En pantalla

Crimen y Castigo en nuestro tiempo

Las multitudes hacen fila para ver “Escuadrón Suicida”, pero usted estará mejor servido por Netflix

IRRATIONAL MAN
(Hombre Irracional)
Dirección: Woody Allen
Duración: 1 hora, 35 minutos
Clasificación: * * * (Buena)
Disponible en Netflix

Joaquin Phoenix es Abe Lucas, estrella de la filosofía venida a menos que sucumbe a una crisis de mediana edad, mientras asume una cátedra en una pequeña universidad. Abe entabla un desganado affair con Rita (Parker Posey), una colega casada, a la vez que evade los avances románticos de Jill (Emma Stone), una precoz estudiante que lo idolatra. Su disposición cambia radicalmente cuando contempla la posibilidad de cometer el crimen perfecto.

La banda sonora llena de jazz de tempo rápido puede hacerle creer que estamos ante una comedia, pero estamos realmente ante un homenaje a “Crimen y Castigo”. Para que esta intención no pase desapercibida, Dostoyevsky es invocado por los personajes, y sus libros figuran como utilería simbólica. Nadie puede acusar a Allen de ser sutil. La película se posiciona a medio camino entre las dos vertientes de la etapa otoñal de su carrera: las comedias ligeras (Midnight in Paris) y los oscuros dramas éticos (Match Point). Es un tono difícil de sostener. Allen divide el punto de vista entre Abe y Jill, ofreciendo perspectivas paralelas que sirven a los intereses de cada personaje. Esto anticipa una ruptura, e introduce un elemento de tensión en el desarrollo dramático. El protagonismo se reparte equitativamente entre Phoenix y Stone, permitiendo que la actriz trascienda al arquetipo de ingenua “novia trofeo” para un hombre maduro y neurótico. De hecho, ella se convierte en el centro moral del filme.

Sin embargo, la política de género de Allen es problemática, más aún a la luz de su vida privada. Es difícil filtrar la estática de las recientes denuncias de abuso sexual de su hija, Dylan Farrow, última reverberación de su conflictiva relación con Mia Farrow. Sean ciertas o no, estas acusaciones, ampliamente cubiertas por los medios, imponen otro nivel de significado sobre las películas. También condicionan en alguna medida nuestra lectura de ellas. Para algunos, el pozo está envenenado. Ya no pueden favorecer al artista con su atención. Yo todavía puedo verlas, porque creo que puedo separar al sujeto de su obra. O trato de hacerlo. Picasso abusó de Dora Maar, y no por eso deja de ser un gigante de la pintura.

Si todavía puede ver las películas de Allen, en esta encontrará la hermosa fotografía de Darius Khondji, infundiendo inusitada electricidad en los disciplinados encuadres que contistuyen la impronta personal del director. En el juego de luces y sombras se manifiesta toda la sutileza ausente en los personajes vagamente caricaturescos. Aún en un trabajo menor, es notable la impecable manufactura y el compromiso de los actores.

THE INVITATION
(La Invitación)
Dirección: Karyn Kusama
Duración: 1 hora, 40 minutos
Clasificación: * * * (Buena)
Disponible en Netflix

Mientras menos sepa de la película de Karyn Kusama, mejor. Si puedo decirle que opera expansivamente dentro de sus modestos confines, mutando su género con cada giro de la trama. Comienza como un drama de duelo y catársis emocional. Will (Logan Marshall-Green) ha experimentado una pérdida trágica en su pasado. Acompañado de su novia Kira (Emayatzi Corynealdi), acude a una invitación en casa de su ex esposa, Eden (Tammy Blanchard) y su nueva pareja, David (Michael Huisman). Ahí se reunirá con el círculo de amigos que se desvaneció a raíz del trauma.

Una serie de flashbacks revelan el suceso, y en lugar de aliviar la claustrofobia, la incrementan. La acción se condensa en un solo lugar y una sola noche. Kusama controla la información y la acción con precisión implacable. El uso de actores poco conocidos brinda cierta frescura, y anula cualquier anticipación conectada al status profesional. Lo más cerca que hay de una estrella es Huisman, mejor conocido por su papel de Daario Naharis en la serie “Juego de Tronos”. Cuando la trama se complica, nadie esta seguro. Tenía rato de no ver una película de suspenso en la que genuinamente cualquier cosa puede pasar. Y lo que sucede es, en retrospectiva, una consecuencia lógica de los incidentes acumulados a lo largo de la jornada.

En su desenlace, “La Invitación” cierra memorablemente con una imagen que profundiza su alcance con una sola estocada. Es uno de los mejores thrillers del año. Es un cliche decirle, pero realmente no es apta para cardíacos.

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