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Gobierno lleva 12 años sin rendir cuenta de su “Programa Amor”

Centralización de la información pública impide la fiscalización ciudadana sobre programas como Amor para los más chiquitos

A doce años de su creación, el emblemático programa “Amor para los más chiquitos”, del Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, no ha rendido cuentas que permitan medir el alcance y efectividad de los invertido con donaciones internacionales y financiamiento del erario público, según confirma una investigación sobre la falta de transparencia en la gestión de las instituciones públicas.

“La rendición de cuenta que se hace es muy escasa y prácticamente es de cifras globales que no permiten saber quiénes están siendo beneficiados y en qué territorios”, precisó la investigadora Dayra Valle, durante la presentación de la investigación “Transparencia en el sector salud: el caso del programa Amor para los más chiquitos”, realizada por el equipo de Onda Local y el Colectivo Transparencia Nicaragua.

Valle, quien es especialista en transparencia fiscal, cuestionó la ausencia de auditorías públicas realizadas por la Contraloría General de la República. Por otro lado, reclamó por la falta de información pública que no permite realizar una “auditoría social”.

La investigadora no duda que el programa Amor tenga un efecto positivo, “pero no podemos saber la efectividad del caso, si lo que estamos gastando en la ejecución de este programas es lo que deberíamos de gastar, no podemos saber por ende la calidad del gasto, se están utilizando nuestros recursos y no se puede evaluar el impacto”, reclamó.

Durante el estudio los investigadores confirmaron que en el Minsa ni siquiera existe una Oficina de Acceso a la Información Pública, como manda la Ley 621, Ley de Acceso a la Información Pública, por lo que fueron remitidos a la oficina de relaciones públicas donde no les recibieron la solicitud.

Murillo controla todo

La falta de acceso a la información no significa que no existan estadísticas del programa Amor; sin embargo, persiste una “centralización de la información” que recae directamente en la vicepresidencia y secretaría del Consejo de Comunicación y Ciudadanía.

Para la investigadora, el proceso de centralización de la información inicia desde el momento de recolección, ya que se oculta hasta quienes son los beneficiarios del programa sociales. “No sólo estamos encontrando la ausencia de información sobre las políticas públicas, sino también sobre los programas que ejecutan, sobre los salarios de los empleados públicos, sobre los resultados de las auditorías”, subrayó.

Sobre la participación ciudadana la investigación dice que las personas han escuchado sobre el programa Amor, pero “desconocen cómo se financia el mismo”. Por otro lado, en las unidades de salud hay algunos murales con información general “que no permite hacer una rendición de cuentas”.

Quienes están involucrados activamente en el programa Amor son los secretarios políticos de los barrios, “estos secretarios son los que conocen y están más vinculados con los funcionarios de salud porque conocen el programa, están muy involucrados en la planificación, en la ejecución y el control social”, manifestó Valle.

Por otro lado, la investigación rescata que en el Minsa existen ciertos mecanismos de control, “pero estos mecanismos están enfocados en el cumplimiento de metas y no necesariamente en la calidad de los servicios”, explicó Valle.

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