Opinión

La visión geo-estratégica mueve montañas

*Se considera que el ascenso geoestratégico de China es lo más relevante de las dos últimas décadas. Estudiosos, políticos y empresarios resaltan que China constituye una oportunidad de mercado y de recursos para América Latina. En este artículo, valoramos más la visión detrás de esas oportunidades, visión que “mueve montañas.”



Dos grandes visiones en 100 años

El ascenso de China se da de dos maneras. Primero, interconecta cuatro pilares, la “fábrica del mundo” donde se hace de todo bajo relaciones de subcontrato, facilitada por la “red de infraestructura” de inversiones en red vial, telecomunicaciones, energía, logística, transporte marítimo y en puertos, posible por la “red de suministro financiero” que financia dichas inversiones, y todo ello movidos por la “cadena de suministro de servicios estables” que provee reglas y reduce riesgos y costos de transacción para la inversión (A. Sheng y X. Geng, La próxima transformación de China). Segundo, además de apoyar inversiones de modo bilateral desde el Banco de Desarrollo Chino, en 2014 inició a hacerlo de forma multilateral: Nuevo Banco de Desarrollo que agrupa a los países BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica– y el Banco Asiático de Inversiones en infraestructuras (BAII) bajo la idea de “un cinturón, un camino” para conectar China con las economías de Asia y Europa en la “nueva ruta de seda”.

En los últimos 100 años se han dado dos grandes visiones acompañadas de cuantiosos recursos. La primera fue el Plan Marshall, luego de la segunda guerra mundial, que incluyó la creación de las Naciones Unidas, El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La segunda es el plan chino con su propia institucionalidad financiera. La primera fue el motor del comercio a través del cual EEUU consolidó su hegemonía; la segunda es el motor de la infraestructura que va posicionando a China y a los países emergentes en el cuadrilátero mundial. En ambos momentos, a pesar de ideologías diferentes, la visión moviliza recursos e institucionalidades con protagonismo del estado. Esa visión también puede ser peligrosa; ambas encarnaron grandes inversiones con menosprecio de sus efectos ambientales, económicos, sociales y políticos; Flyvbjerg, Bruzelius y Rothengatter (Megaprojects and Risk: An anatomy of Ambition), estudiando 70 años de información sobre mega proyectos, concluyen que éstos generalmente exceden sus presupuestos y cronogramas, obvian sus impactos ambientales, no son lugar de “números honestos” y son los peores proyectos los que finalmente se construyen.

Pensando desde América Latina

En las visiones descritas coaliciones de liderazgos estudian territorios más allá de sus fronteras, vislumbran una visión geo-estratégica interconectando ejes de inversiones, y en ese marco hacen que diferentes familias, empresas y países se involucren y actúen en redes, mientras movilizan recursos y se crea un ambiente institucional favorable. Por ejemplo, no se financia lo que el cliente solicita, pero lo que el cliente puede llevar a cabo bajo una visión de desarrollo en geografías (territorios) concretos, y ese cliente es asesorado y acompañado (¡vigilado!) en el cumplimiento de lo acordado; la investigación no es sobre la capacidad de pago del cliente, sino sobre el matrimonio oportunidades y capacidades de los clientes, y sobre una institucionalidad que fomente las inversiones.

En cambio, la mayoría de nuestros países en América Latina caminan esperando que las nubes se disipen y aparezca una visión que generalmente resulta en un futuro como continuación del pasado. Vemos a la sociedad como parte del conteiner nacional, limitado por las fronteras. Nuestra mentalidad es para el día, tener más tierra para tener más recursos, de forma “extensiva” en cualquier área o trabajo, y extrayendo ventajas ahora antes que las leyes y los funcionarios de gobierno sean cambiados. Así se siembra maíz y frijol para comer estos meses, se siembra café creyendo en la variedad milagrosa, se cría ganado en base a deforestar porque hoy es rentable, damos crédito con altas tasas de interés para recuperarlo este año, en la cooperativa tenemos socios en diferentes lugares para que nadie controle nuestras decisiones, y todo lo atribuimos a Dios y a la suerte. Criticamos la falta de institucionalidad en los gobiernos pero cuando somos parte de organizaciones obviamos las normas y los órganos de decisión con cualquier “buen” pretexto.

Hacia una tercera visión

El Plan Marshall fue complementado por el Estado de Bienestar en los países Europeos, el cual constituyó una red de seguridad para las personas desfavorecidas por el cambio económico. El Plan Chino, en cambio, necesita mucho más de ese complemento, porque el mundo actual es aún más “picudo” que los años de 1950 y 1970, con pocas montañas de prosperidad e inmensos valles de pobreza. El Plan Marshall adoleció de sustentabilidad ecológica, mientras ahora vivimos en un contexto de cambio climático, lo que implica que las mega-inversiones que se vislumbren sean responsables con el planeta. El Plan Marshall se impuso a países destruidos por la guerra y a estados sometidos (Alemania, Grecia, Italia, España y Portugal), mientras ahora vivimos la revolución de la información con más países que escalan a las montañas de prosperidad.

Iniciamos este artículo con una poesía escrita hace 808 años donde en un desierto unos ven “sequía”, “hambruna” y “sufrimiento” y otros ven “milpa”, “elotillos” y “alegría de Dios”. De las dos grandes visiones aprendemos que no es la fe ciega que “mueve montañas” sino la visión que hace que haya fe para mover montañas. Si la visión del Plan Chino toma en cuenta los déficits del Plan Marshall, incluye un tipo de Estado de Bienestar mejorado, reconoce que en los países en vías de desarrollo, igual que en China, las PYMES, el mundo rural, la agricultura y los bosques pesan y valen, y valora los cambios del presente junto a los diferentes grados de democracia que se practican y, sobre todo, si todo eso se basa en las ideas y fuerza de nuestras sociedades organizadas y sus gobiernos, estaremos cerca de una tercera visión más incluyente y más humana, capaz de influir los próximos 100 años. Y eso sí puede mover montañas hacia un mundo más “plano”.

René Mendoza es PhD en estudios del desarrollo, colaborador de Wind of Peace Foundation (http://peacewinds.org/research/), investigador asociado de IOB-Universidad de Amberes (Bélgica) y del Instituto Investigación y Desarrollo, Nitlapán-UCA (Nicaragua). rmvidaurre@gmail.com