Opinión

De la locuela, las locuras y las locuritas

Daniel Ortega

Los líderes de la izquierda latinoamericana mienten al hablar de solidaridad con el pueblo nicaragüense; solo piensan en ser solidarios con los Ortega



La locuela

Locuela, como sustantivo, cuyo significado es el “modo y uso particular de hablar de cada persona”, es inexistente en nuestro lenguaje cotidiano. En cambio, cuando decimos u oímos mencionar el adjetivo el locuelo o la locuela, inevitablemente pensamos en una persona atolondrada o alocada. 

En todo el mundo abundan los locuelos y las locuelas como  protagonistas de toda clase de conflictos políticos con su atolondrado, medio loco proceder, sin que parezca importarles las consecuencias que provocan en la vida social de cada país y en las relaciones internacionales. 

Claro, no hace falta decirlo, pero lo digo, que los locuelos y las locuelas con poder político dejan de ser simple gente atolondrada, rara, ateperetada o media loca, para convertirse en lo peor de los individuos que se hacen los locos para joder al revés y al derecho a sus adversarios políticos, sean de izquierda… o al revés.

Hay personas que aparentan ser atolondradas por sus actividades  transgresoras de hábitos, costumbres, normas hipócritas de conducta social, de estilos de vida, del arte y de la cultura, de lo cual, a la postre, resultan ser unos geniales creadores. 

Como ejemplo de genio con aparentes obras alocadas tenemos a don Pablo Picasso, de quien si vemos y no entendemos una pintura cubista, trataremos de averiguar el por qué sus retratos de personas y cosas tienen esas aparentes deformaciones.  Seguro que usted también habrá visto la permutación de colores en los retratos de personas y objetos, recreados por el míster Andy Warhol.

Nos gusten o nos disgusten las geniales locuras de estos creadores, los nicaragüenses tenemos que soportar las peores caricaturescas de esos estilos, reflejados en cosas del Estado que se supone deberían ser serias, como, por ejemplo:

*El Escudo Nacional, convertido en una vulgar caricatura del cubismo y la permutación de colores, pero más que eso, nos aburrimos viendo trasnochadas imitaciones del bostockniano festival hippie de los años sesenta, en vestimentas y en los asuntos del Estado. 

*Las antes normales y hasta sobrias tribunas políticas para la exposición de mentirosos discursos oficiales, las convirtieron en floridos y enflorados altares para que el rey hable… a cámara lenta.

Las locuras

Ya se sabe que hay variedad de locuras, que no siempre tienen iguales consecuencias, y que nunca tienen buenos resultados, pues hay locuras que matan por cualquier motivo y otras sin motivo, pero todas causan dolores individuales y sociales. 

En mi pueblo no había doctores en psiquiatría ni manicomio, pero había locos… y quienes se hacían los locos.  Una familia, diríamos, burguesa aldeana, que con su loco o a quien creían loco, actuó con complejo de guardia somocista y le hizo su propia cárcel, un cuarto al fondo del patio de la casa.

La familia no buscaba la “cura” del pariente, sino cómo hacerlo pasar como loco rematado por un motivo no muy raro en mi pueblo: ambicionaban el poder… tener en propiedad la hacienda que solo pertenecía el supuesto loco. 

En mi país, otra familia, fingiendo ignorar que el enfermo era su sistema político, sus prácticas desquiciadas de represión y encierro, inventó que los responsables de todo… eran las víctimas de sus propias locuras. 

De toda esa infamia se enteró el vecindario regional por medio de bien documentadas pruebas, concluyendo en que no eran los ciudadanos los enfermos mentales, sino la familia dominante, y comprobó también que las instituciones civiles y policiales del país, eran sus cómplices, en tanto el ejército no condenaba las muertes, sino que se hacía el loco, viéndolo todo sin inmutarse.

Comprobó además, que las instituciones estaban al servicio de la familia, en vez de tomar medidas sanitarias en la casa familiar enferma, recetaban cárcel, policías y matones contra todo cristiano, evangélico o ateo que se opusiera a su locura de quedarse con la hacienda-nación que pertenecía a todos.

Y las locuritas

Las locuritas no son locuras chiquitas, como pudiera pensarse, sino variadas acciones represivas, dependiendo de las circunstancias entre las cuales se moviera la familia loca de amor por el poder, y cuando estas circunstancias se les ponían muy serias por causa de su comportamiento y su mal estado de salud ética, sino que seguía haciendo más locuritas:  

Desde aparentar inocencia, hasta tratar de hallar estabilidad  mintiendo, matando y echándole la culpa de sus actos delincuenciales a sus propias víctimas y, al mismo tiempo, encarcelándolas y condenándolas a cumplir penas que, en justicia, solo la familia y sus esbirros merecían.  

El día de hoy, ante las graves situaciones que creó, y como queriendo espantar sus locos demonios, la familia lanzó una ofensiva internacional, fingiendo olvidar que son responsables de delitos de lesa humanidad bien documentados, y cometiendo otras locuritas, como:

*Adoptar poses de vírgenes celestiales representantes de Dios en la tierra, y diciendo sentirse “provistos de la justicia divina”.  Y lo han demostrado, diciéndoles a sus cómplices que sigan adelante, porque vivimos en “un país que ha recuperado milagrosamente la paz, la  seguridad y, se dispone, de la mano de Dios, a seguir caminando llenos de fé”…

*Hablar de paz y reconciliación en contradictoria coincidencia con la Navidad para los cristianos y de Año Nuevo para todos, mientras las cárceles las tienen llenas de inocentes y continúan con su oleada de represión y persecución.

*Mandar al exterior en peregrinaje hipócrita al bufón del reino del terror, pidiendo clemencia, pero reiterando la mentira de su inocencia y culpando de todas sus locuras a sus víctimas.

*Pedir clemencia a los gobiernos que forman la OEA, cuya Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otros organismos similares, nacionales internacionales, ya documentaron sus crímenes. 

Metidos en una situación desesperada perdieron el equilibrio entre la razón que les condena y sus posibilidades de sobrevivir dentro del mismo loco círculo de poder absoluto. 

Desquiciados como están, no les parece ridículo pedirles a los testigos que olviden todo, y mandándoles a decir con el bufón que los muertos que la familia mató “gozan de buena salud” y, por lo tanto, no deben aplicarle la Carta Democrática.

Suceda lo que suceda la dictadura caerá”, aseguraba en el título de la columna que el poeta Manolo Cuadra publicaba en un diario capitalino, en tiempos de Anastasio Somoza García. Y Manolo no se equivocó. 

Esa seguridad la tiene el pueblo nicaragüense respecto a la dictadura Ortega-Murillo, aunque estos piensen ganar solidaridad internacional por el hecho de que el atropellador Donald Trump y el fascista Jair Bolsonaro, desprestigian las medidas de la OEA contra “Nicaragua” y de paso justifican sus políticas contra Cuba, Venezuela y Bolivia, mientras apuntalan el avance de la ola ultra conservadora en América Latina. 

Puse adrede entrecomillas el nombre de nuestro país, porque, cuando esos adalides de la reacción internacional hablan de medidas contra Nicaragua, deberían decir: contra la dictadura Ortega-Murillo.

Por su parte, los líderes de la izquierda latinoamericana también mienten cuando hablan de solidaridad con el pueblo nicaragüense, siendo que, en realidad, solo están pensando en la solidaridad con los Ortega-Murillo.

De continuar esa aparente locurita de ambos lados, derechas e izquierdas, la que saldrá perdiendo será la lucha de nuestro pueblo, si antes no se alerta y no desenmascara las interesadas confusiones políticas, como las señaladas.