Migrantes

500 nicas en el “limbo fronterizo” de Nicaragua y Costa Rica

Salieron de Costa Rica rumbo a Nicaragua y ahora ningún país les abre las puertas

En hacinamiento, durmiendo a la intemperie, bajo el sol, sin acceso a agua potable y comiendo gracias a la solidaridad de otros, más de 500 nicaragüenses se encuentran cercados por una barrera naranja que les impide regresar a Nicaragua y dar la vuelta hacia Costa Rica. 

Los nicaragüenses salieron de Costa Rica rumbo a sus casas, tras haber perdido sus empleos, otros para visitar a sus familias. Cien de ellos quieren mudarse de regreso a su país luego de haberse refugiado en la nación vecina tras la crisis sociopolítica que estalló en Nicaragua en abril de 2018.

Hay otro grupo de nicas que fueron devueltos por autoridades ticas por estar en condición irregular en Costa Rica o haber sido detectados ingresando procedentes de Nicaragua por puestos no habilitados.

Puede ver un reportaje en video durante el programa Esta Semana con Carlos Fernando Chamorro este domingo 26 de julio a las 8:00pm para escuchar los testimonios de los nicas varados en la frontera de Peñas Blancas.

Una vez que hicieron su trámite migratorio de salida en territorio costarricense, pasaron al lado nica, donde les pidieron una prueba negativa de covid-19, un requisito del que no se habían enterado. 

Ninguno la tenía y tampoco se las ofrecieron las autoridades nicas, así que quedaron atrapados en Peñas Blancas, sin la posibilidad de regresar a Costa Rica ni de entrar a su país. 

La frontera entre Nicaragua y Costa Rica no la delimita ningún muro ni obstáculo físico y los nicaragüenses han sido obligados a permanecer en una especie de campamento ubicado de manera que un lado queda del lado nica y otro del lado tico. 

Por eso es posible conversar con ellos y esto permite que las organizaciones de derechos humanos y grupos solidarios les entreguen víveres desde el lado tico. 

Policías nicaragüenses los amenazan 

Muchos de ellos prefieren ahora no hablar con los medios o bien ocultar su identidad, porque tienen temor de las represalias de los policías nicaragüenses. Dicen que si los ven dar declaraciones, después los amenazan verbalmente, o les prohíben acceder al servicio sanitario.

“Desde el lunes entramos la primera ola de nicaragüenses (110 personas) que veníamos para nuestros hogares, después fue creciendo (el grupo), hemos llegado a la cifra actual de 564 nicaragüenses, tenemos 64 adultos mayores, cuatro mujeres embarazadas”, asegura uno de ellos a quien llamaremos “Luis”. 

Es un conteo interno, porque el Gobierno de Nicaragua hasta ahora no se pronuncia sobre la situación, mientras que las autoridades ticas no tienen manera de realizar su propio conteo ya que el grupo de nicaragüenses está del lado nica, así que solo pueden observarlos desde la distancia. 

A pesar de estar en su tierra, no han recibido asistencia alguna, más que acceso a un solo inodoro para 500 personas, al que pueden entrar tras hacer fila por tres horas. “Cuando te toca entrar al servicio no hay agua para lavar, uno se encuentra con orines por todos lados y excremento acumulado, pero uno tiene que hacer fila para por lo menos hacer las necesidades en un lugar cerrado”, cuenta “Jessica”. 

“Cuando ya tenía tres días de no bañarme y con mi menstruación, me fui a lavar con el agua que hay para los servicios sanitarios y  me agarró alergia y una picazón en todo el cuerpo. Pasamos tres días bajo el sol porque todavía no nos habían regalado el plástico, estuvimos aguantando hambre tres días porque veníamos solo con el pasaje para Nicaragua”, dice “María”, una mujer joven que se cubre su rostro con lentes y una manta. 

“Una mujer embarazada, no sabemos si abortó o no sé qué pasó, pasó cuatro días con dolores y sangrado, se la llevaron desmayada”, afirma “Luis”. 

Los afectados aseguran que las autoridades de Migración nicaragüense en la zona no les brindan detalles ni respuestas.No nos dicen nada. Preguntamos y solo se callan. No dicen nada, solo se ríen. Que nos dejen entrar a nuestras casas, somos nicaragüenses”, se queja otra nicaragüense. 

En el grupo algunos usan mascarillas, pero tienden a quitársela por ratos debido al sofocante calor. El distanciamiento físico necesario para prevenir el contagio de coronavirus aquí es imposible; por el contrario, las personas están apiñadas escondiéndose del sol bajo un plástico negro tendido a manera de techo. 

El Gobierno de Nicaragua no brinda detalles de pruebas de covid-19 realizadas en el país, tampoco ha dicho si realizará la prueba a los nacionales que retornen del extranjero. Lo que sí informó recientemente es que, a quienes necesiten salir del país hacia un destino cuyo Gobierno pida la prueba, les cobrarán 150 dólares por aplicarles el test, mismo que no puede ser ofrecido por ningún laboratorio ni hospital privado.

Organizaciones de derechos humanos y grupos solidarios se han hecho presentes en el lugar para proveer alimentos y agua. Hemos estado trabajando con esta población ya durante dos años, pero esta situación es totalmente espantosa, es de no creer”, dice Tanya Amador, directora de la organización Corner of Love, que trabaja con refugiados nicaragüenses. Llevó varias cajas de banano y botellas de agua y comenta que preparan comida caliente para llevarles en las próximas horas. 

Nelson Amador, director de la organización, apela al Gobierno de Nicaragua para que realice las pruebas de covid-19 a los ciudadanos nicas y así dejarlos pasar. “Creemos que ellos tienen la posibilidad de hacerlo, lo que no tienen es un poquito de voluntad. El Gobierno, especialmente el señor (Daniel) Ortega tiene que tomar cartas en el asunto y ayudar a sus propios ciudadanos. No tiene que ser una situación política. Se trata de una situación humanitaria”. 

Para evitar mayor aglomeración en la zona de Peñas Blancas, Migración y Extranjería de Costa Rica ha tomado una nueva medida: ahora cualquier nicaragüense y cualquier extranjero que vaya hacia Nicaragua deberá portar como requisito de salida una prueba negativa de covid-19.

Tránsito de furgones momentáneamente interrumpido

Camino hacia Peñas Blancas este fin de semana se observaba una fila de al menos 10 kilómetros de camiones que no habían logrado ingresar a Nicaragua, ya que el grupo de personas varadas intentó bloquear el ingreso de vehículos para presionar y exigir su ingreso, pero ya el tránsito se ha restablecido.

 Ricardo Reyes, transportista salvadoreño permaneció dos días en fila, esperando para salir de Costa Rica. Opina que el Gobierno de Nicaragua debería tratar diferente a este grupo de personas: “Nicaragua tendría que otorgarles un salón, tenerlos cubiertos e irles haciendo la prueba uno a uno, y el que va saliendo afectado, llevarlo a una unidad de salud, darle tratamiento y a los demás repatriarlos a sus casas. Ese es el proceso de los que están regresando de otras partes allá en El Salvador”, comenta.

A medida que pasan los días aumenta la desesperación y el clamor es cada vez más fuerte. “Yo soy madre soltera y mi hijo me espera en Nicaragua. Nadie de mi familia allá en Nueva Segovia sabe que yo estoy aquí. Lo único que hacemos es trabajar para mantener a nuestros hijos, nuestras familias nos esperan, por favor, abran las fronteras”, clama María, con la voz quebrada. 

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