Política

Erica Chenoweth: Por qué la “resistencia civil” sí puede derrotar a una dictadura

“Los movimientos no violentos son más inclusivos, pero requieren más organización”. “Fracasan” cuando el Estado los divide

¿Revolución violenta, o resistencia civil? ¿Cuál es la estrategia más efectiva para terminar con una dictadura sangrienta y establecer la democracia?

El fracaso de la revolución sandinista, que derrocó a la dictadura de Somoza en 1979, enseñó en carne propia a varias generaciones de nicaragüenses cuál es el camino equivocado y, desde abril de 2018, una mayoría política azul y blanco, está empeñada en salir de una nueva dictadura a través de métodos pacíficos.

La experiencia histórica mundial pareciera indicar que este es el camino correcto, pero no está exento de riesgos, tropiezos, y posibilidades de fracaso. “La resistencia no violenta tiene mayores probabilidades de éxito, en cuanto a logros democráticos”, dice la politóloga Erica Chenoweth, una de las principales investigadoras y expertas en el debate internacional sobre el tema. Chenoweth atribuye las ventajas de la “resistencia civil” a su capacidad de generar movimientos masivos e inclusivos, que combinan diversas tácticas de protesta para debilitar al Estado represivo, pero explica que la resistencia no violenta demanda altos niveles de organización y coordinación, casi como un partido político.

Profesora en relaciones internacionales y derechos humanos en la Universidad de Harvard, Chenoweth es la coautora, con Maria Stephan del libro “Why civil resistance works” (Por qué es exitosa la resistencia civil), en el que compararon los resultados políticos de 200 intentos de revoluciones violentas y 100 campañas de resistencia no violenta en distintos países del mundo, durante el siglo veinte.

Su conclusión, basada en la experiencia histórica empírica, es categórica a favor de la resistencia no violenta, sin embargo, también ahonda en las razones que desembocan en el fracaso de estas campañas, entre otras, la división del movimiento provocada por el Estado represivo, o su incapacidad para adaptarse ante un proceso electoral, como ocurrió en la “primavera árabe” en Egipto entre 2011 y 2013.

Esta es la conversación que sostuvimos con la profesora Chenoweth en el programa televisivo Esta Semana.

Qué es la resistencia civil

Su libro Why civil resistance worksse basa en una investigación que compara los resultados políticos de las revoluciones violentas con los de los movimientos de resistencia civil, en muchos países. ¿Cuáles son sus conclusiones?

Las conclusiones principales son que entre el año 1900 y el 2006 los movimientos que dependieron, principalmente, de la resistencia no violenta tuvieron mayores probabilidades de éxito, en cuanto a logros democráticos o a la creación de territorios independientes a través de la secesión o la autodeterminación, que los movimientos que usaron tácticas revolucionarias violentas.

Además, (la profesora) Maria Stephan y yo, encontramos que esto se debe a que los movimientos no violentos tienden a ser más grandes y más incluyentes de muchos sectores diferentes de la sociedad, que las revoluciones armadas, que tienden a ser de pequeña escala en materia de participación activa, y tienden a involucrar a menos personas de la sociedad.

¿Cómo pueden ser exitosos los movimientos de resistencia civil cuando se enfrentan a una dictadura brutal que usa la fuerza y la represión con armas? ¿Cuáles son los factores clave de su éxito?

Hay varios factores clave. El primero es que los movimientos no violentos tienen mayores probabilidades, que los movimientos violentos, de generar una dinámica en la cual la represión brutal daña al propio régimen.

Esto significa que en todo el mundo es un patrón generalizado que la fuerza bruta contra personas no armadas tiende a resultar en defecciones en las fuerzas de seguridad y en la no cooperación por parte de quienes participan en la represión, porque consideran que la represión no es justificada o que no está alineada con sus intereses personales.

Puede ser el caso que estas defecciones suceden, incluso, antes de que la represión escale a una gran magnitud. De hecho, la mayoría de las campañas no violentas se enfrentan a intensidades de represión mucho menores que las campañas violentas, las cuales generan respuestas represivas amplias de parte del Estado.

Pero no todos los movimientos de resistencia civil son exitosos. Hay muchos ejemplos de respuestas represivas que se imponen a medida que las protestas masivas fracasan en el intento de producir cambios políticos. ¿Cuáles son las razones principales de estos fracasos?

Creo que la razón principal es que el Estado fue capaz de dividir y conquistar al movimiento, más efectivamente de lo que el movimiento fue capaz de dividir y conquistar al Estado.

Las técnicas de resistencia civil tratan, fundamentalmente, de lograr que los pilares de apoyo del Estado dejen de apoyarlo; los intereses económicos y de negocios; pero también las fuerzas de seguridad, los servidores civiles y públicos se empiezan a dar cuenta que seguir apoyando al Estado ya no sirve a sus intereses. Es mucho más fácil que hagan esto cuando el desafío está basado en la resistencia no violenta y reconocen que podrían tener un futuro en el Estado.

Esa es, en realidad, más una estrategia que trata de dislocar y dividir al régimen, y si el régimen es mejor en esto que el movimiento, dividiendo sobre rupturas sociales, infiltrando al movimiento, provocando al movimiento o a algunas personas dentro del movimiento a la violencia, entonces el régimen tiene probabilidades mucho mayores de ser exitoso al final.

¿Cómo se organiza la resistencia civil? ¿Es diferente de la protesta, de un movimiento social en general, del pacifismo? ¿Es un movimiento sin líderes nacionales, conducido por  autoconvocados”, como decimos en Nicaragua, o funciona como un movimiento organizado, liderado por activistas políticos?

La resistencia civil es diferente de la protesta. La protesta es una entre muchas miles de tácticas disponibles para los movimientos que usan la resistencia civil.

Las campañas más efectivas de resistencia civil usan muchos métodos diferentes, como las huelgas, los boicots, y los paros de brazos caídos, entre otras formas de no cooperación masiva, que muchas veces son, incluso, más efectivas que solamente la protesta.

Los movimientos que han sido exitosos alrededor del mundo, generalmente lograron coordinar una secuencia de estos métodos, de manera que, incrementaron la presión sobre el régimen, a la vez que se aseguraron de que las personas no estuvieran constantemente expuestas al riesgo de la represión durante las protestas en la calle.

Entonces, sí, eso requiere cierto nivel de coordinación. No requiere necesariamente un líder único, o un líder carismático. Pero sí tiende a requerir del esfuerzo cansado y cotidiano de la organización política y de la organización comunitaria, de la construcción de coaliciones, de la definición de una especie de frente unificado, por así decirlo, que puede cooperar y coordinar estos distintos métodos en el tiempo.

Eso se parece a la forma en que funciona un partido político. ¿Cómo un partido de cuadros?

Se parece un poco a un partido político, excepto que los partidos políticos están intentando competir por el poder a través de las instituciones. Por ejemplo, están intentando construir una coalición para postularse a cargos por medio de elecciones, para esencialmente tomar el poder por medios constitucionales.

La mayoría de las campañas de resistencia civil, al menos las que yo estudio, operan en sistemas en los cuales estos canales institucionales no están disponibles para un partido formal de oposición. Al contrario, la mayoría de estos movimientos están usando medios extraconstitucionales para crear y alcanzar el poder. Esto no significa que estén cerrados a cosas como la negociación.

De hecho, muchas de las distintas campañas, en la base de datos de la que estoy hablando, sí sostuvieron una serie de negociaciones con miembros del régimen al que se oponen. Pero sí indica que los movimientos exitosos, han creado una especie de sentido de inevitabilidad alrededor del cambio que promueven. De esa manera, se genera el interés para quienes forman parte del régimen de participar en negociaciones para encontrar un arreglo político pacífico de largo plazo.

Elecciones y coaliciones

Si el objetivo de la resistencia civil es derrocar a un régimen autoritario, o promover reformas y condiciones, por ejemplo, para unas elecciones legítimas, ¿cómo puede un movimiento de resistencia que no es un partido político, adaptarse a un proceso electoral?

Es una buena pregunta. Algunos movimientos no se adaptan exitosamente a un proceso electoral, y en ese tipo de situaciones, si un movimiento logra su objetivo, pero no logra organizarse como partido político significativo, entonces hemos visto contrarrevoluciones, o una especie de resurgimiento del viejo statu quo.

Esto es verdad en el caso de Egipto, por ejemplo, en el año 2011 al 2013. La oposición logró formar lo que llamamos una coalición negativa, es decir ¡fuera Mubarak!, pero no lograron después crear una coalición positiva sobre lo que reemplazaría al viejo sistema. Los militares entraron de nuevo dos años después.

Podemos comparar esto a Túnez, donde en Túnez, con una coalición negativa similar intentando sacar a Ben Ali del poder, pero luego pasaron en realidad tres, cuatro, cinco años en negociaciones muy difíciles y dolorosas que fueron ampliamente representativas de muchos sectores diferentes de la sociedad, para forjar la nueva Constitución y los nuevos partidos políticos que competirían.

¿Qué tan grandes y diversos son los movimientos de resistencia civil exitosos? ¿Son movimientos de unidad nacional? ¿Pueden resolver el dilema de la participación del sector empresarial, u otros que han sido parte del poder, y que le temen a la inestabilidad que asocian con las protestas y a participar en coaliciones que no controlan completamente?

Un problema muy difícil. Y, como mencioné, este tipo de dilemas históricamente no se negocian en las calles, sino que se lidia con ellos en el día a día por medio de la organización y el buen liderazgo sostenido. Siempre es un problema difícil de manejar para una coalición diversa, y puede potencialmente ser cooptada o secuestrada por intereses especiales.

Pero este no es un problema poco común, esto es cierto sobre toda la política. En la medida en que pueda existir liderazgo coordinado que rinda cuentas a diferentes sectores de la base de participantes a través de una especie de estructura de liderazgo basada en un consejo de coalición o coordinación, es más probable resolver estos problemas durante una campaña.

En las distintas experiencias que ha estudiado, ¿qué roles juegan la tecnología y las redes sociales en estos movimientos para conectar y organizar a los ciudadanos? ¿Puede el activismo digital compensar o sustituir a la movilización social y política directa?

Creo que hubo un tiempo cuando el activismo digital estaba compensando la falta de espacio material o físico para la organización, y ese tiempo ya pasó hace 10 o 15 años.

Ahora creo que las redes sociales son, más o menos, una manera de dividir a los movimientos, continuamente, y de vigilarlos, de infiltrarlos, de usar la desinformación en contra de ellos, o por lo menos de, esencialmente, segmentar los flujos de información hasta que existen genuinamente dos realidades diferentes y un país profundamente dividido.

Esto es algo que está sucediendo en los Estados Unidos. Puedo hablar desde nuestra experiencia, donde los efectos de las redes sociales, intencionales o no, son crear dos realidades vividas diferentes en este país, con muy pocos puntos en común. Eso no es algo bueno, ni para el progreso de la democracia, ni para el bienestar de las personas, ni para las proyecciones de la organización efectiva que podría cerrar esas brechas.

¿Cómo se adapta la resistencia civil al incremento de la represión? ¿Puede funcionar la resistencia civil frente a regímenes represivos brutales, dispuestos a usar la fuerza militar letal e irrestricta en contra de civiles sin armas?

Aproximadamente el 90% de los casos de resistencia no violenta, en mi base de datos, enfrentaron la represión letal y el uso de la fuerza por parte de sus oponentes. La mitad de estos fueron finalmente exitosos a pesar de la represión letal, y en ocasiones fue precisamente la represión letal que inspiró la movilización masiva y el apoyo a estos movimientos. La pregunta es, ¿cuáles son las alternativas?

Nadie argumentaría, en especial yo, que la resistencia civil es una propuesta libre de riesgos. Amenazar al poder usualmente conlleva bajas, pero la pregunta es, ¿con qué se compara? ¿Cuáles son los otros métodos alternativos para intentar buscar cambio social y político?

Por ejemplo, sabemos de los casos históricos de revoluciones armadas que su costo a la vida humana es mucho más alto que casi cualquier campaña de resistencia civil. Creo que en promedio una campaña de resistencia civil sufre algo como 22 veces menos muertes por año que la insurgencia armada promedio. Si lo pensamos de esa manera, es un método menos costoso pero no es un método sin costo.

Sin embargo, incluso las dictaduras tienen su propia cuota de apoyo de una base política, y también tienen la ventaja de controlar el Estado, el partido, el aparato represivo. ¿Hasta dónde puede mantenerse una dictadura sin colapsar?

No lo sabemos, y es diferente en cada caso, dependiendo del tipo de dictadura, dependiendo del nivel de lealtad del que goza el líder particular por parte de varios aparatos del Estado, y de otros sectores de la sociedad que apoyan al Estado. Así que, no sabemos; pero algo que puedo decir es que tampoco sabemos el nivel verdadero de oposición en un momento dado, porque la mayoría de las personas no caminan por ahí todos los días expresando como se sienten hoy en este momento sobre el régimen.

Algunas personas sí lo hacen, pero mayormente en momentos clave, de crisis, muchas personas son tomadas por sorpresa por la cantidad de gente que sale a oponerse a un régimen, de una forma que parece sorpresiva e inesperada, pero luego en retrospectiva la gente dice que era inevitable.

Por ejemplo, en Túnez, en Egipto, en Sudán hace año y medio, estos eran regímenes que llevaban décadas en el poder. En Sudán particularmente, el régimen llevaba 30 años en el poder y era liderado por alguien que había cometido genocidio contra parte de la población, entre muchos otros crímenes, y luego, de pronto el mundo descubrió que su régimen era mucho más frágil de lo que cualquiera sabía, porque el desafío del poder popular creció en tamaño y fuerza en unos pocos meses, a pesar del hecho que había represalias brutales durante ese periodo.

Entonces, la respuesta es que no sabemos, pero hay razones para dejar de creer la mentira de que todos los regímenes son inmutables, permanentes e invulnerables.

Erica Chenoweth, politóloga de la Universidad de Harvard. // Foto:Kris Snibbe / Harvard

¿Se puede neutralizar la represión?

Mencionó previamente las estrategias para debilitar a un régimen desde adentro, pero ¿cómo se puede lograr esto, cuando el régimen está siendo amenazado por un movimiento de cambio? ¿Cómo se llega a ese momento en el cual la Policía o el Ejército deciden que ya no se puede continuar con la represión?

Es una buena pregunta, y es difícil saber con exactitud. De nuevo, en cada caso hay diferencias. Pero, generalmente, hay dos cosas que vienen a la mente. Lo primero es, que un movimiento que crece en tamaño y diversidad tiene mayores probabilidades de crear situaciones en las que hay conexiones sociales directas entre los participantes e integrantes de la Policía o los militares, y esas conexiones personales empiezan a importar, especialmente a medida que se multiplican.

Lo segundo es, que a veces la Policía y las fuerzas de seguridad nunca defeccionan. Por una u otra razón, están sencillamente demasiado comprometidas con el régimen para defeccionar. Fue el caso en Sudáfrica durante la lucha antiapartheid, por ejemplo. Las fuerzas de seguridad nunca iban a defeccionar a favor de los distritos segregados donde vivía la población negra.

Alternativamente, el movimiento antiapartheid enfocó la presión en la élite económica y de negocios, para presionar al Gobierno a cambiar a través de esta. En ese contexto, ese fue realmente el pilar fundamental cuya cooperación marcó la diferencia.

Creo que depende de cada lugar. A veces la confrontación activa con la Policía o las fuerzas de seguridad es muy peligrosa y demasiado riesgosa, como en Sudáfrica, y puede ser poco sabio que los movimientos se enfoquen en ese pilar.

Los regímenes autoritarios frecuentemente descalifican a la resistencia civil como una conspiración financiada desde el exterior, desde Estados Unidos, desde la Unión Europea, y suelen enmarcarla como un supuesto “golpe suave”. ¿Se puede importar o exportar la resistencia civil de esa forma?

No, definitivamente no. Ciertamente hay evidencia de casos en los que hubo intentos de apoyar activamente a movimientos no violentos, y usualmente es contraproducente, porque básicamente impide que el movimiento establezca raíces locales y legitimidad local. Pero, de hecho, incluso esas formas de apoyo son mucho menos directas de lo que citan comúnmente los regímenes autoritarios, y es un patrón casi universal que los regímenes autoritarios culpen a actores externos por sus propios problemas domésticos, como una forma de distraer de los temas centrales y deslegitimar la campaña.

Es un patrón universal, no importa si hablamos de Turquía, Rusia, Venezuelao Donald Trump, el hecho que todos estos líderes dicen que son actores externos quienes causan sus problemas en vez de sus propios conflictos domésticos, demuestra que probablemente no es un clamor muy creíble.

Hay alguna relación entre las protestas nacionales y la presión externa y las sanciones internacionales para aislar a las dictaduras. ¿Cómo funciona? Al menos en los casos de Venezuela y Nicaragua parece que muchos sectores que están desgastados por la represión esperan, en exceso, soluciones políticas desde el extranjero.

Sí. No creo que haya mucha evidencia para sugerir, primero que todo, que existen actores internacionales que están en una posición para, efectivamente, hacer algo que ayudaría en un conflicto civil.

Creo que hay fuertes razones morales por las cuales los actores internacionales no deberían posicionarse como imperialistas intentado manejar los asuntos de otros Estados, y eso es cierto especialmente cuando se trata de los Estados Unidos, que se han extralimitado de esa forma muchas veces, causando mucha destrucción, muerte y devastación.

Las campañas de resistencia civil se trata fundamentalmente de movimientos domésticos de poder popular que están intentando ayudar a resolver problemas políticos reales que afectan las vidas y los medios de vida de las personas, y como tal deben manejarse mayormente de forma interna, en mi opinión.

Resistencia civil en tiempos de pandemia

¿Qué puede aprender el movimiento de resistencia civil en Nicaragua de de otros países como Chile, Hong Kong, Líbano, Bolivia, Venezuela, Puerto Rico o Bielorrusia en este momento, o de otros ejemplos históricos?

Tenemos cientos de ejemplos de movimientos de resistencia civil de todo el mundo que no son muy conocidos porque nunca se han contado sus historias. Y sus historias no se han contado en parte porque la gente le pone mucha menos atención a los episodios en los que los movimientos de poder popular usan métodos no violentos para derrocar sistemas injustos, de la que le pone a las revoluciones violentas que encienden la imaginación y destacan a héroes en nuestras sociedades.

Estoy hablando como estadounidense, sobre la especie de mitología de la Revolución de Estados Unidos, como un punto clave de nuestra historia que nos define, pero menosprecia todos los momentos increíblemente importantes en la historia de Estados Unidos que llevaron al final de la esclavitud, al final de la represión contra las mujeres, cuando las mujeres lograron el derecho a votar; y muchos otros casos en los que sabemos que los movimientos atraen a grandes números de personas porque las convencen de que les conviene trabajar con el movimiento, que utilizan métodos no violentos, que son fieles a su propio plan, incluso cuando la represión incrementa, y que son capaces de coordinar una serie de métodos de resistencia no violenta, suelen tener mayores probabilidades de ser exitosos.

Esto no significa que siempre son exitosos, pero muy pocos cambios progresistas han sucedido sin un movimiento de resistencia civil.

En Nicaragua, más allá del estado policiaco, bajo el cual estamos viviendo, la pandemia del covid-19 ha impuesto más restricciones sobre la movilización de los ciudadanos. Por un lado, la pandemia ha dañado la credibilidad del régimen por su negligencia y por propagar el virus, lesionando sus propias bases de apoyo político; pero por otro lado, la oposición no logra llenar el vacío de poder. ¿Cómo pueden los movimientos de resistencia civil resolver este estancamiento?

Es una buena pregunta. Y esto es cierto en muchos lugares del mundo en este momento. Me parece que una de las cosas más interesantes que han sucedido durante este tiempo es la innovación de nuevas tácticas que les permiten a las personas participar en varias formas de protesta y resistencia manteniendo el distanciamiento físico. Esto incluye muchas formas diferentes de protestas en caravanas vehiculares, o las protestas de cacerolas, en las cuales las personas golpean ollas y cazuelas desde dentro de sus hogares. Es una forma de ayudar a construir un sentido de solidaridad y unidad en estos tiempos.

Y muchos movimientos en todo el mundo, de hecho, están usando este tiempo esencialmente para reagruparse, diseñar estrategias, establecer planes para lo que sigue. La campaña no violenta promedio se toma tres años para completar su recorrido, y muchos movimientos en todo el mundo no están preparados para luchar tres años cuando inician.

Pero los momentos como este, cuando las acciones como las protestas en las calles no están tan disponibles de forma segura para las personas, pueden servir como una oportunidad para reagrupar y volver a interactuar, e iniciar a construir esas relaciones y coaliciones que son tan importantes luego.

Usted mencionó previamente que el éxito de la resistencia civil puede o no estar relacionado con la existencia de líderes nacionales. ¿Cuáles son los roles que pueden jugar estos líderes?

Los líderes son importantes como comunicadores, tanto internamente dentro del movimiento, como externamente ante el público con el cual están intentando sostener una conversación.

La pregunta es, ¿cómo estructura su liderazgo un movimiento y si está abierto a establecer lo que las académicas feministas llaman “resistencia repleta de líderes”? Quiere decir que un número de personas son capaces de cautivar la atención del público y del movimiento, y le rinden cuentas sobre su comportamiento y sus palabras a ese movimiento.

Esto verdaderamente ha ayudado a movimientos a navegar, durante diferentes periodos de estrés, emergencia y represión, de una forma que los hace más efectivos en el largo plazo.

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