Opinión

Cambios mediáticos en la aldea global

La credibilidad —más allá de la posverdad— continúa siendo piedra angular para la ciudadanía.



“Podría decirse que en los mass-media la realización técnica prevalece
la invención y que la técnica es imitable y hasta perfeccionable”.
La multiplicación de los media.
Umberto Eco

Una omisión sociológica relevante, en relación con la revolución científico-técnica, ha sido obviar que la comunicación constituye su barco de proa. Sin las infotecnologías la globalización no se hubiese expandido con celeridad. La economía inmaterial no hubiera sido posible tampoco en un breve plazo. El estremecimiento trajo aparejado el envejecimiento de algunas teorías en los ámbitos de la comunicación y la información. La realidad les sobrepasó. La aparición de la Neo Televisión condujo a Umberto Eco a autocriticarse: “Todos los catedráticos de teoría de la comunicación formados con textos de hace veinte años (entre los que me incluyo) deberían jubilarse”. La invención de internet y de las redes sociales produjo una nueva ecología mediática. Es su eje gravitacional.

Las tecnologías siempre han incidido en la búsqueda, almacenamiento, difusión y circulación de la información. La aparición del Blog fue el primer zarpazo. Significó la pérdida de hegemonía de los medios tradicionales de comunicación. El surgimiento de Twitter ahondó la brecha entre medios y políticos. Adquirieron la posibilidad real de establecer comunicación directa con las personas, sin la mediación de la televisión, radioemisoras y periódicos. El despliegue de las redes sociales supuso otro duro revés para el concepto de verdad. La TV se lo había dado antes. Permite a los usuarios obviar la verdad. La aparición de la posverdad implica otorgar mayor valor emocional a lo dicho o expuesto, que al grado de verdad que encierran las noticias.

Millones de informaciones circulan día a día en la aldea global, un desafío mayúsculo para la ciudadanía. Los inmensos volúmenes de información establecen para Ignacio Ramonet, una nueva forma de censura. La información de ser escasa pasó a ser inconmensurable. Para el epistemólogo francés, Abraham Moles, la polución informativa es tan letal como el envenenamiento por la emisión de gases. En un mundo inundado de información el reto consiste en discriminar qué es verdad o mentira. La posverdad cayó en tierra fértil. Los medios de comunicación lidian por esclarecer los infundios diseminados a través de las redes de manera aviesa. La desvergüenza que producen las rectificaciones no los desanima.

Los políticos asumen los riesgos derivados de las mentiras. Nada los contiene. La pérdida de pudor ha alcanzado niveles insospechables. Satélites entrelazados con computadores y terminales en los medios de comunicación circundan el planeta. Esta circunstancia hizo que la constatación teórica: a mayor lejanía menores probabilidades de comprobación de lo afirmado despareciera. Ya no es posible sostener esta tesis. La intervención del vice-canciller Valdrack Jaentschke, ante el Consejo de Defensa de Derechos Humanos de la ONU, fue refutada de inmediato. ¿Para quiénes hablaba? Pienso que lo hacía para gobiernos, organizaciones y personas que apoyan al gobierno del comandante Daniel Ortega. Nadie más le dio crédito.

Vista general del salón en Ginebra, Suiza, donde se llevó a cabo el Examen Periódico Universal (EPU). Foto: Yader Luna.

Constituía una temeridad afirmar frente a los asistentes al cónclave en Suiza, que en Nicaragua no había periodistas detenidos. Jaentschke lo dijo sin empacho. ¿Cómo iba a desconocer la petición de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), demandando la liberación de Lucía Pineda Ubau y Miguel Mora? ¿Por qué negar su encarcelamiento si los eurodiputados estuvieron en las celdas donde los tenían detenidos y pidieron al gobierno cambio de régimen carcelario? ¿Cómo sostener que los periodistas no son reprimidos cuando los miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), pidieron cesar las agresiones?

En un universo donde las informaciones fluyen a la velocidad de la luz, era improbable que los gobernantes nicaragüenses pensaran que los representantes de los países presentes en la reunión, no estuviesen al tanto de lo ocurrido en Nicaragua. El conflicto viene siendo visibilizado desde sus inicios en abril de 2018. La cobertura ha sido sistemática. Informaciones ofrecidas por las cadenas noticiosas internacionales y las posiciones asumidas en torno a la crisis por los gobiernos de América, Europa y Asia —para señalar tres continentes— no fueron suficientemente disuasivas para que el funcionario de la cancillería nicaragüense se abstuviera de mentir. Las redes facilitan que las mentiras sean conocidas y desmontadas de inmediato.

Tampoco es dable pensar que una mentira repetida mil veces —frase atribuida al ministro de propaganda alemán, Joseph Goebbels— termina convirtiéndose en verdad. La competencia discursiva y la fiscalización que ejercen los medios contribuyen a conocer y demoler estas engañifas. A lo largo de la lucha cívica las disputas por dominar las agendas mediáticas no han sido beneficiosas para el gobierno. La reiteración de ciertos ejes discursivos, especialmente el referido al supuesto golpe de Estado, por mucho que ha sido machacado por los medios oficiales, oficiosos y redes sociales afines, no ha encontrado eco ni dentro ni fuera del país. La repetición de una mentira solo tiene explicación si partimos que ha sido formulada para sus acólitos.

Las distintas versiones formuladas por el comandante Ortega a la prensa internacional, sobre las fuerzas utilizadas para reprimir a las personas en los tranques, hizo que el gobierno perdiera credibilidad en el campo internacional en el momento que más lo necesitaba. La credibilidad —más allá de la posverdad— continúa siendo piedra angular para la ciudadanía. Tampoco es aconsejable el silencio. Durante casi ocho años los gobernantes optaron por hacer un vacío a las informaciones de los medios adversarios. Una política asumida desde siempre por el Ejército Nacional. Las evidencias ponen en claro que los vacíos informativos no existen. Son suplidos de inmediato por otras fuentes informativas. Creer lo contrario es auto engañarse.

Otra mudanza que los gobernantes no han querido entender, es que la nueva realidad mundial requiere de nuevas propuestas teóricas. Antes que las infotecnologías rectificaran el esquema emisor-canal-código-mensaje-receptor, el descentramiento del mensaje había sido analizado por semiólogos. Umberto Eco se preguntaba: “¿Dónde están los mass-media? ¿Hay algo más privado que una comunicación telefónica? ¿Y qué ocurre cuando alguien entrega en el juzgado la grabación de una comunicación telefónica privada, de una comunicación telefónica hecha para ser grabada… y para que el topo del palacio de justicia la entregue a los periódicos, y para que los periódicos hablen de ella… ¿Quién ha producido el mensaje y su ideología?”. Los mensajes no solo provienen de los medios.

La llegada de internet revolucionó el funcionamiento de los medios, Manuel Castells fue de los primeros en reconocer que su uso produce al menos tres efectos principales: a) la sustitución de actividades incompatibles con las formas de comunicación basadas en internet; b) la disolución gradual del prime time a favor de my time (cada quien gestiona el tiempo de acuerdo a su beneficio) y c) la creciente simultaneidad de las practicas comunicativas integradas en torno a internet y a dispositivos inalámbricos, (dada la capacidad de los comunicadores de dedicar atención a distintos canales), que  complementan las fuentes informativas y de entretenimiento, mezclando modos y canales de acuerdo a sus propios intereses. Las audiencias son activas.

El especialista italiano Mauro Wolf, en su libro clásico sobre Los efectos sociales de los media (1994), destaca las transformaciones provocadas por los medios en la participación política. Además del voto de pertenencia (ocurre entre quienes comparten criterios ideológicos) y el voto de intercambio (dame y te doy), existe el voto de opinión, que genera un tipo de participación política donde las personas no están empeñadas en alineamientos ideológicos, ni en expresiones directas de intereses. Su principal interés radica en aspectos “que representan valores o principios (los derechos civiles, la paz, el medio ambiente, el hambre en el mundo, la justicia, etc.)”. Se trata de temas transversales que afectan a los partidos y que son nuevos alicientes para la participación política.

A young protestor in front of the Central American University in Managua during the SOSIndioMaiz demonstrations on April 11, 2018. Photo: Carlos Herrera / Confidencial

Las demandas de los estudiantes universitarios por el incendio en Indio Maíz —acusaron de negligentes a los gobernantes— fueron muy mal leídas y pesimamente interpretadas. En vez de entender sus reclamos como parte de una conciencia ecologista fueron reprimidos. Acostumbrados a sofocar a golpes las protestas, optaron por reprimirles. Obviaron el contenido de su petición. Siguieron con el guion pre-establecido. En Camino de Oriente insistieron en un esquema de confrontamiento utilizado a lo largo de doce años. La represión en vez de acobardarles produjo un efecto contrario. Envalentonó a los muchachos. Para empeorar, aprobaron reformas al Seguro Social que afectaban a jubilados, trabajadores y empresarios.

La lectura de los tiempos se convierte en un ejercicio ineludible. Especialmente para los funcionarios de gobierno. En los nuevos escenarios no basta con disponer de un enorme dispositivo mediático. La verdad no puede ser dada de baja impunemente. Ni siquiera en la era de la posverdad. Las luchas encarnizadas en las redes muestran una enorme inclinación por el uso de mentiras y verdades a medias. En un mundo saturado de información —medios y periodistas— deben facilitar la navegación. No incurrir en estos mismos despropósitos y convertir el profesionalismo, en principio rector de todo cuanto hagan o dejen de hacer. Las mudanzas mediáticas vuelven más que necesarios a los periodistas. Sería grave no entenderlo.