Opinión

El conflicto como esencia de democracia

Lo importante es crear entendimiento a través de marcos donde se diriman las diferencias. La gran coalición, esa de los muchos, ya pronto será realidad



Cuando empezó el levantamiento cívico de abril, muchos pensamos que era fundamental orientar discursiva y organizativamente la lucha en un momento donde el accionar de la protesta era disperso y disgregado, frente a la posibilidad que, tal y como había pasado anteriormente la oleada se disipara y retrocediera. Para la sorpresa de aquellos que veníamos de las ciencias sociales y las ciencias políticas, no hubo necesidad que se fuera construyendo una identidad política a partir de elementos comunes – aunque estos reflejaran el general rechazo al régimen – articulados en una narrativa que les atribuyera sentido, al final la realidad sucedió de otra manera. Una multitud de agentes se dieron la tarea de desplegar muchas voces, construyendo así, un discurso que dicotomizó el espacio político entre autoconvocados y el régimen dictatorial de Ortega y Murillo. Era el primer paso de una construcción de identidad popular que aglomeraba estudiantes, campesinos, mujeres e incluso agentes del sector privado. Esto poco a poco tuvo que ir trascendiendo, precisamente, porque la coordinación de la lucha frente al despliegue despiadado del régimen ameritaba saltos cualitativos.

De esta manera, surgieron los primeros intentos de unidad. La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) y la Unidad Nacional Azul y Blanco en su momento fungieron como las dos grandes confluencias. Pero faltaba más. No todos se sentían incluidos o se hacían crítica de un modelo evidentemente centralizado que, sin ansias de hacer apología a la centralización, era necesario en sus momentos de construcción. Y las dificultades continuaron a flor de piel, no porque había simples ansias de estar a la cabeza, sino porque los distintos puntos de vista —la mayoría del tiempo, vistos desde un solo ángulo, desde una posición en el espacio político, configurados a través de trayectorias individuales y colectivas— poco a poco no pudieron administrarse y dieron lugar al conflicto. Lo cual es sano.

Aquel que niega el conflicto como esencia de la política no es demócrata. Lo importante es crear marcos a través de los cuales se pueda administrar el conflicto producto de esas visiones e intereses. Ahí la clave de poder construir una unidad sincera, diversa que, a pesar de no incluir en un programa la totalidad de los intereses de todos los que disputan el poder a lo interno, pueda expresar el anhelo más grande por salir de la dictadura, no con una visión de corto plazo, sino con una visión de  larga duración, a través de la cual, una vez llegados al poder a través de las instituciones del Estado, la victoria no sea motivo de destrucción de lo ya acordado, pero sí de pautas para que, desde una democracia agonista jamás nos miremos como enemigos sino como adversarios capaces de deliberar dentro de marcos establecidos y, desde la capacidad política de cada uno de los agentes, de  imponer la visión particular de uno mismo como si fuera de interés general: ahí la hegemonía. El gobernar a través del consenso y no a través de la coerción.

Dicho lo anterior, puede haber un sin número de visiones, ideologías e intereses, o como gusten llamarles, sin embargo, aunque algunas son irreconciliables, siguiendo algunas dicotomías concebidas por Marx, es tiempo que nos alejemos por un momento de ideologías; de si sos liberal o sandinista y finalmente nos unamos. En primer momento, porque nos estamos jugando nuestro futuro, y en segundo momento porque en un escenario post dictadura habrá marcos a través de los cuales disputaremos el poder desde nuestras visiones de lucha, pero dentro marcos que jamás permitirán que las diferencias se traduzcan en cárcel o plomo. Eso es lo más hermoso de la democracia.

Unidad sí, pero asumiendo que el conflicto será una constante. Lo importante es crear entendimiento a través de marcos donde se diriman las diferencias. La gran coalición, esa de los muchos, ya pronto será realidad.

*Estudiante de Sociología. Miembro del primer Dialogo Nacional.