Opinion

¿Cómo evitaremos una marea negra en el Cocibolca?

El canal inevitablemente ocasionaría un derrame de hidrocarburos y con ello el fin del valor del agua del Cocibolca

Otra inquietante pregunta no es si algún día ocurrirá o no, un evento catastrófico por la descarga de hidrocarburos desde un barco  siniestrado a las aguas del Gran Lago Cocibolca causando una marea negra,  sino ¿cuándo ocurrirá esta desgracia?, en caso llegue a concretarse la construcción del canal interoceánico a través del lago.

A partir de los lamentables acontecimientos recientes (incontrolable incendio y fuga de tóxicos combustibles) en los tanques de almacenamiento de la transnacional  PUMA, ha resultado evidente que  la capacidad nacional para responder a eventos catastróficos de esta naturaleza es muy limitada, y que Nicaragua  continúa dependiendo  para ello de las previsiones y acciones de las empresas y concesionarios extranjeros.   Estas empresas tienen intereses y prioridades que no necesariamente coinciden con las del país.   Estamos en manos de quienes aplican las directrices y regulaciones propias en el interés de dichas empresas e interpretan con laxitud las regulaciones ambientales y de seguridad nacional.

En los últimos años, hemos observado varios eventos de contaminación del subsuelo y de las aguas subterráneas en diferentes localidades de nuestro país, causados por fugas en los tanques de combustible de estaciones de servicio cuya insuficiente prevención no atendió las leyes nacionales, y cuya remediación posterior ha resultado inaccesible al conocimiento de la población.  Todos estos eventos, han ocurrido y los procesos se han mantenido de forma sumamente silenciosa y secreta, ayudado mucho por el carácter subterráneo del entorno en que suceden.   Son casos reales, ocurren algunos por error humano y otros accidentalmente, pero ocurren.

En 1989, el  barco petrolero Exxon Valdez ( 301 metros longitud  y 205 ton peso muerto)  uno de los tanqueros para cuyo tamaño-clase  ha sido concebida la iniciativa del canal por Nicaragua,  al encallar por error humano frente a la bahía Prince William descargó 44 millones de litros de petróleo crudo en las costas de Alaska,   y  hoy 27 años después la limpieza continúa.    Éste no fue el peor caso de marea negra en la historia, en realidad fue un evento menor (el 54º de la historia),  sin embargo, la industria pesquera no se recuperó nunca y los daños ambientales continúan.    Por comparación de magnitud, si cada uno de los dos tanques incendiados de PUMA en Puerto Sandino contenía 144 000 barriles Brent, el total involucrado sería 45 792 000 litros, o 45,800 metros cúbicos.  Cuánto combustible había en cada tanque, cuánto se quemó, cuánto se escurrió, no lo sabemos.   Pero evidentemente no estamos ante un evento de menor cuantía, es un incidente con consecuencias ambientales, sociales y económicas  severas para Nicaragua.

En un mundo en el que hemos llegado a depender en extremo del petróleo, los procesos de extracción, transporte, refinación y almacenamiento han sido normalizados y perfeccionados, habiéndose incrementado mucho la seguridad y  logrado  reducir considerablemente accidentes y eventos indeseables.  A pesar de ello, no existe en ninguna parte del mundo, un  sistema de prevención de catástrofes que sea 100% infalible.    Los eventos cotidianos así lo demuestran.

Los derechos que se ha concedido a una obscura empresa china por la Ley 840, le facultan a excavar un cauce en el fondo del Gran Lago Cocibolca, que facilite el tránsito de los barcos más grandes del mundo, que infortunadamente son al mismo tiempo los más frágiles y vulnerables debido a su inherente mínima maniobrabilidad.  Al transitar en el Cocibolca, estos leviatanes se enfrentarán a vientos promedio de 32 km/h empujando sobre el costado, que siendo barcos de más de 300 metros de longitud y 80 metros de altura,  la superficie del barco que ofrece resistencia al viento actúa como un gigantesco velamen, por lo que carecen de  posibilidad para compensar esa fuerza lateral ya que tendrían que avanzar a muy  baja velocidad dentro del proporcionalmente angosto cauce, resultando inevitable que algún navío,  en algún momento, se arrastre a lo largo del talud del cauce.   No necesita chocar, basta arrastrarse sobre la arena como le pasó al Exxon Valdez para producir roturas en el casco.    Y una rotura significa derrames, que no tienen que ser   necesariamente de un supertanquero para ser letales ya que  cualquier barco portacontenedores  clase “E”  siniestrado accidentalmente  filtraría al menos 5 mil metros cúbicos de su combustible, suficiente para arruinar para siempre la calidad del agua del Cocibolca.

Para los fines de la empresa china, el lago solamente interesa por su utilidad para navegar,  y por ello la calidad del agua del Cocibolca les es indiferente.   Para Nicaragua, los fines de la calidad del agua del lago están ligados al desarrollo nacional y la supervivencia de nuestra nación. Si ocurriera algo similar al encallamiento del Exxon Valdez o al incendio de los tanques de PUMA en un barco mientras transita en el Cocibolca, ¿cuáles serían las dimensiones de la catástrofe?   Claramente, sería el fin de la esperanza de usos óptimos para el Cocibolca : Agua potable para toda Nicaragua, excedentes para la exportación de agua a países vecinos, agua para la irrigación de los suelos de occidente.    Evidentemente es un precio demasiado elevado para una apuesta tan mala a un canal de rentabilidad mediocre, a la distancia de un simple accidente naviero en cualquiera de los barcos que podrían transitar en la ruta del canal. Sería un desastre ambiental sobre las aguas del Gran Lago Cocibolca, arruinando la calidad del agua para siempre.   Es innegable que este enorme riesgo permanente no es improbable ni  inevitable: el canal, una espada de Damocles sobre Nicaragua, inevitablemente ocasionaría un derrame de hidrocarburos y con ello el fin del valor del agua del Cocibolca.

Es importante recordar que la tecnología que se ha desarrollado para remediar las mareas negras hasta hoy, es solamente para aguas marinas abiertas, no para lagos cerrados de agua dulce.   Que el  propósito de la remediación que existe hasta hoy,  es dispersar el hidrocarburo, o sea formar una emulsión del petróleo en agua  usando surfactantes (detergentes).   Es decir, el contaminante  no desaparece, sino que se disuelve, por ello los efectos sobre la flora y fauna continúan.  En el mar, la dispersión del tóxico hacia aguas abiertas es la solución para la contaminación.  En el Gran Lago no existe esa posibilidad por ser un cuerpo de agua continental.

El desastre ambiental ocurrido en Puerto Sandino, es sumamente grave, aunque muchos de sus efectos sobre la vida marina y costera puedan hasta pasar inadvertidos a la observación indiferente,  no podrían superan una inspección imparcial crítica. Esto es un ejemplo de lo que podría ir mal,  una campanada de alerta para que nunca llegue a ocurrir en el Cocibolca. El concesionario chino, ni ninguna fuerza humana, tiene la capacidad de garantizar 100% de protección.    La ley 217 determina que obligatoriamente por el principio de precaución, esa obra no debe construirse.    Los principios de Ecuador, tampoco lo avalan.

Seguir adelante a pesar de estas consideraciones sería el final de las esperanzas para el  desarrollo nacional aprovechando racionalmente el activo ambiental de mayor valor para Nicaragua, nuestro Gran Lago Cocibolca.  En vista que no podemos apostar el futuro del país a intereses extranjeros, esperanzados que no ocurra algún desastre, la Ley 840 que hace posible este riesgo,  debe ser derogada.  Ésta es la forma de evitar que algún día ocurra una marea negra en el Cocibolca.

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El autor es miembro, Academia de Ciencias de Nicaragua.

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