La estratega política de los republicanos

Ana Navarro pasa tanto tiempo viajando que su residencia actual es el asiento 3B de American Airlines. Lo dice en broma, pero de ahí se asoma un poco de verdad. En pleno ciclón electoral, esta estratega republicana y comentarista política para cadenas como CNN, ABC y Telemundo, anda de avión en avión recorriendo Estados Unidos para seguirle el paso a unas primarias elásticas e impredecibles.

En debate republicano de CNN
En debate republicano de CNN

Amiga confesa de políticos como Jeb Bush y Marco Rubio, y férrea opositora a la candidatura de Donald Trump (él ha respondido pidiendo su despido de CNN), Navarro es una voz “codiciada” para posibles aspirantes y funcionarios ya electos, afirman medios como el Tampa Bay Times o el Miami News Times.

En vivo y en cadena nacional, esta nicaragüense suelta frases filosas, protagoniza fuegos cruzados y defiende sus argumentos ante quien sea: poderosos, comediantes, fanáticos… No importa. Asesora del senador John McCain y del gobernador Jon Huntsman en sus respectivas campañas presidenciales, “ella es franca y ella ama la controversia -cualquiera que sea el tema-“, comentó McCain al Tampa Bay Times

Navarro ha dicho sobre Hillary Clinton: no necesito que me ahogue en estrógeno cada vez que abre la boca. Sobre elegir entre Ted Cruz y Donald Trump: es como escoger entre la faringitis y la leucemia.

Con casi 26 mil seguidores en Twitter, sus respuestas a los trinos en esta red social son sagaces y con las dosis necesarias de sarcasmo para sobrevivir a la jungla cibernética. Hay de todo. Comentarios políticos, tuits sobre el autismo, el vino, Prince o Beyoncé.

El exilio

Ana Navarro Flores nació en Chinandega el 28 de diciembre de 1971. “Tuve una niñez muy feliz por unos cuantos años, hasta que empezó la guerra civil”, admite. En 1980 salió hacia Estados Unidos “pensando que iba a ser un tiempo corto, como suelen pensar tantos exiliados, nunca pensando que para mí iba a ser un cambio de por vida”, asegura.

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Es la menor de cuatro hermanos. Dos mujeres. Dos varones. Se fueron de Nicaragua porque a su papá, Augusto “Tuto” Navarro, lo perseguían por antisomocista. Huyeron a Honduras. De ahí, a Miami. Fue inscrita en una escuela católica donde no era la única niña centroamericana que tuvo que dejar su país por la ebullición política, por eso recuerda la escuela como “un campo de refugiados” en el que se empeñaron en enseñarles inglés.

Siempre fue decidida. Lo suyo eran los densos libros y la política. Desde pequeña fue voluntaria de campañas, asistía a mítines, iba a las entrevistas de radio en apoyo a la contrarrevolución en Nicaragua. Su papá era Contra. “Aprendí a involucrarme políticamente al lado de él, viéndolo a él. Crecí muy sensible al significado del sistema político y de las crisis en América Latina”, confiesa.

Por eso estudió Artes con énfasis en Estudios Latinoamericanos y Ciencias Políticas en la Universidad de Miami. Luego se convirtió en abogada.

Con Jeb Bush
Ana Navarro con el exgobernador Jeb Bush.

Durante su preparación como jurista, al Congreso de Estados Unidos pasó una ley que convertía en “deportables” a cientos de nicaragüenses y centroamericanos que vivían con permisos temporales en ese país.

Ella fue parte “de un esfuerzo legal y legislativo para lograr parar esa ley y buscarle solución al problema”, cuenta. El esfuerzo se llamó Ley de Ajuste Nicaragüense y Ayuda a Centroamérica (Nacara). Hubo huelgas, misas, vigilias para que fuese aprobada. Ella cabildeaba, buscaba votos.

Nacara fue aprobada en 1997. “No solo se detuvo la deportación, se pasó una ley otorgándoles estatus legal a ciertos nicaragüenses y centroamericanos. Es una cosa que realmente te toca el alma, es significante”, zanja Navarro.

En una fila del supermercado, mientras le echa gasolina al carro, en el aeropuerto, en todas partes, a Ana Navarro, se le acercan personas diciéndole que fueron beneficiarias de Nacara, afirma.

De CNN a Harvard

Fue en 2012. No recuerda el día exacto que la contrataron en CNN, tampoco cuándo salió por primera vez al aire, pero desde que empezó, a Ana Navarro es común verla en las cadenas más importantes de Estados Unidos: ABC, Telemundo, CNN en español. Recientemente fue llamada a participar en The View, un talk show ganador del Emmy y uno de los programas con mayor audiencia en ese país.

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Recientemente Navarro fue escogida por la revista Ocean Drive como una de las ocho mujeres que están cambiando Miami “para bien”

Navarro, quien es republicana desde que tiene “uso de razón”, empezó dando sus opiniones gratis. Después llegaron los contratos. Unos que comenzaron a multiplicarse. Como su fama.

Cree que es “un poco arrogante” decir que representa o habla por alguien cuando está en televisión. “Entiendo la gran diversidad de pensamiento que existe en la comunidad latina en los Estados Unidos. No somos un grupo homogéneo. Yo doy mis opiniones y hablo mi verdad. Algunos la comparten. Otros piensan que estoy loca. Hay veces, hasta mi propio papá, está en desacuerdo conmigo”.

Aunque admite que jóvenes hispanas la han abordado para decirle “lo mucho que significa para ellas ver a una mujer hispana en televisión. Hay muy pocas en el mundo de los medios en los Estados Unidos. Aquí el mundo político carece de diversidad, carece de suficientes voces hispanas, y caras hispanas”, recalca.

En otoño de 2013, Navarro fue llamada a dar clases en John F. Kennedy School of Government, de Harvard. Allí se encontró con alumnos hispanos que le pedían una cita. Eran estudiantes “muy humildes, quizás hijos de jardineros, hijos de empleados domésticos pero que han sido estudiantes extraordinarios que con enorme esfuerzo y sacrificio llegan a estudiar a Harvard”, explica.

“Fue una de las primeras veces en mi vida que realmente me di cuenta de la influencia y de lo mucho que puede significar, particularmente para la gente joven que está tratando de abrirse paso en la vida, ver (a) otras personas quizás de la misma nacionalidad, o de la misma cultura, que han logrado algún éxito”, comenta.

El precio de criticar a Trump

Si ella dispara opiniones sobre Donald Trump, el magnate y sus seguidores responden al unísono. En noviembre de 2015, exigieron a CNN su despido. La demanda sigue acumulando firmas. El probable candidato republicano colgó en su cuenta de Twitter:”CNN debe escuchar. Ana Navarro no tiene ningún talento, ninguna personalidad de televisión, y trabaja para [el candidato presidencial republicano Jeb Bush] -total conflicto de intereses-”

Así, el hombre al que el establishment no logra frenar, respaldó la petición. No es la primera, ni la única vez que se iban contra ella. Navarro lo llama “gajes del oficio”.

“No puedo apoyar a un candidato–aunque llegue a ser el candidato de mi partido– que llegue a decir las barbaridades que ese hombre ha dicho en contra de las mujeres, en contra de los hispanos, en contra de los inmigrantes, para mí es sencillamente imposible, significaría vender mis principios, y no estoy dispuesta a hacerlo”, asevera.




Donald Trump como presidente es una posibilidad que no le gusta ni pensar. “Yo no considero que Donald Trump está capacitado como persona, como ser humano, para ser presidente”, pero “en los últimos diez meses he aprendido a no subestimar a Donald Trump, y no sobreestimar a Hillary Clinton que es una candidata sumamente débil, con muchas deficiencias”, señala.

Basta escarbar en su cuenta de Twitter para hallar comentarios astutos, ocurrentes, o ácidos: “Si tan solo pudiera deshacerse del drama de Shakespeare y las pausas embarazadas, puede ser que un día sea capaz de escuchar a (Ted) Cruz sin una reacción alérgica. Tal vez”.

“Llamé a Trump infantil esta mañana en @NewDay. Como resultado, sus partidarios me han llamado ‘hipócrita’, ‘c * nt’ e ‘ilegal'” reza otro de sus tuits.

Navarro asegura que no se detiene a digerir lo que dicen de ella, aunque –confiesa– es la primera vez, en toda su vida en la política, que escucha “las palabras, las ofensas, las barbaridades que dice esta gente, no solo a mí, sino a personas similares a mí, a diario”.

Con Anderson Cooper y Andy Cohen
Con Anderson Cooper y Andy Cohen

Para plantarse en vivo a tocar temas controversiales “hay que tener piel de foca y dejar que el agua no penetre”, asevera. En lugar de pagar terapia, compra zapatos. Dice tener más que la persona promedio, pero menos que Imelda Marcos, viuda del exdictador de Filipinas Ferdinand Marcos, cuya colección rozaba los mil pares.

Casada y con residencia en Coral Gables, Miami. Amiga de Willy Chirino y de Gloria y Emilio Estefan, Ana Navarro se derrite por el vino, las ciudades cosmopolitas y los libros de Gabo y Jorge Amado. Habla inglés, español, portugués y un poco francés. Le gusta cocinar y le cuesta mucho regresar a Nicaragua, país al que no viajó por más de una década.

“Entre la muerte de mi hermano (en 2002) y la elección de Daniel Ortega, para mí Nicaragua se convirtió en un lugar de sentimientos encontrados, y que me traía mucho dolor. No logro reconciliarme con la idea de que Daniel Ortega ha vuelto a ser presidente de Nicaragua. Eso para mí es incomprensible”, confiesa.

A Navarro no le sobran las horas del día. Le faltan. Siempre está ocupada. En acción. Da su tiempo a cuentagotas y le angustia estar desconectada de internet. Le sucede cada vez que se sube a un avión. La idea de que se le escape una noticia de última hora es insoportable. Tiene que salir al aire. Soltar un tuit…

Con la actriz ganadora del Oscar, Whoopi Goldberg en The View
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