Opinión

El idilio de Nicolae y Elena Ceausescu

Nicolae Ceausescu. Foto: Wikipedia

Un mes antes del desenlace Nicolae y Elena gritaban: “¡Socialismo!”, y el pueblo les contestaba: “¡Abajo la dictadura!”.



Nicolae Ceausescu ingresó en 1936 al Partido Comunista; Elena, una empleadita de bajo rango, ahí lo conoció en 1937. La ideología le afiló las flechas a Cupido y se casaron al acabar la guerra contra el nazismo. Con la ocupación soviética, tras la II Guerra Mundial, Nicolae fue trepando hasta alcanzar la cima del poder.

Gobernó Rumania de manera estalinista, pero desmarcado de la política soviética. Primero de Kruschev, que quiso reservar un papel agrícola a Rumania. Después de Brezhnev, oponiéndose a la invasión a Checoslovaquia de 1968. Su desafío a Moscú le valió el elogio de líderes occidentales como De Gaulle y Nixon y la reina Isabel II. Bush padre, en 1983, lo llamó: “the good communist”. Lo cierto es que ejercía una horrible dictadura que el pueblo veía y el mundo parecía no ver.

En 1974 Elena volvió de Buenos Aires a Bucarest fascinada con Isabel Perón y su incidencia real en las cosas de gobierno. Desde entonces los rostros de Nicolae y Elena, que luengo tiempo durasen juntos, aflorarían en la publicidad estatal siempre idílicos.

Un mes antes del desenlace, en noviembre de 1989, Nicolae y Elena, en la nebulosa del poder, condenaron la “glasnost” de Gorbachov sin percatarse de los vientos de cambio en la Cortina de Hierro y en la Rumania de sus amores. Óculos hábent et non vidébunt (Sal 115, 5: “tienen ojos y no ven”). Nicolae y Elena gritaban: “¡Socialismo!”, y el pueblo les contestaba: “¡Abajo la dictadura!”.

Por eso, cuando más aliados que nunca se los condenó al paredón en un juicio sumario, ni el líder ni su mujer, juntitos los dos, advirtieron que su hora era concluida, que el pueblo que decían amar se les volteaba con violencia. Pues el poder, tórtolos del mundo, es fungible.