Opinión

Aquí y allá, nada nuevo bajo el Sol

Onofre Guevara

Las reformas a la Ley Electoral no democratizan el indemocratizable CSE, sino para que nada cambie



Al arribar el amanecer del recién pasado domingo once de febrero, me di cuenta de que en ninguno de los 87 once de febrero anteriores había pensado en cómo sería el mundo al cumplir 88 años de vida en este “paraíso terrenal”. No me imaginé tampoco que, al llegar a esta edad, la vida seguiría casi igual. Pero  me conforma saber que ese casi lo comprende el hecho de que la humanidad víctima histórica de las injusticias sociales, es “la humanidad que ha dicho basta y ha echado andar”. A  ella pertenezco también, aunque no tan bien como quisiera, pero sigo sintiendo ser parte de ella.

Quizás se recuerde que esa verdad se confirmó en la Segunda Declaración de La Habana en 1961, en respuesta solidaria con la Isla rebelde ante su expulsión de la OEA, mejor conocida hasta hoy, y seguramente igual que mañana, como el ministerio de colonias de los Estados Unidos, título que también y tan bien le cabe.

No obstante que la lucha de los pueblos por su independencia y su soberanía ha avanzado, no ha sido tanto como se lo merecen, pero lo avanzado es mucho más importante de lo que supusieron quienes no solo se quedaron en el camino, sino también, y no tan bien para la imagen de quienes se han pasado con todo su oportunismo al campo de los enemigos (de los pueblos, no de los desertores). Pero no pensaba referirme a esto último, sino a lo que voy a decir en seguida.

He pensado referirme a que hasta el último día de los últimos 88 años y desde el primer día de los 89, sigue la continuidad de los mismos problemas sufridos por la mayoría de los pueblos por parte de los enemigos de la humanidad –que no son solo los del “Norte revuelto y brutal”— sino también y, tan mal, de parte del uno por ciento del mundo capitalista que acumula el 90 por ciento de la riqueza y le deja solo el uno por ciento al resto de la humanidad. Es decir, de esa minoría de monopolistas, financieros, dueños de corporaciones, y del complejo industrial militar que para vender sus armas alienta las guerras y luego se las cobra tres veces de maneras distintas y con un solo patrón capitalista: con el dinero de los países que las compran, la vida de los pueblos agredidos y los recursos naturales de las naciones vencidas.

En los países periféricos agredidos militarmente alguna vez, y siempre injeridos en política e ingeridos sus mejores recursos, repercuten los problemas internacionales sobre los propios. Veamos en un breve repaso de los últimos dos días, dos de esos problemas en los dos ámbitos distintos, el de por acá y el de por allá.

¿Un “tapado” para suplir a RR?

En el patio, hay un gobierno haciendo malabares para no desprenderse de un poder electoral corrupto que le “gana” elecciones, no solo con el RR (que no quiere decir Ratero Reconocido, sino de Roberto Rivas) quien, además, aún  cobra a precio de oro cada una de sus actividades corruptas, condicionadas a los intereses de la familia gobernante.

Para capear las amenazas externas y para complacer a la OEA, los Ortega-Murillo (jefes de una “revolución”, cuya economía la dirige el FMI) reformaron la Ley Electoral, para pasar algunas funciones de Rivas al vice Lumberto Campbell, pero como el tal RR no da la cara (y no por vergüenza) el resto de sus funciones se las guardan a otro de sus cómplices.

Las reformas no democratizan el indemocratizable CSE, sino para que nada cambie. El binomio cree que podrían satisfacer la demanda imperial, a su OEA y a la clientela de esta en la oposición. Una oposición que confían más en la injerencia extranjera que en la unidad y la acción del pueblo. Y si en caso no mordieran el anzuelo de las “reformas”, posiblemente se desharán del RR, y nombrarán en el cargo a otro incondicional, porque las funciones de Rivas no entregadas a Campbell no las van a congelar para siempre.

Para solventar ese asunto, el “tapado” a la mexicana existe, o sospecho que existe, y lo diré por qué.  El “tapado” también es un incondicional del rey y la reina, pero tiene menos rechazo público que otros, por sus años de andar con suela de goma dentro del CSE y aprovecharían su influencia entre sectores y fanáticos que se mueven en torno a los deportes, por su condición de presidente del COI nacional: Emmet Lang.

Lo digo, porque en medio de sus maniobras, el orteguismo en silencio le viene decorando la personalidad a Lang como gran “revolucionario”. Primero, los reyes, quienes inauguran hasta una cuneta, dejaron que Lang inaugurara los recién pasados juegos olímpicos centroamericanos. Segundo, porque, sin otro motivo aparente, le destacaron su imagen en la revista “Visión sandinista”, y hasta le atribuyeron una acción en la clandestinidad que, en verdad, fue ejecutada por otro compañero, ya fallecido.

Alguna gente de la oposición pro yanqui ya mordió el anzuelo del “cambio” en el CSE. La OEA, por mandato yanqui, posiblemente lo morderá.

El gran garrote nunca en desuso

Por allá, extra fronteras, el Secretario de Estado de Trump, Rex Tillerson, estuvo blandiendo el garrote de forma nada diplomática en sus “visitas” a varios países latinos. Hace pocos años, lo enseñó Obama contra Venezuela, cuando la  declaró un peligro inusual y extraordinario contra la seguridad nacional de su país; luego, Trump se vanaglorió de tener guardias por todo el mundo (lo cual es cierto, pues solo en Colombia tiene siete bases militares) para indicar que la cercanía de Venezuela, les facilitaría llevar a cabo una invasión militar.

Tillerson, con la complicidad de los gobernantes de los países miembros de su ministerio de colonias a reunirse en Lima, pretende conseguir dos cosas con un mismo fin: lograr que la complicidad política de esos gobiernos se transforme en complicidad militar contra Venezuela y, con ello, lograr su sueño frustrado desde el triunfo de la revolución cubana: reconstruir su dominación neocolonial sobre todo el continente.

Uno de los argumentos de Tillerson, tiene apariencia de idiotez, pero no lo es: igual que antes explotaron la “amenaza del comunismo”, ahora lo hacen con el cuento de los peligros de la penetración económica de China y la presencia militar rusa. Precisamente, las dos áreas en las cuales el imperio norteamericano ha fundado su dominación sobre el continente, y que con las relaciones de China y Rusia con América Latina temen terminar de perder su hegemonía sobre esta parte del mundo.

En verdad, lo que está en juego, por un lado, es la lucha por crear en el mundo unas relaciones sin el hegemonismo unipolar, y por unas relaciones internacionales de cooperación y complementación económicas. Y por el otro lado –más bien por este lado—, la lucha por reconstruir las relaciones desiguales entre las metrópolis y sus colonias. Lo demás, es una cortina de humo… mal ocultando el gran garrote.