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Carazo, Masaya, Managua: la resistencia a un año de la rebelión

A un año del estallido social contra la dictadura de Ortega, tres de las ciudades emblemáticas de la rebelión resisten bajo asedio policial permanente

Camionetas llenas de paramilitares recorren de vez en cuando las calles de Diriamba, en Carazo. “La gente se asusta, pero todos sabemos que andan intimidando”, explica Santiago, un estudiante universitario de esa ciudad, que participó en la rebelión del que se constituyó el “tranque más incómodo” para la dictadura de Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo.

En semanas recientes, varias casas de Diriamba han amanecido con pintas en las que se lee: “¡Plomo!”, “¡Te estamos esperando!”,  “¡Aquí vive un golpista!”. El objetivo: intimidar y poner sobre aviso a los fanáticos orteguistas sobre las viviendas de los ciudadanos que se han opuesto a la dictadura, entre ellos familiares de asesinados o de presos políticos.

Barricada
Barricadas en Jinotepe. Carlos Herrera | Confidencial

“Andan de en camionetas toda la madrugada. La gente los ve y puede identificar que son los mismos encapuchados que anduvieron de paramilitares disparando contra el pueblo”, detalla Santiago.

Para este joven, todo es parte de una “campaña de terror” que quieren instaurar contra la población de Carazo porque “aquí tuvieron uno de los puntos de resistencia más grandes del país”.

Entre las casas manchadas también están las de jóvenes en el exilio. Para Santiago de esta manera les advierten que si regresan serán encarcelados, torturados o asesinados.

Además, estima, así amenazan a los que se quedaron en el país por si deciden levantarse de nuevo a protestar contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El Güegüense se burla de la dictadura

A pesar del asedio del régimen, la población de los municipios de Carazo se las ingenia para seguir protestando.

“Era triste ver los primeros días de julio tras la masacre del 8 de julio las calles vacías sin jóvenes. Sin embargo, ahora se sigue protestando, aunque no como en otras zonas del país, pero nos siguen teniendo miedo”, asegura María, una pobladora de Diriamba.

Jinotepe
Jinotepe ya suma cinco semanas en resistencia contra el Gobierno de Daniel Ortega. Carlos Herrera | Confidencial

Durante todo abril, se han realizado protestas exprés que incluyen tirar papelillos, pintar banderas y globos que no pasan desapercibidas para la dictadura que mantiene patrullaje y vigilancia constante sobre las ciudades de Carazo. “Hace unos días unos jóvenes se grabaron protestando y de inmediato la dictadura mandó gente a vigilar la zona”, cuenta.

Durante las fiestas patronales de San Sebastián, se pudo ver a varios jóvenes vistiendo con los colores azul y blanco de la bandera de Nicaragua con sus trajes del Güegüense. “La gente sigue burlándose de la dictadura, a pesar de que nos quieran silenciar”, insiste María.

El tranque más incomodo

La población de Diriamba, Dolores y Jinotepe despertó desde las cinco de la mañana con el sonido de las balas el 8 de julio del año pasado. De forma simultánea entraron paramilitares y patrullas policiales con la intención de “barrer con los tranques” de este departamento.

“Siempre les molestó la protesta y los tranques de Carazo fueron los más duros, porque se tuvo varados a decenas de camioneros y no se permitió los ataques contra esta población”, expresa Delmi Portocarrero, presa política excarcelada por la dictadura.

La jinotepina, Delmi Portocarrero, permaneció 111 días en prisión. Yader Luna | Confidencial

Portocarrero conocida como “tía Delmi” por los caraceños recuerda ese terrible día en que masacraron a los jóvenes que se mantenían protestando. “Fue una crueldad y un ataque feroz que no podemos olvidar”, insiste.

La dictadura atacó durante varias ocasiones los tranques de Carazo, pero les costó doblegarlos. El 12 de junio llegaron a disparar contra los manifestantes, pero fueron repelidos. Tres días después volvieron a atacarlos.

“El odio de la dictadura contra Carazo es enorme. Les duele que todo el pueblo ha expresado su rechazo contra ellos y aunque hoy sigan asediando, la gente sigue detestando a estos asesinos”, expresa la “tía Delmi”.

Masaya, la ciudad que resiste

Día y noche, en Masaya, las patrullas policiales rondan los alrededores de la ciudad. Están en el parque central, en la entrada y mantienen vigilancia total en el barrio indígena Monimbó. Su misión: aplastar cualquier grito de “revolución” que emerja de este pueblo histórico y combativo.

Masaya se rebeló en contra de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, el 19 de abril de 2018, luego de que los antimotines y oficiales atacaran violentamente una manifestación en la que los pobladores expresaron su descontento por las reformas al seguro social que el Gobierno impuso sin consenso.

Los oficiales persiguieron a niños, jóvenes, adultos y ancianos que marchaban en las principales calles de la ciudad. Les dispararon balas de goma, balines y bombas lacrimógenas. Esto provocó que las personas corrieran hacia Monimbó para resguardarse. Fue entonces que los habitantes del barrio indígena salieron en respaldo de los manifestantes y comandaron durante varios meses la resistencia pacífica.

Para el Gobierno, la insurrección de Monimbó fue una “traición”. Desde las entrañas del barrio histórico se lideró una protesta que pronto llegó a los demás municipios de Masaya. Pronto levantaron barricadas para cuidarse de los saqueos y de los ataques constantes de la Policía y los paramilitares.

En mayo, Masaya resistía al pie de las barricadas mientras la Policía y encapuchados salían por las noches a matar a sus habitantes. Las fuerzas armadas utilizaron francotiradores, y experimentados tiradores que cobraron la vida de decenas de jóvenes. La resistencia continuó fortalecida al punto de declarar su independencia del Gobierno municipal y central, un gesto de rebeldía que fue contrarrestado por la dictadura con más plomo.

Yubrank Suazo (centro), y Cristhian Fajardo (derecha), el pasado 18 de junio en Masaya. Carlos Herrera | CONFIDENCIAL.

En julio, las fuerzas armadas ejecutaron la operación limpieza en la ciudad. Atacaron a los ciudadanos que estaban en las barricadas. Lograron derribar las más de 200 que existían en la ciudad y provocaron el éxodo de los habitantes, que temerosos, huyeron por la laguna de Masaya, rumbo a la capital y luego Costa Rica. Las organizaciones de derechos humanos calculan un número superior a los 30 muertos solo en esta ciudad.

Luego del ataque, la vigilancia se multiplicó y las capturas ilegales fueron el pan de cada día. La Policía secuestró a varios de los líderes más visibles de la protesta: Yubrank Suazo, Cristhian Fajardo y su esposa María Adilia Cerrato, todos miembros de la resistencia cívica de Masaya. Igualmente sacó de sus casas a más de 50 ciudadanos que también protestaron en contra del régimen de Ortega.

A pesar del asedio, las capturas ilegales y los juicios inventados, la población de Masaya continúa resistiendo. No participaron de las festividades de San Jerónimo, una de las más largas del año, asimismo no están presentes en ninguna actividad organizada por las autoridades municipales. Fue notable que durante la fiesta de Los Agüizotes, en octubre, solo simpatizantes orteguistas participaron. Asimismo, durante los bailes tradicionales, que se realizan en los meses de octubre y noviembre, poquísimos jóvenes salieron a bailar en las calles de la ciudad.

Masaya
Una de las barricadas que los pobladores han instalado en la ciudad de Masaya. Carlos Herrera | Confidencial

“Los masayas seguimos resistiendo. Para nosotros nunca dejará de ser abril hasta que se vaya el dictador. Por eso hacemos piquetes exprés, por eso explotamos una que otra bomba, porque nosotros seguimos protestando, no nos han vencido”, explicó un ciudadano que pidió el anonimato.

En las calles se escuchan las voces que el régimen opresor ha intentado callar a punta de disparos de AK 47, francotiradores y escopetas. Masaya se levantó contra el tirano. Su pueblo indígena, Monimbó, fue la cabeza de la lucha popular. En los últimos tres días han sonados bombas de contacto, los policías encienden sus motos y luego patrullan las calles. “Nosotros seguimos resistiendo”, dijo de nuevo el mismo ciudadano.

Managua: los piquetes y el Estado policial

La presencia policial en las rotondas, centros comerciales, carreteras, barrios, parques, estaciones de bomberos, en fin, en toda la capital, permanente. Managua vive en un constante operativo policial cuyo objetivo es capturar a manifestantes que pacíficamente resisten y protestan en contra de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Además de asediar, reprimir, asesinar, perseguir y encarcelar a cientos de ciudadanos, la dictadura orteguista anuló la protesta cívica a través de una orden policial. “Serán responsables y responderán ante la justicia, las personas y organismos que convocan a estos desplazamientos ilegales desde los cuales se han promovido y se intenta promover, acciones delictivas, destructivas y criminales”, dijo la Policía en una nota de prensa.

A partir de esta fecha, todos los permisos que las distintas organizaciones han remitido a la institución policial han sido denegados. Los intentos de los ciudadanos de organizar marchas han sido infructuosos, pues el día que se prevé realizar la movilización, esa parte de la ciudad amanece militarizada. Una bandera azul y blanco no se puede ondear en esa zona.

El panorama en la capital ha cambiado bastante a un año de que explotaran las protestas en contra del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Las cifras que se manejan después de 12 meses son 325 muertos confirmados, miles de heridos, cientos de desaparecidos y más de 700 presos políticos, que esperan por su liberación en al menos noventa días, que siguen corriendo.

Ante las protestas realizadas en Metrocentro durante los últimos fines de semana, la Policía ahora "vigila" desde adentro de las instalaciones de este centro comercial. Carlos Herrera | Confidencial
Ante las protestas realizadas en Metrocentro durante los últimos fines de semana, la Policía ahora “vigila” desde adentro de las instalaciones de este centro comercial. Carlos Herrera | Confidencial

Las universidades públicas, que inicialmente fueron tomadas por estudiantes universitarios en protesta por la autonomía y la propia salida del dictador, hoy se encuentran resguardadas por policías encubiertos y en manos de las autoridades que son fieles al régimen sandinista. Líderes como Jonathan López y Edwin Carcache, se encuentran presos en el sistema penitenciario La Modelo, en Tipitapa. Los que lograron escapar están exiliados en Costa Rica, México y otros países.

Sin embargo, pese a la persecución que viven los capitalinos, la protesta cívica se mantiene en las calles de Managua, aunque con mayor cuidado. Las personas han ideado distintas formas de protestas que no han podido ser controladas por la dictadura. Desde pitazos en las rotondas hasta pegar calcomanías en los baños de los restaurantes y centros comerciales.

Los más jóvenes son los que principalmente organizan los piquetes exprés en las calles de la capital. Se organizan en grupos de cinco a diez y a bordo de vehículos salen de sus casas para quemar llantas, ondear la bandera, poner una pancarta, y gritar consignas a favor de la liberación de los presos políticos y exigiendo la salida del poder de Ortega.

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