ad-200x90
Opinión

La nueva inestabilidad de América Latina

América Latina

La crisis brasileña y la venezolana son las dos caras de la nueva inestabilidad política en América Latina



Si alguien quiere convencerse de que lo que sucede en América Latina es algo que escapa a la supuesta revancha de una derecha “golpista”, que mire a Brasil.

Esta semana, coincidiendo con el veredicto contra Lula da Silva, la Comisión de Constitución y Justicia del congreso decidirá si la demanda por soborno contra el presidente Michel Temer, impulsada por el fiscal Rodrigo Janot, es avalada por el poder legislativo.

El presidente brasileño lleva dos meses en un limbo jurídico, rechazado por la mayoría de la población de ese gran país y confrontado por un ministerio público con la suficiente autonomía como para no cejar en el empeño de llevar al mandatario a la justicia. La precaria situación de Temer es la mejor refutación de la simplista tesis de que en Brasil hay un golpe de Estado en curso. ¿Cuándo se ha visto un golpismo tan débil?

La capacidad de negociación de Temer, dentro de una clase política extendidamente corrupta, ha sido la clave de su supervivencia. Pero esos medios pueden agotarse en los próximos días si la mayoría de los 40 diputados que integran la comisión dan crédito a las acusaciones de Janot. De ser así, Temer sería destituido por 180 días, el tiempo previsto para el juicio político del presidente.

Aún cuando Temer burle el cerco de la justicia, a Brasil le quedará un año de inestabilidad. El mandatario no rebasa el 7% de popularidad y los principales actores políticos ya están ocupados en el próximo proceso electoral. Pero las elecciones de octubre de 2018 no necesariamente implicarían un fin de la inestabilidad, ya que ninguno de los candidatos, ni siquiera Lula da Silva, proyecta una mayoría sólida, aunque su popularidad puede crecer tras la condena a prisión.

Todas las encuestas de Datafolha apuntan a que en las elecciones de 2018 deberá recurrirse a una segunda vuelta. Por debajo de Lula, que estaría en un 30%, los demás candidatos, Marina Silva, Geraldo Alckmin, Jair Bolsonaro…, oscilan entre el 10% y el 15% de los estimados. El próximo gobierno brasileño, incluido uno más de Lula, se enfrentaría a un fuerte dilema de legitimidad popular y a un arduo proceso de negociación política.

La crisis brasileña y la venezolana son las dos caras de la nueva inestabilidad política en América Latina. Frente al periodo de las transiciones democráticas de los 80 y 90 o al del ascenso de las izquierdas bolivarianas en los 2000, la segunda década del siglo XXI da muestras cada vez más claras del agotamiento paralelo de dos modelos de organización de la sociedad y el Estado: el neoliberal y el neopopulista.

Los gobiernos de Lula y Dilma dilataron el gasto social e implementaron una política exterior creativa, pero no avanzaron en la reforma del Estado, en la democratización del sistema político y en el combate a la corrupción. Ahora esas asignaturas pendientes pasan factura al régimen brasileño, de la misma manera que las grandes limitaciones institucionales de un chavismo sin Chávez han llevado a Maduro a un callejón sin salida.


Publicado originalmente en ProDavinci.