Política

El exembajador de Nicaragua en EE UU, Arturo Cruz, analiza la futura relación bilateral

Cafta no es prioridad para Trump

EE. UU.

“Creo que para este año Nica Act está muerto. En el próximo congreso vuelve a entrar al debate con un nuevo proyecto de ley”



Arturo Cruz, exembajador de Nicaragua en Washington, asegura que el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, estará tan abrumado durante los primeros meses de su gobierno -que inicia el 20 de enero- con el cumplimiento de sus promesas de campaña, que temas prioritarios para Nicaragua, como la iniciativa de ley conocida como “Nica Act” (en espera de ser aprobada por el Senado) o la revisión del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y ese país (CAFTA) no serán prioritarios para la futura Administración. Cruz asegura que “Nica Act” está “muerta” este año, aunque no descarta que vuelva a ser discutido en el Congreso, pero con un nuevo proyecto. “Lo veo como un ejercicio muy prolongado y que no va a ser tan fácilmente aprobado como fue en la Cámara de Representantes en esta ocasión”, explica. Lo mismo pasará con el TLC, dice, aunque Trump se haya mostrado durante su campaña contrario a los acuerdos comerciales ya negociados por Estados Unidos. “Creo que Cafta, porque es de una magnitud menor, no va a ser tan resaltado por la Administración Trump, y más bien se va a focalizar en China y en México”, asegura Cruz. El diplomático dice, por lo tanto, que “Nicaragua pasa a un tercer plano” para el gobierno de Trump. “Eso, en un primer momento, facilita la relación, pero no quiere decir que el Congreso, paralelamente, no tenga una agenda propia”, advierte.

Acabas de regresar de Washington, ¿cuál es el ambiente de transición que se vive allá tras el triunfo de Donald Trump?

 Hay una gran incertidumbre. La gran mayoría del establishment norteamericano estaba suponiendo que ganaría Hillary Clinton, y básicamente la especulación era alrededor del gabinete que podría organizar la exsecretaria de Estado. Ahora con la victoria de Trump, definitivamente hay mucha duda, incertidumbre, y especulación.

Hasta ahora no queda nada claro sobre el tema del gabinete. ¿Qué se rumora en Washington? ¿Qué tipo de equipo crees que forme Trump?

 En término de Secretario de Estado se habla de Rudolph W. Giuliani, el exalcalde de Nueva York, Newt Gingrich, que fue el antiguo jefe de la Cámara de Representantes, pero también hay otros nombres notables de destacar como John Bolton, que fue embajador ante las Naciones Unidas, un hombre de la línea dura, un neoconservador conspicuo, militante, muy sensible a los temas del tercer mundo, pero de una posición muy antagónica en lo que él llama, por ejemplo, la tiranía de las mayorías en la Asamblea de las Naciones Unidas. Bolton es, sin duda alguna, el favorito de muchos. Otro que es más de centro y muy respetado, es Richard Haas, que es el presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, pero para la base de Trump es como poner al diablo, porque el Consejo es el viejo establecimiento en política exterior. Y hay otra persona, que para mí es un candidato ideal, independientemente de que no fue de los que se puso al lado de Trump de manera conspicua: el senador Bob Corker, que es el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores. La gran ventaja que tiene -además de ser sumamente respetado- es que contaría con una confirmación, del lado del Senado, rapidísima.

Trump, durante la campaña, desarrolló un discurso duro en política exterior, principalmente contra México y los migrantes, ¿qué podemos esperar de su política exterior?

En ese sentido creo que Bob Corker sería un defensor de Thomas A. Shannon, que es el número tres del Departamento de Estado y que ha sido importantísimo en los arreglos de los acuerdos de paz en Colombia, se ha involucrado en el tema venezolano y hasta cierto punto ha sido también uno de los grandes arquitectos de la relación que se construyó entre Nicaragua y Estados Unidos después de la victoria del presidente Daniel Ortega en 2006. Creo que los latinoamericanos se sentirían aliviados si llegara alguien como Corker y que se quedara Tom Shannon.

¿Será América Latina una prioridad para la Administración Trump?

Es una prioridad en el sentido de México, porque México representa dos temas importantes para los programas del presidente electo Trump: el tema del comercio, todo lo que tiene que ver con el Nafta, porque hay que recordar que México es el segundo déficit comercial más grande que Estados Unidos tiene, después de China, de 56 mil millones de dólares. Y, por otro lado, la cuestión migratoria y el muro fronterizo, que es lo que complicaría las relaciones.

¿Qué pasaría con el acuerdo de relaciones diplomáticas que la Administración del presidente Barack Obama logró con el gobierno del presidente cubano Raúl Castro?

Esa es la gran preocupación. Lo interesante es que la Cámara de Comercio norteamericana estaría muy en favor del arreglo con Cuba, porque para ellos todo lo que tiene que ver con comercio, con cooperación económica, son los instrumentos equivocados para cambiar la modalidad de un régimen político. En ese sentido, independientemente de que Trump tiene una promesa electoral, entre comillas, con el votante cubano, también tiene que reconocer que la Cámara de Comercio norteamericana fue un actor muy importante en el acuerdo político con ese país. Y la Cámara de Comercio se opondría a renegociar Nafta, a renegociar Cafta y se pondría también a cuestionar el arreglo con Cuba.

¿Qué compromiso tiene Donald Trump con temas como la gobernabilidad, la democracia, el respeto a las leyes?

 Para Trump son temas que no le competen a los intereses vitales de Estados Unidos. El es más de la vieja escuela del aislacionismo propio de los años cincuenta, cuando se trataba de tener un poder militar muy duro, pero pensando el país como un gran fuerte continental usaba su músculo militar solamente cuando se sentía amenazado en sus intereses vitales, pero no pensaba en ocupaciones. Esa escuela de pensamiento, además de que es nacionalista en temas económicos, en temas que tienen que ver con los valores propios de la democracia liberal, representativa, siempre ha sido escéptica de que ese modelo funciona para todos los países. Y en cierto sentido los representantes de esta escuela hablaban de la excepcionalidad norteamericana.

¿Cómo cree que serán las relaciones entre Estados Unidos de Trump y la Nicaragua de Daniel Ortega?

 Trump va a estar abrumado con todo lo que pretende hacer, porque dice que va a hacer una revolución. En algunos casos, desmontar iniciativas como el Obamacare, el tema de Irán, OTAN, las relaciones con Cuba, la cuestión con México. Obviamente, que en las prioridades de esta agenda tan compleja Nicaragua pasa a un tercer plano. Eso, en un primer momento, facilita la relación. Pero eso no quiere decir que el Congreso, paralelamente, no tenga una agenda propia. Más adelante, la agenda de Trump va a depender de cómo esta Administración perciba nuestras relaciones con la Federación Rusa, como ven el proyecto del Canal, si es que prospera o no. Esos temas, dependiendo de quién sea el secretario de Estado, los vería con mayor sensibilidad. Creo que en los multilaterales, como las Naciones Unidas, la OEA, va a haber mayor sensibilidad sobre la modalidad de nuestra retórica, no la van a descontar tan fácilmente y va a haber un tono más agresivo si nosotros tenemos también tenemos un tono agresivo.

Ya el presidente Ortega felicitó a Trump y pidió relaciones basadas en la paz.

Desde el punto de vista de los intereses de su gobierno y del país fue una iniciativa sumamente acertada. Y creo que se tomó nota de esto. 

¿Qué pasará ahora con la iniciativa conocida como Nica Act? ¿Crees que es de interés de esta futura Administración aprobarla?

En el Senado tenemos hasta el 31 de diciembre para que este proyecto tenga un chance de ser aprobado, yo honestamente creo que para este año ese proyecto de ley está muerto. Para el próximo Congreso, lo que se aprobó en la Cámara de Representantes, vuelve otra vez a entrar en el ciclo legislativo, pero con un nuevo proyecto de ley. Yo creo que la prioridad estará en dependencia de quién sea el Secretario de Estado, pero definitivamente va a tener una dinámica propia en el Congreso y en el Senado. Lo veo como un ejercicio muy prolongado y que no va a ser tan fácilmente aprobado como fue en la Cámara de Representantes en esta ocasión.

Puede haber entonces un nuevo documento, ¿mantendrá las mismas sanciones?

Tiene que haber un nuevo documento, pero tendrán que consensuar el lenguaje del texto entre los diferentes actores.

Trump se ha mostrado contrario a los tratados de libre comercio y ha pedido que se revisen. ¿Cree que tiene intenciones de renegociar el CAFTA? ¿Puede hacerlo?

 En cierta manera Hillary Clinton habló de Cafta, no de Nafta, dijo que ella también estaba dispuesta a revisar los tratados de libre comercio, pero el que escogió fue el periférico en términos de magnitudes. Creo que Cafta, porque es de una magnitud menor, no va a ser tan resaltado por la Administración Trump y más bien creo que se va a focalizar más en el tema de China, en México. Sobre todo porque Cafta, y en el caso particular de Nicaragua, en la cadena de producción estamos todavía en la parte menos calificada, donde el valor agregado no es tan robusto, como es el caso de México en su relación con la industria automotriz en Estados Unidos.