Opinion

La insurrección de abril

Cuando desechamos las banderas partidarias, surgió una lucha cívica que es más fuerte que cualquier ideología

Cuando salimos a las calles, como pueblo unido el 18 de abril; en toda nuestra lucha, desde que los universitarios salimos a las calles en apoyo al pueblo, cuando suceden las tomas heroicas de la UNAN, la UPOLI y la UNA y cuando el pueblo autoconvocado se reafirma en la lucha pacífica, no pensé que se iniciaba una lucha tan cruenta. Enfrentarnos a la represión sin precedentes, que ha desatado esta dictadura, con paramilitares y un engranaje estatal cómplice, ha sido difícil de asimilar para nuestra generación, crecida en una falsa democracia. Aun así, cada paso que yo doy, sé que me acerca a forjar un final diferente y un futuro mejor. He llegado a la conclusión de que Nicaragua merece este sacrificio, y no hablo de vidas humanas, más bien se trata de un compromiso de cambiar la mente y abrir el corazón; cambiando nuestro pensamiento, abrimos las puertas del cambio social.

Cada vida de nuestros hermanos asesinados ha sido un hilo que nos ha unido, no podemos vivir sin justicia y garantías de no repetición, aunque debemos saber que la no repetición implica que el pueblo asuma el cambio, que dejemos de repetir la historia. Nuestros muertos no dieron la vida en vano, tengo fe de ello.

Una misión de la Unión Europea pudo visitar a las presas políticas. Cortesía

El tirano ha intentado callar nuestro grito con sangre y fuego, ha tratado de acallarnos con la muerte o imponiendo el silencio entre paredes y rejas. Nosotros, estudiantes que alzamos la voz ante las injusticias y la violación de nuestra autonomía universitaria, fuimos encarcelados y agredidos por policías. Hoy yo sé que Nahiroby, Byron y Victoria —quienes aún siguen en prisión—, sienten, al igual que yo, que pagar el precio por un cambio real, vale la pena, nuestra esperanza está en el pueblo.

Cuando llegué al establecimiento penitenciario de mujeres, mi miedo se disipó con un abrazo, con el cariño de las mujeres que lucharon desde sus trincheras, sus pueblos y sus espacios: María Adilia, Nelly, Sol, Yolanda, Amaya, Patricia, Delmi, Irlanda, todas mis hermanas; ellas son esperanza encarnada, sueño vivo de un país verdaderamente demócrata. La justicia por nuestros hermanos muertos y su libertad debe ser nuestro estandarte, yo quiero una Nicaragua libre, sin presos políticos, sin persecución y sin violencia.

Nos ha costado un sacrificio enorme. Jamás pensé ver morir a alguien. Nunca imaginé que me encontraría en una cárcel espantosa. Pero sigue valiendo la pena, cuando sé que el pueblo no solo quiere un cambio de Gobierno, sino una Nicaragua libre de corrupción.

Cuando desechamos las banderas partidarias, surgió una lucha cívica que es más fuerte que cualquier ideología. El futuro debe ser pensando en ellos, los que murieron, quienes no volverán, es una obligación, para mí, cambiarme y cambiar al país. Debe ser compromiso del pueblo azul y blanco.

estrategia del caos Ortega
Una manifestante participa en una protesta contra Daniel Ortega. EFE | Bienvenido Velasco | CONFIDENCIAL.

La insurrección de abril ha sido un temblor renovador para Nicaragua. A raíz de esta, se pretende lograr una reforma a todo el sistema político, no solo mediante los medios legales disponibles, sino reformando la manera de pensar y hacer la política. Abril nos ha brindado una oportunidad de cambio radical en nuestra sociedad, tan cansada de dictaduras y gobiernos mediocres. Hoy, gracias a la valentía de muchos hombres y mujeres, hemos logrado tener una oportunidad de mirar hacia el futuro y tener la esperanza de una vida mejor.

Abril significa para mí reencontrarme con el compromiso de defender la libertad en todas sus formas: libertad de expresión, de pensamiento, de prensa, la libertad de vivir sin miedo ni dolor constante. Abril es para mí un nuevo comienzo de renovadas fuerzas, para seguir andando este camino encarnizado que decidí seguir. Porque abril es Gerald, Alvarito, Chester, Matías, Daryeli, y todos aquellos que forjaron nuestra lanza y escudo en esta batalla.


De estudiante a terrorista

Quiero hacer mención de mi respeto y admiración a todos aquellos estudiantes presos, exiliados, expulsados y perseguidos que son víctimas de esta dictadura. Y quiero que sea leído este poema de mi amigo y estudiante exiliado de la UNAN Managua, Maynor A.A.:

¡Oh compañeros míos! Vengan conmigo al atrio doloroso del rugir del tirano. Llenemos nuestras mochilas de paz y esperanza.

Asestaremos esta misma noche el corazón dictatorial, provocando vómitos e insomnios a la pareja presidencial.

¿Sabes cuál es el fulminante paro del corazón del tirano? Carguemos mochilas con lápices, libros y cuadernos. La ignorancia del pueblo es ganancia del tirano, el conocimiento pleno es su acertada derrota.

¡Alcemos la voz ante este arcaico sistema! Marchemos por las calles de la patria; alza tu voz, levanta tu pancarta y empuña tu mano en alto.

Es la voz del niño, el grito del joven y la vociferación del anciano que atemoriza los sueños del ronco advenedizo.

Los estudiantes conscientes son para el opresor delincuentes.

*Estudiante de la UNAN Managua. Miembro de la Coalición Universitaria, presa política excarcelada.

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