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Costa Rica: Un Gobierno inédito

Las resistencias del aparato burocrático, la condición de minoría legislativa y la reducida experiencia política de su gabinete constituyen serios obstáculos para la tarea del nuevo gobierno

Constantino Urcuyo | 15/5/2014

El pasado ocho de mayo tomó posesión como cuadragésimo séptimo presidente de Costa Rica Luis Guillermo Solis Rivera. Por primera vez en más de sesenta años asume el Poder Ejecutivo un presidente que no proviene de los partidos tradicionales. El nuevo presidente surge del Partido Acción Ciudadana, escisión de centro izquierda del Partido Liberación Nacional (PLN).

El bipartidismo ha sido sustituido por un multipartidismo diverso que incluye desde remanentes del viejo partido comunista (17% de la votación presidencial y ocho escaños) hasta los seguidores del libertarianismo. Esta diversidad partidaria se refleja en una Asamblea Legislativa fragmentada donde ningún partido alcanza la mayoría de 29 votos en un parlamento de 57 diputados, el partido de Solís alcanza únicamente 13 escaños.

La fragmentación en nueve formaciones partidarias obliga a un permanente juego de alianzas, la primera de estas cristalizada el 1 mayo para la elección del Directorio de la Asamblea Legislativa, gracias a la unión de los votos del partido de gobierno (PAC) con los del izquierdista Frente Amplio (FA) y los votos socialcristianos (PUSC). Sin embargo, la durabilidad de esta coalición pareciera efímera, dada las diferencias político ideológicas entre los socios.

Luis Guillermo Solís llega a la presidencia apoyado por el 78% de los votos en la segunda vuelta electoral, su mandato es fuerte, pero se enfrenta a un parlamento dominado por fuerzas contrarias; la negociación permanente, en torno a proyectos de signo variado, será la tónica de su gobierno.

El PAC llega al gobierno con poca experiencia en el manejo de la administración pública y con un gabinete integrado por personalidades con buena formación académica, pero con escasa experiencia política práctica, tendrán que aprender haciendo. El gobierno de los profesores enfrenta el reto de la ejecución, más allá de los conceptos.

El presidente Solís llega al gobierno empujado por una fuerte marejada de cambio contra el continuismo del PLN, afincado en el Poder Ejecutivo por ocho años. El gran desafío consistirá en definir en concreto las múltiples facetas de ese deseo transformador, proveniente de sectores sociales muy diversos (ambientalistas, sindicatos, movimientos gay, capas medias)

El presidente entrante se ha definido como socialdemócrata: “…creo en una economía de mercado y creo en un Estado que regula, un Estado fuerte que interviene y que hace que el mercado no se coma su propia cola y termine monopolizando en detrimento de la voluntad del mayor número”.

Esta visión político ideológica fue reiterada en su discurso inaugural, al criticar:  “…una economía sustentada en un modelo que genera crecimiento, pero que al mismo tiempo, y paradójicamente, concentra la riqueza en pocas manos, creando condiciones de desigualdad y pobreza ajenas a la visión de bienestar…”.

Después de décadas de política económica centrada en la apertura hacia el exterior, la promoción de las exportaciones y la atracción de la inversión extranjera, el mandatario anuncia un nuevo énfasis en el mercado interno, particularmente la agricultura.

El combate contra el déficit fiscal, cercano al 6% del PIB, ocupará de inmediato su atención, buscando el control de la evasión fiscal, aunque no el aumento inmediato de los impuestos.

En lo concerniente a la política internacional, Solís ha mantenido el distanciamiento con Nicaragua, originado en conflictos fronterizos y que será dirimido por la Corte de la Haya el año próximo.

Solis, historiador y especialista en relaciones internacionales, ha manifestado que mantendrá las tradicionales y cordiales relaciones con los EEUU, aunque ha señalado su oposición a la militarización de la lucha contra el narcotráfico. Con respecto a la participación en la Alianza para el Pacífico, tras un entusiasmo inicial, ha dado un retroceso, a instancias de industriales costarricenses, temerosos de la competencia.

La presidencia del CELAC, a cargo de Costa Rica, ha sido vista como una oportunidad para estrechar los lazos hacia el sur.

En política interna, el presidente Solís ha anunciado un viraje hacia una concepción más participativa de la democracia, un esfuerzo por la transparencia y lucha contra la corrupción, así como una reorientación de la política económica hacia objetivos de redistribución sin descartar la promoción del crecimiento.

La ausencia de mayoría legislativa obligará a la búsqueda de acciones administrativas para el logro de sus objetivos, así como a un esfuerzo continuo por lograr alianzas parlamentarias en torno a proyectos específicos.

Diversos temas ocupan la agenda legislativa, entre ellos la banca de desarrollo, las leyes de contingencia eléctrica, la reparación de la red de carreteras, la modernización del puerto del Atlántico, la reorganización de las instituciones de la seguridad social y las contrataciones con empresas chinas para la construcción de una carretera y la modernización de la refinería.

Esta variada agenda lo obligará a cambiar de aliados con frecuencia y pondrá bajo tensión permanente sus relaciones con la mayoría de ellos.

El panorama social luce complicado, pues en los últimos años han aumentado las acciones colectivas de protesta social y Solís ha heredado una huelga de educadores al inicio de su mandato. Parte del apoyo social a su candidatura provino de los sectores sindicales, alianza que será puesta a prueba en julio cuando empiece la negociación salarial para los empleados del sector público y privado.

Aumentos desmedidos crearán fricciones con los empresarios y aumentarán el déficit fiscal. Aumentos raquíticos amenazarían con romper la alianza con los sindicatos que se han referido al nuevo presidente como un gobierno amistoso.

Las resistencias del aparato burocrático, la condición de minoría legislativa y la reducida experiencia política de su gabinete constituyen serios obstáculos para la tarea de gobierno, aunque el presidente cuenta con un amplio capital político electoral que le otorga espacio suficiente para iniciar sus tareas.

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El autor es el director académico del Centro de Investigación Política y Adiestramiento Administrativo ( CIAPA ) en Costa Rica y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica.

Publicado originalmente en Infolatam.

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