Economía

Algunos sembrarán menos o sin fertilizar; otros ni siquiera sembrarán

Ciclo agrícola con menos producción de alimentos

Gobierno prevé caída de 2.3% de áreas sembradas, pero proyección no concuerda con reducción de -40% de financiamiento al sector



La reducción del crédito agropecuario, más el aumento de los costos de producción dictados por la reforma tributaria y la del Seguro Social, más la caída de los precios internacionales de los rubros de exportación, y el descenso del consumo interno, conducen a una única previsión: este año se producirán menos alimentos.

“Todos los factores anteriores están generando la tormenta perfecta para el sector agropecuario”, dijo la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), ante una consulta de CONFIDENCIAL.

Si bien la frase es un lugar común en este tipo de análisis, es bastante probable que su uso esté completamente justificado, según muestran las estadísticas: hasta un 40% de recorte del crédito disponible, que se combinará con un aumento “significativo” del precio de los insumos agroquímicos, para generar una caída de la producción agropecuaria del país, que hasta ahora nadie sabe cuantificar.

BCN prevé caída menor

Talvez el dato más revelador sea el del Plan Nacional de Producción, Consumo y Comercio 2019 – 2020, elaborado por el Banco Central de Nicaragua, en el que se señala que este año, se pretenden sembrar 1 432 700 manzanas en todo el país, lo que es menor en 34 500 manzanas (2.3%), que la meta del año pasado, si bien sus datos para maní y café suenan descabellados.

La mayor parte de las áreas reducidas corresponden a granos básicos, cuya área total a sembrar, disminuye en 31 300 manzanas, o sea 3.3% menos que la meta del 2018, que tampoco fue cumplida.

El maíz (41 800 manzanas y 9.1% menos), y la suma de las tres variedades de sorgo (15 400 manzanas y 22.2% menos), son los rubros que más reducen las áreas de siembra, aunque ese sea, quizás, el menor de los males.

Funides señala que el golpe que representa el aumento de los costos de producción, y el menor financiamiento, “obligará al sector a contraer sus operaciones, es decir a sembrar menos”.

El problema es que esa no es la única opción.

“Otros productores podrían optar incluso por aplicar menos agroquímicos, con lo que se verían afectados los rendimientos por manzana de los cultivos. Esto último no es lo recomendado, puesto que las pérdidas por plagas podrían llevar al productor a perder por completo su cultivo”, advierten.

En ese caso, “es preferible reducir la escala de sus operaciones, pero manteniendo un correcto control del cultivo, y si la escala no permite alcanzar el punto de equilibrio, entonces la decisión óptima podría llegar a ser en casos extremos no cultivar este año”.

Afectaciones en cascada

Sea que siembren menos, que siembren mal, o que simplemente no siembren, cualquiera de esas decisiones augura dificultades para el país, siendo que la actividad en el campo es el motor primero de la economía en general.

Datos aportados por Funides, indican que “el sector agropecuario en 2018 tuvo un peso de 12.7%” en el PIB de 2018, cifra que surge de la suma del 7.7% que se le calcula a la agricultura, más el 5.0% que se le asigna a la actividad pecuaria.

Para la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), el sector “representa el 14% del PIB nacional, genera el 31% del empleo total y representa cerca del 70% de las exportaciones totales. En 2018, el PIB agrícola mostró un bajo crecimiento del 3.3%. En el caso del PIB pecuario, disminuyó en 5.4% en comparación al año 2017”.

Esa función de ‘motor primero’ de la economía nacional, es la que puede transmitir —y seguramente transmitirá— ese frenazo al resto de actividades, por el encadenamiento propio de la actividad productiva nacional.

“Dado que Nicaragua tiene un bajo nivel de complejidad económica, su producción está concentrada en actividades de poca sofisticación, muchas de ellas directamente relacionadas con el sector primario, resaltando en este el agropecuario”. Por eso, “lo que ocurra con el agro repercute, como efecto dominó, en varios sectores de la economía”, explica Funides.

Los economistas saben que un mal desempeño del agro “tendrá un impacto en aquellos sectores encadenados”, destacando azúcar, carne, lácteos, alimentos de origen industrial, bebidas, prendas de vestir y calzado, alojamiento y comiderías, comercio, esparcimiento, y los servicios de administración pública, principalmente”.

La historia no termina ahí, porque “estos sectores también tienen encadenamientos con otros sectores, con lo cual una reducción del dinamismo del agro termina siendo mucho mayor que la afectación al mero sector”, explica la entidad.

Actividad “más triste que en 2018”

Dos actividades que la lista no menciona son las finanzas, y la venta de químicos para el sector agropecuario, y ambas también han visto reducir sus negocios de manera significativa.

Datos recopilados por Upanic muestran que en 2017 “las sociedades de depósito” (o sea, todo el sistema financiero, incluyendo las empresas de microfinanzas) habían otorgado montos de crédito agrícola 14% superior al de 2016, pero tuvieron que reducirlo en 6% en 2018, mientras que el crédito a la actividad ganadera, que crecía 6% en 2017, disminuía 12% en 2018.

“En el 2018, la cartera agrícola y pecuaria representó el 12% del total de la cartera de crédito”, detalló Upanic.

El otro sector que tiene mucho que lamentar es el de agroquímicos, comenzando por Mario Hanón, vicepresidente de la Asociación Nicaragüense de Formuladores y Distribuidores de Agroquímicos (Anifoda), quien valora que “este año está triste el panorama de la agricultura. Está más triste que en 2018”.

Ese sentimiento se apoya en las cifras que han compilado durante los primeros cinco meses del año. “Al mes de mayo, las ventas de fertilizantes han caído 15%, mientras que la importación de agroquímicos y otros (herbicidas, insecticidas, fungicidas, coadyuvantes, además de bactericidas y algunos productos biológicos) disminuyó 30% en dólares hasta el 30 de abril”, detalló.

En números absolutos, de enero a mayo de 2017 se vendieron 86 000 toneladas de fertilizantes, mientras que, en el mismo periodo de 2018, se vendieron 6000 toneladas menos (6.97%).

En todo el 2017 se vendieron 250 000 toneladas, por lo que fue “el pico máximo de nuestra historia. Ni siquiera en los años 70, cuando se nos decía el Granero de Centroamérica” vendíamos más, acotó Hanón.

Si la disminución de 6000 toneladas durante los primeros cinco meses de 2018 resintió al sector, una nueva caída, esta vez de 10 000 toneladas entre enero y mayo de 2019, (o sea, 12.5% menos que en 2018, y -18.6% en comparación con 2017) los tiene más preocupados aún.

La solución es política

La disminución del crédito bancario tiene su causa en la menor disponibilidad de recursos en el sistema financiero, generada por la caída de los depósitos del público, que se explica a su vez, por la desconfianza en el derrotero de la economía, como respuesta a la crisis política que se hizo evidente a partir de abril de 2018.

Es por eso que los analistas, economistas y empresarios coinciden en que, si la crisis es política, la respuesta tiene que ser política.

“El mayor problema es la falta de financiamiento, tanto para grandes, medianos y pequeños productores”, asegura Michael Healy, presidente de Upanic.

“La reforma tributaria y la del INSS incrementaron 20% a 25% los costos de producción, a lo que hay que sumar alza de energía y combustibles”, lamentó Healy.

En opinión de Mario Hanón, vicepresidente de Anifoda “habría que derogar o modificar la reforma tributaria, de modo que los importadores podamos trasladar esa disminución de los impuestos, aunque eso ya no impide que los productos que entraron entre marzo y mayo, que son la mitad de lo que traeremos este año, sí pagaran impuestos”.

Por eso, si bien “el daño ya está hecho”, insiste en que “nunca es tarde para reflexionar y reconocer que la reforma fiscal está afectando la agricultura al elevar los costos de producción y disminuir la rentabilidad de los productores, que dejan de ser sujetos de crédito, porque los bancos están menos dispuestos a financiarlos”.

Puestos a dar consejos, Funides también tiene el suyo: “El Gobierno debe recapacitar con la reforma tributaria y de pensiones”, porque “agudizan la recesión. La mejor decisión económica (porque la decisión óptima sostenible es alcanzar un acuerdo político creíble) a muy corto plazo, es revertir ese par de reformas”, invitó.