Opinión

Asesinatos, prisión, golpes y autocensura

Asesinatos

Apenas han transcurrido cuatro meses del año 2018 y las cifras obtenidas del Barómetro de Reporteros Sin Fronteras (RSF), resultan preocupantes.



“…la muerte de cualquierame afecta, porque me encuentro
unido a todala humanidad;por eso, nunca preguntes
por quién doblan las campanas; doblan por ti”.
John Donne

Alguien podría preguntarse qué tiene que ver el epígrafe del poeta inglés John Donne, con mi mirada sobre este tres de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa. Me enteré de su existencia a través de la lectura de Por quién doblan las campanas (1940) del premio Nobel, Ernest Hemingway. Una novela testimonial. Al concluir mi desandar por sus páginas, me percaté que nunca un escritor había sido más justo. El novelista estadounidense expresa el dolor y solidaridad que le generan la Guerra Civil Española (1936-1939). El corresponsal de guerra —testigo presencial de los acontecimientos que estremecían a España— rompe su silencio para expresar apoyo incondicional a los defensores de la República. Me emocioné al comprobar que Robert Jordan, llamaba Coneja a María, su amor surgido en el fragor del combate. Igual llamaba Rubén Darío, a Francisca Sánchez, ¡su Lazarillo de Dios en mi sendero!

En un mundo cada vez más interconectado —para usar esa expresión en boga— el destino de la libertad de prensa debe ser tema central, en la agenda de cada ser humano. Su conquista a sangre y fuego durante la revolución burguesa liberal (1789), fue un logro ciudadano. ¿Cuándo será entendido de esta manera? Una prerrogativa periodística sin la cual no sabríamos lo que acontece en el mundo. En algunos lugares produce muertes, encarcelamientos, autocensura y miedo. En Nicaragua ya llegamos a esos extremos. La libertad de prensa no puede ejercite plenamente. El periodista Ángel Gahona fue asesinado. En León el periodista Salomón Manzanares está detenido. El canal de televisión 100% Noticias permanece cerrado, los canales 12 y 23 fueron sacados del aire temporalmente; radio Darío fue arrasada por las llamas. Las agresiones son orientadas a impedir la cobertura de las protestas de estudiantes y pensionados, opuestos a las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).

Las organizaciones gremiales no salen de la parálisis que la consumen. Su inmovilismo es nocivo. Las golpizas recibidas por los periodistas Julio López de Onda Local, Carlos Herrera y Néstor Arce de Confidencial; Alfredo Zúniga, fotógrafo de Associated Press (AP) René Cuadra de 100% Noticias y Uriel Molina de La Prensa, (a estos tres últimos sus cámaras les fueron robadas); el fotógrafo de La Prensa, Wilmer López y los radioperiodistas leoneses, Pedro Altamirano y Bismarck Lebrón, fueron agredidos mientras cubrían las protestas de estudiantes y pensionados. En Nicaragua no existe la posibilidad de manifestarse pacíficamente. No hay acceso a la información pública. Los acosos de la Dirección General de Ingresos (DGI) y la Dirección General de Aduanas (DGA), provocan que muchos medios y periodistas se autocensuren. Los funcionarios públicos tienen prohibido brindar entrevistas de prensa. La cadena de males es larga. Apenas han transcurrido cuatro meses del año 2018 y las cifras obtenidas del Barómetro de Reporteros Sin Fronteras (RSF), resultan preocupantes. En algunos indicadores sobrepasan los resultados de 2017. Nueve periodistas han sido asesinados, entre los cuales destaca el nombre de Karla Turcios, en San Salvador. En el pulgarcito de centroamérica, su muerte ha sido condenada unánimemente. No hay estamento de la sociedad salvadoreña que no lo lamente. La indignación va desde el presidente de la república, Salvador Sánchez Cerén, pasando por sus compañeros de oficio, medios de comunicación, funcionarios públicos, cámaras empresariales, embajadora de Estados Unidos, Jean Manes, Procuradora Para la Defensa de los Derechos Humanos, Raquel de Guevara, hasta los dirigentes de distintos partidos políticos. Su muerte no debe quedar impune.

Como contraste, en Honduras dichosamente no ocurrió ningún asesinato durante 2017. ¿Será igual durante el presente año? La cifra de periodistas hondureños asesinados venía escalando de manera peligrosa. Tres periodistas fueron asesinados durante 2016 (en total son sesenta los periodistas asesinados en ese país entre 2011 y 2016). ¿No habrá más violencia en Honduras? La carencia de muertos no significa que la libertad de prensa goce de buena salud. Las Conclusiones de la Reunión de Medio Año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), establecen que en “Honduras y Nicaragua tienen iniciativas legislativas que buscan regular las redes sociales y el internet alegando criterios altruistas como la prevención de la violencia y las noticias falsas”. En Nicaragua existe voluntad de tipificar nuevos delitos vinculados con el uso de las redes sociales. Un subterfugio para limitar aún más la libertad de prensa.

La región centroamericana pareciera víctima de un virus contagioso. La libertad de prensa incomoda a la clase política como a diversos sectores de la sociedad. Una de las novedades del informe de la SIP (Miami, 16 de abril de 2018), ha sido incluir al gobierno costarricense, de pretender “censurar la publicación de noticias e impedir la difusión de la verdad”. ¡Quién lo diría! ¿Cómo andarán las cosas en Costa Rica, para que la SIP se queje en su informe del comportamiento de sus gobernantes? La tradicional compostura de los gobiernos ticos de mantenerse ajenos a toda forma de injerencia en el ejercicio de la libertad de prensa, ha dejado de ser materia de fe en ese país. ¿Cayeron en el mal endémico de querer limitar una libertad tan cara a su democracia? Amagar con invadir un campo tan sensible constituye mal indicio.

En México y Colombia las cosas andan peor, en el país azteca los asesinatos de los periodistas quedan en la más absoluta impunidad. Los reclamos de las organizaciones defensoras de derechos humanos son pasados por alto. No hay castigo para los culpables. El asesinato de Javier Cárdenas Valdez, fue una bomba expansiva que estremeció los cimientos de la sociedad mexicana. Los sicarios que lo mataron a tiros en pleno medio día, el 15 de mayo del año pasado, camino a Riodoce, la tribuna desde donde señalaba la complicidad de las autoridades con los narcos, no hay visos que sean capturados y juzgados. En Colombia el asesinato de los periodistas Juan Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, del equipo periodístico del diario El Comercio de Quito, señalan que los acuerdos de paz, todavía no aquietan las armas. La violencia contra periodistas no amaina. Una nación donde sus muertes no paran.

¿No hay país en las Américas que escape a esta odiosa epidemia? Desde la llegada de Donald Trump, a la presidencia de Estados Unidos, la agresión contra medios y periodistas, tiene escandalizado al mundo. Eso le tiene sin cuidado. Mientras resulte efectiva seguirá ultrajando. Con el mayor desparpajo instaló la mentira como forma de gobierno. Asegura que los periodistas son lo peor del mundo. Les endilga los insultos más acres por desnudar sus falacias. Discrimina a la prensa. Trump forma parte de la legión de políticos, a quienes no gusta que ser criticado. Menos que los desmientan. Especialmente cuando sus mentiras son corroboradas y puestas en bandeja ante la opinión pública. A eso obedece la guerra que Trump ha declarado contra la prensa.

No le basta gobernar a golpe de twitter; evadir el escrutinio de los medios le tiene sin cuidado. Continúa impasible. Vocifera y ataca a mansalva. No quiere ser interpelado. Desea una prensa amilanada. Plegada a sus yerros. Muda, quieta, inocua. Sus arremetidas no cesan. Pertenece a la lista de gobernantes agresores de la prensa. Periodistas sin Fronteras, basándose en datos recabados en 2017 por U. S. Press Freedom Tracker, lamenta que diecinueve periodistas fueron detenidos en Estados Unidos mientras realizan su trabajo y al menos diez enfrentaron procesos judiciales. El caso más significativo lo vivió Dan Heyman, reportero de Public News Service. Al formularle una pregunta a Tom Price, secretario de Salud y Servicios Humanos, en el capitolio de West Virginia, fue detenido y encarcelado. Salió libre bajo fianza.

El ánimo intimidatorio de la Administración Trump —lejos de amainar— prosigue inmutable. El problema de Estados Unidos —de cara al resto del planeta— se debe a la forma que ese país se ha erigido, en materia de libertad de prensa, como modelo de los modelos. Un país al que se debe admirarse e imitar, dejó de pregonar con el ejemplo. ¿Cómo estará siendo juzgado ahora por millones de personas? Sin duda de forma negativa. La primera en reconocerlo ha sido Delphine Halgand, directora de RSF para América del Norte. Asombrada afirma: “Los depredadores de la libertad de prensa observan a Trump y toman nota. Resulta aterrador pensar en lo que puede suceder a los periodistas en el mundo ahora que el líder de Estados Unidos está dando un ejemplo como este”. Más sincera no puede ser. El otrora referente universal ha sido puesto en el banquillo.

El empeño de RSF por radiografiar la situación de la libertad de prensa en el mundo, debe ser asumida como una preocupación compartida. Sin una labor como la suya, denunciando y protestando los acosos, asesinatos y encarcelamientos de periodistas, no tendríamos una perspectiva completa del estado de la libertad de prensa en el mundo. Los gobiernos tampoco se sentirían obligados a frenar sus ataques contra uno de los derechos humanos más importantes del presente siglo. El trabajo de RSF es urgente y necesario. Genera solidaridad. Sin su aporte, el destino de los periodistas sería peor. Muy pocos gobiernos —si es que hay alguno—desea ser juzgado por la opinión pública, debido a las atrocidades que cometen en la más absoluta impunidad. Sustraerse de lo que ocurre en el campo de la libertad de prensa, supone no querer entender, ¡que las campanas están doblando por nosotros!