años ha diseñado, dirigido y analizado más de 400 investigaciones de opinión pública y comunicación política en su país.

Tras diecisiete años del chavismo en el poder, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) asumió el control del Legislativo, nombrando como presidente a Henry Ramos Allup, dirigente de Acción Democrática (centro-izquierda), quien dio un plazo de seis meses para el cambio político en Venezuela.

Desde Caracas, Magdaleno asegura a Confidencial que frente a las acciones que ha tomado el gobierno de Nicolás Maduro contra la nueva Asamblea “es inevitable que la oposición se planteé el tema del cambio político en el país”.

¿Cuál es su perspectiva tras la instalación de la nueva Asamblea en Venezuela?

La instalación de la nueva Asamblea está mediada por hechos que han sido controversiales. Uno de ellos es una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que ordena suspender los efectos de la proclamación de cuatro diputados: tres indígenas y uno del chavismo. Desde luego, eso ha provocado un debate acerca de las estrategias que deben seguir chavismo y oposición.
Era bastante previsible, desde el año pasado —y lo dije a través de varios medios de comunicación— que si la oposición ganaba y si lo hacía por un abultado margen para una mayoría simple —yo no esperaba la calificada— se iba a producir una disputa institucional, un conflicto entre poderes y desde luego ese conflicto entre poderes lo que procura —como parte de la estrategia central del chavismo— es disminuir la capacidad de influencia del parlamento y neutralizar los efectos prácticos que tiene las actuaciones del órgano legislativo.

¿Qué significa eso para el futuro de Venezuela?

El desarrollo de una disputa en la recién instalada Asamblea sugiere que la rivalidad política va a aumentar. No estamos en un escenario de despolarización, sino por el contrario, en un escenario de repolarización y me temo que esa va a ser la nota distintiva en todo el año en el marco de una economía que se deteriora, una tasa de la inflación que se eleva aún más, una escasez que se va a agudizar de hecho en las próximas semanas y no hay señales aún con el nuevo gabinete designado por el presidente Nicolás Maduro el miércoles.

No es un pronóstico muy optimista.

No lo soy y no puedo serlo en tanto y en cuento no hay señales de rectificación de la política económica que es en verdad la base de la crisis económica que vive el país.

¿Cuál cree que será el papel de los diputados oficialistas? En la sesión de instalación los vimos retirarse del plenario.

No creo que el chavismo se retire nuevamente, salvo de forma excepcional, entre otras cosas porque eso tendría un impacto negativo sobre su imagen y sobre su base de apoyo, porque precisamente eso (el retiro de los diputados opositores del hemiciclo, anteriormente) fue uno de los argumentos que el chavismo usó contra el bloque opositor en el plenario, porque decían que se mostraba poco talente democrático, poca disposición para la deliberación y el debate público y ahora ese argumento puede caer sobre el bloque parlamentario del chavismo.
Más bien creo que la batalla que establecerá el chavismo será por la vía de las instituciones públicas, que intentarán neutralizar los efectos de la Asamblea Nacional.

¿Como el arrebato de los poderes del parlamento sobre el Banco Central que Maduro ordenó a inicios de la semana?

Es correcto. Ese hecho, esa reforma en la que le quitan aún más autonomía de la poca que le quedaba al Banco Central, y además justifica la no publicación de indicadores económicos, todo ello no contribuye a crear un clima propicio para la recuperación económica en el corto plazo.

¿Cómo se han interpretado los nuevos nombramientos de Maduro en el gabinete?

Eso era quizá de lo más esperado de principios de año: la conformación de un nuevo gabinete, (pero) las figuras públicas que ahí están, especialmente la mayoría de los ministros que están vinculados al área económica, no son individuos que pudieran producir una rectificación de esa política.

¿Por qué lo ve así?

Por ejemplo, Luis Salas es el nuevo ministro de Economía Productiva (un ministerio sin cartera) y designado vicepresidente del área económica. (Pero) Luis Salas es sociólogo y si usted entra a la página de Aporrea (www.aporrea.org) va a encontrar unos artículos, en los cuales él defiende la tesis de que en Venezuela sí estamos en presencia de una genuina guerra económica, diseñada e implementada por sectores financieros nacionales e internacionales y que el origen de la inflación no son las emisiones de dinero inorgánico (…), eso comunica en sí mismo que no hay voluntad de rectificación de la política económica.

De vuelta con la Asamblea, hay muchas expectativas sobre el nuevo parlamento. ¿Cree que los nuevos diputados puedan con eso?

Naturalmente la oposición venezolana tiene varios desafíos por delante. En primer término atender la demanda por la cual obtiene la votación del 6 de diciembre y es muy clara: producir una recuperación económica en el corto plazo, es decir, que se le ponga fin a la crisis económica, que se encare exitosamente, y ahí varios críticos me parece que tienen razón en señalar que el discurso del presidente de la Asamblea, Henry Ramos Allup, ha podido destacar como prioridad la agenda económica y social y no lo hizo. Más bien se destacó como una prioridad la agenda de cambio político y ese puede ser un desafío urgente que tiene la oposición: comunicar que realmente es una prioridad (la atención a la crisis) para señalar que tiene conciencia del mandato que ha recibido con la votación.

El segundo desafío es que si acaso la agenda del cambio político fuese la salida que viera la opinión pública y la dirección política de la oposición para tramitar la crisis, pues habría que legitimarla. Es decir, es prematuro todavía para transitar una ruta democrática de cambio sin que la mayor parte de la población, incluyendo a los electores que votaron por la oposición, observen que se haga un esfuerzo desde el parlamento por intentar proponer una reforma.

La Mesa de la Unidad Democrática aglutina a una numerosa variedad de partidos. ¿Es fuerte esa unidad para lo que viene?

Ciertamente la oposición es bastante heterogénea, no solamente por el número de partidos que ahí habitan, sino por sus respectivas ideologías. Entiendo que han llegado a un acuerdo, ya desde el año pasado, para tramitar la mayor parte de sus diferencias puertas adentro y los acuerdos a los que llegaron con motivo de las elecciones parlamentarias del año pasado se sostuvieron a lo largo del período. Entonces sería un gran error para la oposición una división, porque eso le daría pie al chavismo para poder avanzar.

¿Qué retos plantea este plazo de seis meses que ha dado la oposición?

En concreto, lo que plantó Henry Ramos Allup en su discurso de instalación fue que la oposición evaluaría durante los próximos seis meses una ruta democrática constitucional para acelerar los tiempos del cambio político, incluyendo la cesación del presidente Maduro…

Quizá el anuncio de Henry Ramos se debió a que la oposición estimó que la estrategia del gobierno, o del chavismo en general, sería la de la confrontación y que al parlamento se le iban a intentar disminuir sus competencias, su radio de acción, y en efecto, en la medida en que los hechos vayan reforzando o reafirmando esa convicción o ese análisis, que la crisis económica se vaya agudizando —como es bastante previsible—, y que el malestar e irritación social se vayan incrementando, pues el debate por el cambio político cada vez más se va a centrar en el debate público del país.

Lo que viene es una creciente rivalidad política en el país, en el marco de una crisis económica cada vez más aguda y mayor malestar social. Frente a eso es inevitable que la oposición se plantee el tema del cambio político en el país, de manera que así no lo haya hecho Ramos Allup (cómo lo anunció en la instalación), ese tema iba a cobrar vida propia en lo sucesivo.