Opinión

¡Y llegó la guerra!

Antes que existieran las guerras, existió el enemigo en Nicaragua. El ambiente natural del enemigo, es la guerra. Por eso aborrece la paz



Oiga, ¿está el enemigo? Que se ponga, porque aquí no cesan de bombardearnos las baterías de ustedes sin previa declaración de guerra. Esto es un disparate, así no son las guerras contra los pueblos, así no se vale. O a lo peor, así son de traicioneras y ya nos habíamos desacostumbrado. Porque a las guerras uno se acostumbra, ¿sabe? Y eso es grave. Después llegan los campos de concentración y desaparecidos; niños masacrados por francotiradores que les destapan el cerebro con certeros disparos y después son declarados legalmente “suicidados”; los fusilamientos y las violaciones de todititos los derechos humanos, que ustedes se los saben al dedillo para violarlos bien.

Pero ingenuo que es uno. Creyendo que existe la paz se desacostumbra y, zas, nos pilla la guerra haciendo nuestras necesidades fisiológicas. En eso, ustedes, el enemigo, también son expertos. Oiga, no me tome el pelo. Claro que hay otras necesidades vitales, como la libertad y el respeto al derecho ajeno. ¿Me dice que eso ya no existe? Pues sí que ustedes son un enemigo de película de terror. Por eso es que me veo precisado a aliarme con Gila. Si, el español que peleó en la guerra Civil al lado de la República, al que una vez lo mal fusilaron y que antes, durante y después de la guerra contra Franco, se convirtió en uno de los más grandes humoristas del mundo.

Ahora Gila, El Maestro (Madrid 1919 -Barcelona 2001), está conmigo repitiendo su célebre frase de trinchera a trinchera y de cuartel a cuartel. Su famoso monólogo de la guerra civil española trasladado a la guerra civil pinolera:

Oiga, ¿está el enemigo? Que se ponga. Lo que pasa es que ustedes no dejan de disparar a las chimbombas azul y blancas que agitamos pidiendo el armisticio acordado en el diálogo. También le lanzan tremendos cañonazos a nuestra bandera. Esa que nos cobija a los dos bandos. ¿Que no es de ustedes también esa bandera?  ¡Ah, que ya cambiaron de bandera! ¿Será ahora la que tiene una calavera blanca sobre un fondo negro? El enemigo no respondió, pero redobló su metralla.

El día que lo fusilaron en un campo de batalla en España, o a lo mejor en un tranque de Nicaragua, se hizo el muerto y salvó al cabo Villegas. En sus memorias escribió: Nos fusilaron al anochecer, nos fusilaron mal. Y cuando pasaba Una temporada en el infierno, “El Chipote”, haciéndole compañía al maratonista Alex Vanegas, oyeron un tropel de maratonistas que se dirigían veloces a Costa Rica huyendo de la represión, sin poder ser alcanzados por policías y paramilitares. Corrían, pero no despavoridos, como lo hacían sus perseguidores, sino con compostura de patriotas. Y peguntados por qué habían escogido Costa Rica como destino transitorio, respondieron: Porque ahí hay un verdadero Jefe de Estado. Y porque no se tiñe con sangre de hermanos, nuestro glorioso pendón bicolor.

Miguel Gila, mi aliado de siempre, combatiente de causa noble, dibujante, actor y como humorista, hasta burlón del humor: El humor es el espejo donde se refleja lo estúpido del ser humano… Yo tenía que nacer en invierno, pero como éramos pobres y no teníamos calefacción, esperé a nacer en mayo… No es por chulearme yo, pero ¡cómo mato! Un día en un combate le pegué un tiro a uno y dijo: -¡Que me has dado! -Pues, no seas mi enemigo. -¡Ay, es que me has hecho un agujero! -Pues ponte un corcho.

Antes que existieran las guerras, existió el enemigo en Nicaragua. El ambiente natural del enemigo, es la guerra. Por eso aborrece la paz y, como no quiere la paz, vive preparando la guerra. Dicho en otras palabras, el enemigo, históricamente, es reeleccionista, vicio que es preámbulo de todas las guerras. Antes de la guerra, la Comandancia Femenina del enemigo había “orientado” ir con todos los fierros contra el pueblo por sus “desviaciones pequeño burguesas de libertad y democracia” y señaló 61 puntos estratégicos en la capital, que tenían que ser tomados a toda costa. Aquello prometía ser la guerra entre timbucos y calandracas, o la de las hamburguesas.

Para levantar el ánimo de los demás, un militar dijo públicamente: —Es importante recalcar que después del intento de golpe de Estado, el idioma con que la derecha nos habló fue otro, por lo que tenemos que ir preparados para hablarles cualquier idioma. Entonces se tomaron el Food Court y cambiaron sus ofertas culinarias debido a los nuevos clientes de la nueva derecha, y ya se ofrecen deliciosos platillos de bazucas al ajillo, granadas en escabeche, akas adobados, lanzacohetes en bala y minas al carbón. Se dice que en Navidad el Niño Dios estará militarizado, vestido de antimotín y que, por los pasillos de Galerías y otros centros comerciales, los Reyes Magos se pasearán encapuchados, ofreciendo rebajados oro, incienso y mirra.

Otro miliar dijo: —Es mejor que nos limpiemos el sudor a que nos limpiemos la sangre. Se entiende que es la sangre de Abel. Esa que no se limpia, y que tiene su origen en las disposiciones de la Comandancia Femenina, cuando ordenó a los Comités de Liderazgo Sanguinario, aplastar la protesta ciudadana, tomándose 61 puntos emblemáticos de la capital, como si en plena segunda guerra mundial de inexpugnables colinas y montañas se tratara, y permanecer “en posesión de estos puntos por tiempo indefinido.” Es decir, lo que tarde la pareja en el poder.

Alrededor de esta guerra anticipada y ejecutándose por el enemigo, hay que hacerse algunas reflexiones: Don Alex Vanegas, El Maratonista, fue detenido en un cementerio el Día de Difuntos. Se especula que por querer enseñar a correr a los muertos. /Muchos muertos, en su calidad de asesinados por el enemigo, siguen siendo soldados de la libertad. /Por ello hay muertos patriotas que, para el enemigo, siguen mereciendo la guerra.

Pero hay que tomar en cuenta lo que dice Gila: —Mis guerras son absurdas, porque lo es la guerra en sí. Y finalizo yo: —Oiga, ¿está el enemigo? Que se ponga. Es que quiero que se termine la guerra: —Se nos acabaron los muertos.