Opinión

En estos años del gobierno Ortega, no han mejorado los indicadores de acceso y calidad educativa, ni la educación ha estado orientada a la formación de valores democráticos

¿Está atendiendo el Gobierno la educación?



El Secretario General de la OEA, señor Luis Almagro, afirmó hace algunos días que el gobierno de Nicaragua se diferenciaba del de Venezuela porque, entre otras cosas, “atendía la educación”. De esta manera, nos planteó una interrogante ¿Atiende realmente la educación el gobierno de Daniel Ortega? Intentaremos dar respuesta a esta pregunta.

Lo primero que hay que hacer para responder la pregunta es plantearse qué significa “atender la educación”. En nuestro recorrido de más de 20 años como educadoras en Nicaragua y Centroamérica hemos identificado que atender la educación significa garantizar el acceso, la pertinencia, la equidad y la calidad de la educación.

Intentaremos aportar evidencia sobre cada uno de estos ámbitos, usaremos para ello los datos oficiales y otros actuales, entresacados de múltiples fuentes, a falta de informes oficiales transparentes que rindan cuentas sobre el estado de la educación.

Acceso y equidad

El gobierno de “Unidad y Reconciliación Nacional (GRUN)”, instalado desde el 2007 proclamó que enfocaría sus esfuerzos a “la restitución del derecho a una educación gratuita y de calidad, desde la responsabilidad compartida, potenciando el protagonismo de las Personas, la Familias y la Comunidad en un proceso que construye conciencia y participación activa en la transformación educativa” (MINED, 2014).

Según se prometió en aquel momento, habría una “explosión de la matrícula en todos los niveles”, ya que, a decir de las autoridades, la gratuidad reestablecida lograría ese incremento en las matrículas. Con esto, el GRUN ha construido uno de sus mitos: la atención privilegiada a la educación lo que ha sido asumido sin evidencias por la mayoría de la población y organismos nacionales e internacionales. Sin embargo, la evidencia disponible desmiente el mito.

Según los datos oficiales recuperados de los Anuarios de INIDE:

  • En Preescolar: Entre 1997 y 2006 (último año de los gobiernos anteriores a Ortega) la matrícula creció en un 58%, pasando de 133,086 niños y niñas matriculados en 1997 a 209,850 en 2006. Mientras que entre 2006 y 2017, la matrícula únicamente creció en un 35%, llegando en ese último año a 289,037 niños y niñas. Pese a la proclamada importancia de la educación inicial, la tasa de escolarización en ese nivel alcanza solamente a un 58 % de los niños y niñas de esa edad.
  • En Primaria: Entre 1997 y 2006 la matrícula creció en un 24% pasando de 777,917 estudiantes en 1997 a 966,206 en 2006. Mientras que entre 2006 y 2017 hubo un decrecimiento del 7% pasando a contar con 902,565 estudiantes matriculados.
  • En Secundaria: Entre 1997 y 2006 la matrícula creció en un 59%, pasando de 268,438 estudiantes en 1996 a 425,718 en 2006. En 2017, a diez años de gobierno Ortega, la matrícula alcanzó 514,186 estudiantes con un incremento de 14% en todo el período. La tasa neta de escolaridad en el segundo ciclo de este nivel educativo, no llega al 50 por ciento, según datos del MINED en su borrador de Plan Estratégico 2017-2021. Esto indica que la mitad de los jóvenes de esta edad no están atendiendo su formación.

Como se puede leer en los datos anteriores, la supuesta “explosión de la matrícula” no sucedió en ninguno de los subsistemas educativos. El gobierno aduce que esto pasa por la caída en la tasa de natalidad lo que se refleja en menos cantidad de niños en esos grupos de edad. Sin embargo, las tasas netas de escolaridad que reportan los informes de FIDEG sobre encuesta a hogares marcan una tendencia al estancamiento, reafirmando que no ha habido un aumento significativo de matrícula. En el caso de Primaria la tasa neta reportada por FIDEG para el año 2017 era de 91.3%, lo que indica que cerca de 10 niños de cada 100 en edad para asistir a la primaria no lo hace.

Los niños y niñas que quedan fuera son los que provienen de los hogares más pobres profundizando de esta manera la falta de equidad existente en el país.

Otro indicador que permite conocer el nivel educativo de la población son los años de estudio aprobados por la población de 10 años y más. Según el estudio de FIDEG entre 2009 y 2017 no hay cambios sustanciales en este indicador pasando de 5.9 años en 2009 a 6.4 en 2017, lo que como menciona el informe “(…) equivale a decir que el nicaragüense “promedio” apenas logró aprobar el nivel educativo de “primaria”, los cual es inferior a lo observado en el resto de los países centroamericanos” (FIDEG, 2017).

La información sobre el número de escuelas existentes reporta la misma situación. El incremento fue mayor en el período 1997-2006. También es similar la cantidad de docentes existentes en el país.

Muchas razones explican esta situación de estancamiento. Algunas de ellas estructurales (como la necesidad de replantearse la organización de un sistema educativo diseñado para el siglo XVIII y XIX mientras estamos en el siglo XXI) y otras coyunturales (como la negativa del gobierno a escuchar propuestas que permitieran encontrar modelos educativos pertinentes para la población más vulnerable), sin embargo lo que queremos destacar es que no ha habido la voluntad de analizar crítica y participativamente una situación que nos afecta a todos para encontrar soluciones, puesto que el énfasis de este gobierno ha sido de hacer partidista la educación para cultivar base de apoyo y votos, tal como numerosos educadores y educadoras lo han mencionado.

Calidad y pertinencia

Una educación de calidad enseña a pensar, decidir y aprender a lo largo de la vida. La calidad es una categoría compleja y cambiante que abarca el desarrollo de conocimientos, habilidades, actitudes, inteligencia emocional, valores de convivencia social y para el ejercicio de la ciudadanía.  En este siglo, además, son esenciales las habilidades para analizar de manera crítica la realidad, usar herramientas informáticas y conocer otras culturas e idiomas.

El acceso sin calidad educativa equivale a otorgar un derecho a medias. No basta con que los niños y niñas vayan a la escuela, es necesario asegurarse que aprenderán lo necesario para aprovechar su enorme potencial como seres humanos inteligentes.

Desde 2006, Nicaragua participa en las Pruebas de Aprendizaje de UNESCO a nivel latinoamericano (SERCE 2006 y TERCE 2013), pero el desempeño ha sido pobre, mostrando que la escuela nicaragüense está enseñando poco a sus estudiantes y que el país se está quedando rezagado en relación a los países centroamericanos y de la región.

De acuerdo a sus resultados, el 79.1% de los estudiantes de tercer grado y  el 68.7% de los de sexto, obtuvo resultados en el nivel I y II, correspondientes al dominio únicamente de habilidades básicas de lectura. Un porcentaje muy bajo se ubicó en los niveles superiores de la prueba (TERCE, 2014).

En la prueba de Matemáticas de tercer grado, 80.5% de las y los estudiantes se ubicó en los niveles I y II correspondiente a los conocimientos básicos.  Solamente el 12% alcanzó los niveles III y IV que corresponde al manejo de las operaciones fundamentales y la resolución de problemas.  Por su parte, el 78.5% de los estudiantes de sexto grado, se ubicó en los niveles I y II y poco menos de un 2% logró el nivel IV. En esta asignatura, las y los estudiantes nicaragüenses alcanzaron los rendimientos más bajos respecto a sus pares centroamericanos (PEN, 2016:387).

En Ciencias Naturales, el 84% de las y los estudiantes de sexto grado, a quienes se les aplicó la prueba, se ubicó en los niveles I y II, los de más bajo nivel de conocimiento.

Lo que nos alertan los resultados del TERCE es que nos estamos quedando atrás, ya no sólo de los países más desarrollados de la región, Chile, Argentina, Brasil y de nuestra vecina Costa Rica, sino del resto de los países centroamericanos, Guatemala, Honduras, Panamá. Al ser un estudio comparativo la prueba nos indica que hay países que están haciendo las cosas de forma diferente, que las están haciendo mejor y que están esforzándose en lograr mejores resultados.

A lo largo de los años de gobierno de Ortega el equipo de investigadoras de CIASES y muchos otros educadores e investigadoras nicaragüenses hemos venido alertando de los problemas educativos del país y haciendo propuestas para su solución (pueden encontrar información al respecto en www.ciases.org) pero no se nos ha escuchado. Ya en el año 2008, en un artículo titulado “No cobrar pero no invertir es una trampa mortal para la educación de Nicaragua” advertimos que:

“No es aceptable permitir que esto suceda con la educación de nuestro país, puesto que sus efectos serán sufridos no solo por esta generación, sino por las futuras. No podemos aceptar que frente a nuestras narices se esté diseñando una gran trampa de la que nos costará muchos años salir, puesto que se trata de los aprendizajes o no aprendizajes de nuestros ciudadanos, lo que incidirá positiva o negativamente no solo en sus vidas sino en las de la nación.

Como país podemos aprovechar o desperdiciar el “bono demográfico”. Aceptar que la educación que reciban la inmensa mayoría de niños, niñas, adolescentes y jóvenes de Nicaragua que van a la educación pública, sea de mala calidad le costará mucho a este país, nos hará más pobres y profundizará aún más la falta de equidad que existe en nuestra sociedad” (CIASES, 2008).

Desgraciadamente, lo que vemos hoy es el resultado de políticas educativas cuya finalidad única ha sido la repetición del discurso y la “verdad” oficial, la destrucción de todo espíritu crítico y la afirmación en niñas, niños y adolescentes, de una condición de súbditos de un régimen dinástico y no de ciudadanos para una sociedad democrática. En estos años del gobierno Ortega, no han mejorado los indicadores de acceso y calidad educativa, ni la educación ha estado orientada a la formación de valores patrióticos y democráticos a los jóvenes.  Nadie puede decir, por lo tanto, que el gobierno ha “atendido” la educación nacional.