Opinion

Algunas causas de una lamentable ausencia

Una breve historia del sindicalismo en la oposición política y una excitativa para la nueva Coalición Nacional

En el transcurso de la actual crisis política y social –tan larga como costosa ya—, ha sido notoria la ausencia de los trabajadores en la lucha anti dictatorial representados por su propio partido político y con su sindicalismo, como estuvieron representados hace 46 años en la Unión Nacional de Liberación, encabezada por Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Ahora, los trabajadores organizados muestran tal rezago político, que no desempeñan ninguna actividad opositora y aún menos una función de vanguardia, como teóricamente se les ha considerado y vistos en otros procesos políticos y sociales.

Hay factores de todo orden para que hoy los trabajadores organizados estén ausentes en las actuales batallas cívicas por los derechos democráticos. Para explicar este fenómeno no valen especulaciones, porque entre esos factores hay unos objetivos y otros de carácter subjetivo, y algunos de esos factores no pueden ser cambiados a voluntad, pero, con mucha voluntad, pueden ser comprendidos y utilizados a favor de toda lucha política contra la opresión.

*El primero, y el más determinante, es indiscutible según los análisis más elementales desde cualquier concepción ideológica: se trata de la inexistencia de una clase obrera desarrollada, y este su atraso tiene correspondencia con el subdesarrollo del capitalismo dependiente de nuestro país.

*Además de su precaria existencia como clase, su organización primaria –la asociación mutualista— surgió en el siglo xix, y llegó predominante como forma de organización obrera hasta los años 20 del siglo xx, cuando apenas comenzaron a surgir los sindicatos en los talleres artesanales.  Hubo también, por corto tiempo, las uniones obreras, un tipo de organización intermedia entre el sindicato y el mutualismo. 

*El desarrollo del sindicalismo se inició con los años 30, como resultado del trabajo del Partido Trabajador Nicaragüense (1931-1939). Los sindicatos nacieron y crecieron “sin ley”, es decir, no tuvieron existencia reconocida legalmente por el Estado sino hasta 1945 con la vigencia del Código del Trabajo, para entonces orientados por el Partido Socialista Nicaragüense (1944).

*Aun después de 1945, la batalla por la libertad de organización sindical apenas comenzaba, y en su contra seguían coludidos la Guardia Nacional, autoridades civiles y patronos de todos los partidos, con sus violaciones a la libertad sindical y la difamación  contra sus dirigentes políticos y sindicales, bajo la bandera de un anti comunismo ramplón.

*Mucha de la libertad sindical se conquistó con la revolución sandinista de 1979, cuando la pobre cantidad de sindicatos existentes se multiplicó de forma extraordinaria sin la represión estatal, aunque sí todavía con la de muchos empresarios.

*La libertad sindical comenzó a ser frustrada durante la crisis política y armada del decenio 1980.  El mayor esfuerzo por la unidad obrera en la acción de los sindicatos y centrales sindicales de todas las tendencias, fue organizar la Coordinadora Sindical Nicaragüense.

*Un factor importante para la frustración esa experiencia unitaria, fue un fenómeno siempre presente en todo proceso inicial: el desarrollo de la organización sindical fue mucho más acelerado que el desarrollo de la conciencia de dirigentes políticos y sindicalistas.

*Este fenómeno estuvo unido al carácter pequeñoburgués de la mayoría de la dirigencia revolucionaria, la que no entendió la verdadera función e importancia del sindicalismo en el desarrollo de la revolución, pues se quiso hacer de la unidad en la acción sindical, una unidad política e ideológica en torno al sandinismo.

*Antes de eso, se había marginado a los líderes del sindicalismo independiente, se puede decir histórico, que había integrado sus sindicatos como parte de la Central Sandinistas de Trabajadores (julio de 1980).

*Se sometió el sindicalismo a los planes de la defensa armada, sin que la mayoría de los líderes sindicales y la militancia sindical hubiesen madurado ni alcanzado un regular desarrollo de su conciencia política, y la poca o ninguna experiencia anterior en la lucha armada de la mayoría de ellos; la muerte de esos obreros, causó malestar en muchas de sus familias.

*Pasada la guerra, y concluida la revolución con su derrota electoral (1990), el movimiento sindical más grande fue sometido al FSLN, hasta llegar al presente con una dirigencia completamente atada a la política de la dictadura Ortega-Murillo.

*Eso ocurrió, utilizando a los líderes surgidos en los años 80, sin experiencia de lucha sindical independiente, quienes comenzaron a actuar como agentes políticos del orteguismo.  El más desastroso ejemplo lo ofrece Gustavo Porras, quien llegó al sandinismo desde la juventud somocista, y hoy opera al mismo tiempo como zar del sindicalismo oficialista y presidente de la Asamblea Legislativa de los dictadores. 

*Un sector del sindicalismo, no muy independiente respecto a ciertos partidos tradicionales, que había surgido en los años del decenio 1950, en su mayoría participó sin mucho entusiasmo en la frustrada experiencia de la Coordinadora Sindical, aunque siempre hizo oposición al sandinismo, aún más cuando este desplegó el sectarismo y la represión contra sus huelgas. Algunos de sus sindicatos, muy pequeños, siguen adscritos a partidos electoreros.

*No pocos líderes del sindicalismo de origen sandinista siguieron el mal ejemplo de algunos miembros de la dirección nacional del FSLN, y utilizaron la piñata con los bienes estatales o confiscados, para convertirse en empresarios.

*Solo parte del campesinado está dando la cara por la defensa de sus tierras amenazadas por los impulsores del canal interoceánico, en defensa de la soberanía nacional y del medioambiente, desde el 2013. Fue de los primeros en retar la represión dictatorial, y lucha por las libertades públicas, es reprimido sin piedad y es fundador de la Alianza Cívica.

*El sector de los campesinos sin tierra, o con muy poca, asalariados de haciendas y fincas que fueron beneficiados por la reforma agraria (ahora difunta) se organizaron en cooperativas, está enfrentando a los despojadores de sus tierras (agentes políticos del orteguismo), pero no pertenece a ninguna de las alianzas.

Hago esta síntesis, pretendiendo señalar algunas causas de la no beligerancia de los trabajadores organizados en la presente lucha política y social.  Pero también, porque es una tarea pendiente de las dos alianzas –ahora también de la Coalición Nacional— y de todos los que luchan por la unidad en la acción contra la dictadura, los que deberán tomar conciencia sobre este fenómeno político:   

Si las alianzas no tienen presencia obrera organizada por todo lo señalado, por lo cual deberán comprometerse respecto a que incluirán la conquista de la libertad sindical como parte de la reivindicación de todas las libertades hoy secuestradas por la dictadura.

Eso no sería un favor, sino una obligación política que tiene una relación inseparable con la democracia, los derechos humanos y la justicia social; por esta justicia social, el derecho de la libertad sindical, debe ser especificada en las campañas actuales igual que la libertad de prensa y de expresión, por ejemplo.

Eso facilitará la incorporación de la clase trabajadora en la reconstrucción del país, como una de las principales fuerzas productivas, y si ahora no está presente con sus organizaciones en la lucha, está presente –con sus mujeres y hombres— como parte de todo el pueblo nicaragüense.

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