Opinión

¿Hay estrategia estudiantil?

Lo que importa no es lo que aborrecen, sino, construir una dirección centralizada y coherente, que es esencial en cualquier lucha



Como en las actuales circunstancias prerrevolucionarias no puede haber estrategia estudiantil que no sea consecuencia de la estrategia nacional, a pesar del título del presente artículo no abordaré este tema, sino, la entrevista de Confidencial a los representantes de la Coalición Universitaria, publicada el 3 de septiembre, a quienes se les preguntó cuáles son las perspectivas y la estrategia del movimiento estudiantil en el corto y mediano plazo, de cara a la coyuntura actual de enfrentamiento nacional contra la dictadura orteguista.

A pesar de la admiración y del respeto conmovido por estos jóvenes que a pulso han hecho girar la rueda de la historia, en alianza combativa con todos los sectores sociales, y que para Marx un paso real era más importante que una docena de programas, en política lo esencial es determinar metódicamente la dirección en que se mueven las masas. Y es una característica del movimiento obrero analizar desde posiciones principistas la línea política que, por acción u omisión, con buena intención o menos, determina el curso de la lucha durante una oportunidad histórica que debe aprovecharse para el bien de la nación.

Lo ocurrido desde abril es ya el acontecimiento más prometedor de nuestra historia. Más importante, sin duda, que la caída de Somoza, que se puede considerar un ensayo para la presente gesta libertaria.

Una pregunta estratégica es para estrategas

La pregunta del entrevistador sobre la estrategia estudiantil, sin embargo, deben responderla estrategas, esencialmente políticos, además de militares, ya que el enfrentamiento más inmediato y trágico es, en estas circunstancias, contra fuerzas paramilitares. Por lo tanto, el análisis estratégico parte de las fuerzas en conflicto, de las propias y de las del adversario, en función de la relación que cada una de ellas guarda con la evolución más probable de la crisis, y con la conciencia política en desarrollo de las masas. El elemento esencial, sin embargo, además del programa político de cada fuerza enfrentada en la coyuntura actual, es la capacidad de conducción estratégica de quienes dirigen la lucha por ambos bandos.

Del lado del orteguismo no existe conducción estratégica alguna, sino, frecuentes chispazos irracionales que a un alto precio para la sociedad agravan la crisis innecesariamente. Conduciéndonos rápidamente a una crisis humanitaria terrible.

Cuando se pondera la evolución más probable de la crisis se hace referencia a la interrelación entre factores objetivos, como el colapso creciente de la economía (que los analistas prevén que caiga a -5% este año), y la respuesta, en propio interés, de los distintos sectores sociales nacionales e internacionales, tanto ante los factores objetivos, como ante los factores políticos que intervienen para agravar o para resolver la crisis.

Dirigentes versus caudillos

Por sus consecuencias, es lamentable que representantes estudiantiles no sepan diferenciar, conceptualmente, un dirigente, o bien un líder, de un caudillo. En la entrevista de Confidencial, los representantes estudiantiles dicen que aborrecen el caudillismo, y se definen como voceros, no como dirigentes.

Lo que importa no es lo que aborrecen, sino, construir una dirección centralizada y coherente, que es esencial en cualquier lucha. Lo que hace coherente una actividad cualquiera, incluida una lucha política, es el método con que viene dirigida. Cualquier científico es un líder en su campo. Un filósofo, igual. Lo mismo para un pensador economista, o bien, para un profesor. Un arquitecto que diseña un edificio, o un ingeniero que coordina la construcción de una obra, son dirigentes que en determinado campo técnico adoptan un método específico de trabajo coherente.

Caudillo es Arnoldo Alemán, William Walker, Somoza, Emiliano Chamorro u Ortega, que buscan el poder en beneficio propio. Un caudillo es un aventurero que surge como amo en momentos de degradación y de fragmentación de la sociedad. Y que debe ser apartado para que la sociedad pueda prosperar planificadamente.

Un dirigente no se improvisa. Si bien un combatiente puede ser sustituido, no es cierto que capturado un dirigente surja otro. Sus cualidades requieren formación teórica profesional, experiencia, coraje, y talento, y en el campo político ayuda a la comprensión de la realidad y del cambio progresivo necesario, es decir, real.

¿La Alianza Cívica es la que conduce la estrategia de la lucha?

Cuando el entrevistador pregunta si la Alianza Cívica es sólo un grupo negociador, o si es una organización en grado de dirigir la lucha contra la dictadura, los representantes estudiantiles responden que la Alianza puede encausar las demandas de los distintos movimientos, o que debe incorporar a otros sectores combativos para fortalecerse, o que es algo que viene cambiando.

Y no captan, por una visión intuitivamente anárquica, que la pregunta estriba en si es necesario construir una organización que pueda dirigir la lucha. El tema es dirección centralizada o anarquía y espontaneidad. Dirección centralizada no es la suma de todas las expresiones organizativas existentes, o de distintos sectores combativos, para consensuar algún grado de coordinación, sino, asumir un método de dirección, con las personas más capaces y consecuentes seleccionadas entre los luchadores, no entre simples opositores.

Lo importante es ver hasta dónde los representantes estudiantiles están atrapados en su propio gremio, o si poseen la conciencia política de insertarse metódicamente en una revolución de la sociedad contra un modelo opresivo en crisis.

Organización centralizada, clandestinaje y lucha de masas

El entrevistador les pregunta cuál es el rol de la Coalición Universitaria dentro de la Alianza Cívica que, como hemos visto, no es concebida como una organización para conducir la lucha. Los estudiantes responden que estar en la Alianza les permite estar en el diálogo de alguna forma. Y que el rol de ellos es llevar propuestas concretas, y organizar los territorios.

Sería el colmo que no llevaran propuestas, y que éstas no fueran concretas. Mientras hablen como voceros, no serán los llamados a responder ninguna pregunta sobre la conducción de la lucha. Esta conducción, por desgracia, les escapa del radar.

En circunstancias de clandestinaje es un contrasentido hablar de diálogo. Ninguna lucha de masas, organizada desde el clandestinaje, puede concebirse siquiera sin una dirección centralizada, con una estructura vertical.

Los llamados a una unidad ecléctica, de siglas y de aparatos, para consensuar horizontalmente propuestas (lo que es contrario completamente a la compartimentación impuesta por el clandestinaje), en estas circunstancias represivas es el mejor caldo de cultivo no sólo para la infiltración enemiga, sino, para que los agentes orteguistas ocupen incluso puestos de control en esa unidad ecléctica, y para que desde ella promuevan acciones destinadas a caer en una trampa.

La comunidad universitaria como expresión social de una lucha política

Pregunta el entrevistador si se deben reanudar las clases como exigen las autoridades que intentan aparentar normalidad. Y los entrevistados responden que no es justo recibir clases sabiendo que quienes murieron no van a volver a sus sillas.

Es una respuesta emotiva, no política. Lo que se debe ponderar, no es tampoco la suerte de quienes por razones prácticas deben permanecer en el clandestinaje, sino, si el grueso de la comunidad vota por reanudar las clases o menos, y bajo qué condiciones. Por ejemplo, si se expulsa a los paramilitares de los campus, si se convoca a elecciones de representantes estudiantiles, se libera a estudiantes detenidos, se reintegra a los estudiantes expulsados y a los profesores, se respeta la autonomía universitaria. La crisis de la sociedad, cada vez más grave, pondrá siempre a las universidades en movilización. Conviene unir a las masas, y estar a su lado con un plan de lucha, repudiando a UNEN y a las políticas represivas de Ortega. Si se disputan las calles, con mayor razón se deben disputar las universidades como espacio legal.

En este sentido, se les pregunta si creen que los campus pueden ser una plataforma de la lucha universitaria, responden que no quieren un muerto más, y que está abolida la posibilidad de entrar a clases. Pero, la lucha estudiantil no es necesariamente a base de barricadas y morteros. Hay contradicciones que inciden en la vida universitaria, y que generan reacciones políticas durante una crisis social que enfrenta a la sociedad con el poder dictatorial. Los campesinos y los trabajadores participan en la lucha sin abandonar sus propios medios de subsistencia. Los estudiantes no pueden proponerse una huelga indefinida al margen de la situación estratégica de la lucha de masas.

Partido político para participar en las elecciones adelantadas

Por último, el entrevistador pregunta si la Coalición Universitaria, en caso se adelanten las elecciones, se convertiría en un partido político. Y responden que no apoyarían a la Alianza si se convierte en partido político. Y que no permitirán que ninguna persona se aproveche de la situación. Que la ética es el pilar para construir la nueva Nicaragua. Que la gente apoya a los chavalos, pero sería pretencioso convertirse en partido político, que lo que se debe construir es un vehículo electoral, en el cual, los candidatos cumplan con el deber ético por el que se ha sacrificado la juventud.

Quien vea la sociedad desde una perspectiva ética, abstracta, deberá huir a la cumbre más alta del Tíbet y dejar que la brisa de la montaña le sople el alma. En la sociedad, la ética no existe separada de la política.

Es más, la ética se subordina a la política progresiva en cada circunstancia concreta. La discusión no es ética, sino política, concreta. Nadie, en esta lucha, se ha sacrificado por creencias éticas, ni siquiera los sacerdotes que han sido agraviados por la represión. Sino, por conciencia política. La modernidad, desde mediados del siglo XVIII, ha extraído los derechos humanos del ámbito de la ética para insertarlos como conquistas políticas. Toda la ilustración apunta a ello. La identificación con las víctimas de la opresión y de la barbarie orteguista es expresión de una cultura política universal convertida en derecho, es decir, en conquista jurídica.

Evidentemente, para aislar a Ortega se requiere formar un amplio movimiento azul y blanco, con amplias alianzas tácticas entre los distintos sectores sociales; y un partido político de masas, no tanto por una agenda electoral, cuanto porque se requiere una estrategia que responda programáticamente a los intereses de los trabajadores y al futuro desarrollo productivo de la nación. Sin tal partido, no hay estrategia en la lucha para derrotar la estrategia de la dictadura, a fin de destrabar la posible reconstrucción del país.

*El autor es ingeniero eléctrico.