Opinión

Discurso simbólico y realidad

Ante la censura impuesta por el gobierno, el uso de las redes sociales ha crecido de forma exponencial, durante las jornadas de protestas estudiantiles



Ante la censura impuesta por el gobierno, el uso de las redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter y WhatsApp), ha crecido de forma exponencial, durante las jornadas de protestas estudiantiles. Nunca como para estos días fueron copadas por distintos sectores de la sociedad nicaragüense. Incluyendo a padres de familias. Se trata de un hecho sin precedentes. Las redes están siendo utilizadas por los jóvenes, como plataforma ideal para autoconvocarse. Comenzaron hacerlo de forma masiva la tarde del miércoles 18 de abril, cuando se ubicaron frente al portón principal de la Universidad Centroamericana (UCA), para demandar la derogación de las reformas al seguro social. De manera fulminante fueron agredidos por fuerzas de choques afines al gobierno.

A los reclamos de los universitarios de la UCA, se sumaron sus compañeros de la UNI. La expresión de solidaridad fue inmediata. A partir de ese momento, el apoyo a los universitarios comenzó a extenderse por diferentes lugares de la capital. En un vuelco sustantivo, las redes empezaron a ser utilizadas de una manera diferente. Dejaron de servir únicamente para tomarse selfis. Los estudiantes están recurriendo a ellas de manera sistemática para informarse, movilizar a la ciudadanía hacia distintos puntos de la capital (especialmente hacia la Universidad Politécnica, Upoli), para requerir ayuda, dar a conocer sus acciones, informar sobre los estudiantes muertos y el estado salud de los heridos. La ola de solidaridad a su favor ha sido inmensa.

Durante las jornadas en París —el próximo mes mayo estarán cumpliendo cincuenta años de haberse realizado— los estudiantes que las promovieron y lideraron, fueron cuestionados por el filósofo alemán, Hans Magnus Enzensberger. En vez de recurrir a las radioemisoras para movilizar a estudiantes y obreros parisinos, se fueron a La Sorbona a imprimir afiches y volantes. ¡Grave error! Debieron apostar al medio de comunicación más desarrollado y no lo hicieron. De entonces a esta parte los estudiantes aprendieron la lección. En Nicaragua se han asistido de las redes sociales —las plataformas de mayor demanda en un país mayoritariamente joven— para autoconvocarse, generar solidaridad y obtener el apoyo decidido de la población nicaragüense.

La puja por desmentir el discurso oficial entró de lleno en la palestra. La decisión gubernamental de poner en tela de juicio las acciones de los universitarios, a través de los canales propiedad de la familia gobernante, se volvió en una campaña de desprestigio, señalándolos de vándalos y criminales. Para contrarrestar la narrativa oficial, estudiantes, profesores y autoridades de tres universidades —UCA, UAM y Pablo Freire— respaldaron las acciones estudiantiles. El sábado 21 de abril, la Compañía de Jesús, emitió un comunicado dándoles un espaldarazo. En igual sentido se han manifestado en las redes sociales, los rectores Ernesto Medina, de la (UAM), y Adrián Meza Soza, de la Universidad Pablo Freire, exigiendo el cese inmediato de la represión.

La solidaridad brindada por los jesuitas a sus estudiantes, constituye un severo mentís a las aseveraciones de los medios oficiales y oficiosos. A tono con la gravedad del momento, los jesuitas fueron los primeros en manifestarse: lamentando la violencia con que responden al legítimo derecho de todos los nicaragüenses a expresarse en contra de las reformas al sistema de seguridad social y en defensa de una verdadera democracia. Igualmente rechazan la agresión física ejercida de manera injusta y desproporcionada en contra de los estudiantes y ciudadanía, cuando protestaban pacíficamente desde el portón principal de la UCA. Una posición clara a favor de los jóvenes que se están formando en sus centros de estudios y como parte de su compromiso ético. Darles la espalda sería una traición.

Como muestra de unidad, los jesuitas cerraron filas de forma esperanzadora. De manera conjunta externaron su posición en torno a la grave situación que vive el país, rechazando de manera enérgica los agravios cometidos contra el estudiantado universitario, de primaria y secundaria. Sus muestras de solidaridad son contundentes y explícitas.  El sábado 21 de abril, hicieron público un comunicado de apoyo, firmado por P. Rolando Alvarado, Provincial de los Jesuitas en Centroamérica, P. José Idiáquez, rector de la UCA, P. Everardo Víctor, director de Fe y Alegría, P. Iñaki Zubizarreta, superior de los Jesuitas en Nicaragua, P. José Domingo Cuesta, rector del Colegio Centroamérica y P. Juan José Colato, párroco de la parroquia de Santo Domingo.

No habían transcurrido veinticuatro, cuando la comunidad jesuita de Nicaragua, recibió un mensaje de aliento de parte del P. Roberto Jaramillo Bernal, S. J. presidente de Provinciales Jesuitas de América Latina y El Caribe (CPAL). El comunicado empezó a circular el domingo 22 de abril. El respaldo a los jesuitas contiene expresiones de solidaridad con las víctimas y todas las instituciones, personas y familias que han sufrido ataques en los últimos días y les agradecemos su coraje y deseo valiente de construir una Nicaragua y una América Latina, libre, justa y democrática. La rapidez con que externó su sentir y el cierre de filas, fue para que no hubiese equívocos. Jaramillo Bernal pidió al presidente Ortega, escuchar el clamor del pueblo, pidiendo respeto por sus derechos humanos.

Los dos comunicados de los jesuitas forman parte de la puja discursiva y la lucha por la verdad y el entendimiento. El confrontamiento a las narrativas oficiales ha sido visible durante los cuatro días más álgidos de protestas (jueves 19, viernes 20, sábado 21 y domingo 22 de abril). Esto supuso dejar al desnudo la fragilidad del discurso simbólico, cuando se contrasta con evidencias asentadas en la realidad. Especialmente cuando las personas tienen la oportunidad de verificar los hechos. Las afirmaciones y desmentidos son una constante a través de las redes. Cuando los estudiantes fueron acusados de vándalos y formar parte de los saqueadores de comercios y supermercados, en las redes sociales circularon las siguientes imágenes, para refutar el discurso oficial.

Saqueo1
Una imagen difundida través de Facebook, como respuesta al discurso oficial. Una camioneta de la policía aparece cargada de electrodomésticos. Confidencial | Cortesía
Saqueo2
Otra imagen muestra que los saqueos fueron realizados a vista y paciencia del órgano llamado a resguardar la seguridad de los negocios. Confidencial | Cortesía

Igual disputa se produjo en las redes sociales, en relación a quiénes eran los responsables del asesinato del periodista Ángel Gahona. El desmentido a las informaciones de las televisoras afines al gobierno, fue inmediato. Una manera de comprobar que el monitoreo informativo es mutuo. La narrativa oficial fue refutada por los periodistas de Bluefields. Para demostrar la verdad, publicaron varios screenshop (capturas de pantalla) donde demuestran que Gahona temía que ocurriesen agresiones violentas de parte del sector gubernamental, en otros contradecía los llamados a la concordia y unidad del gobierno. Los periodistas que filmaron el video que registra su muerte, rechaza que los disparos provinieran de los protestantes. El texto e imagen siguientes son elocuentes:

Angel
El screenshop y el video forman parte de las pruebas presentadas por los periodistas de Bluefields para desmentir que Gahona fue asesinado por los manifestantes.

Los gobiernos en épocas de crisis necesitan poner en vitrina, las expresiones de apoyo recibidas. En muchas ocasiones asumen el riesgo de incluir mentiras, a sabiendas del peligro que corren. Un movimiento extremo. A la postre las mentiras podrían resultarles contraproducentes. Al desvirtuar de forma categórica sus falacias, se convierten en los grandes perdedores. Hay que considerar que la erosión de la credibilidad, mina por igual el apoyo recibido de sus seguidores, como ahonda la desconfianza de los sectores opuestos a su conducción política. Este desliz ocurrió durante la marcha por la paz efectuada en Juigalpa, Chontales. El canal 13 la atribuyó como demostración de fortaleza política del partido gobernante. Con celeridad fue desmentida.

Marcha en Juigalpa
Los chontaleños desmintieron en Facebook que la marcha atribuida a simpatizantes del gobierno no era cierta.

En el discurrir histórico de los medios —la BBC de Londres— durante la Segunda Guerra Mundial, con intención de ganar credibilidad entre sus escuchas, asumió como política informativa, no mentir ante los golpes recibidos por las fuerzas aliadas. Argumentó que una decisión de esta naturaleza resultaba positiva al corto y mediano plazo, especialmente para cuando tuviesen que informar sobre las victorias logradas en el campo de batalla. Constituye un error pensar que la agitación, propaganda y contrapropaganda, son siempre efectivas. Los gobiernos tienen que considerar que en la lucha por ganar la batalla por la mente y los corazones, la política de la verdad resulta altamente provechosa. Más temprano que tarde termina imponiéndose.

La terca realidad —en ese juego de espejos donde realidad y discurso simbólico compiten— acaba demoliendo las falacias de las narrativas que se le oponen. El discurso oficial —desde hace rato lo vengo señalando— hace agua por todos lados. Saturado de clichés, lugares comunes y contradicciones, ha perdido frescura y credibilidad. Los llamados a la paz y la concordia eran desmentidos de manera contundente, debido a las acciones emprendida contra los estudiantes. Las redes muestran las contradicciones en que se encuentra atrapado. La más fuerte evidente: los ataques de la Policía Nacional contra los estudiantes que se encontraban (y encuentran), en las instalaciones de la Upoli. Las imágenes muestran a la policía disparando.

Los estudiantes heridos y muertos dentro de la Upoli, desmentían la narrativa oficial.

La pérdida de credibilidad de cualquier institución, significa la pérdida del activo más importante con que cuentan a su favor. El descrédito genera desconfianza en su actuación y en las decisiones que toma. Sobre todo, tratándose de hechos donde han muerto decenas de personas, en su inmensa mayoría estudiantes de los niveles de secundaria y universitaria. La ausencia de las autoridades universitarias —más allá de sus preferencias ideológicas y adscripciones partidarias— resulta lamentable. Su presencia en los recintos universitarios, era una exigencia imposible de eludir. Solo a condición de perder respeto y liderazgo entre el estudiantado podían hacerlo.