Opinión

Libertad de prensa y libertad de expresión

Los practicantes de la censura pretenden terminar con la tolerancia de los medios no oficialistas con las ideas distintas



Hay tantas formas de intentar de imponer la censura de prensa, como intereses económicos, políticos y sociales existen en constante y plena contradicción en una sociedad donde cada sector representa esos intereses.  Y cada grupo social, político o económico intenta imponer la censura, según los recursos con que cuenta y su posición respecto al poder: si al lado del gobierno o fuera de él.  Es natural que cada cual, según su poder, busque el imposible privilegio de ser un intocable.  Lo que va contra natura es que alguien, además de su intención de cercenar la libertad de prensa, pretenda hacerlo extensiva a la libertad de expresión y de pensamiento.

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La libertad de fundar un medio de prensa (radio,televisión, etcétera), es un negocio másdentro de la libertad de empresa, y esta libertad responde más a los intereses privados que a los sociales, lo cualno significa que no tengan derecho a defenderla. Lo no correcto es confundir el derechoa libertad de prensa con la libertad de expresión, la cual ningún ciudadano puede convertirlaen un negocio más.  Esta diferencia ha existido siempre, aunque se ha ocultado por interés.  Existió en la dictadura somocista, continuó en la revolución, siguió durante los años 90 y sigue existiendo en la actualidad neoliberal disfrazada de revolucionariacon prácticas dictatoriales y ridículas pretensiones monárquicas.

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El ejemplo más reciente de que la libertad de prensa no es igual que la libertad de expresión, lo representa la compra de El Nuevo Diario que hizoun grupo financiero, pues casi de forma automática, este diario dejó la prácticaesencial del periodismo: la crítica al poder político o económico y la investigación en la cual se fundamente la crítica.  Ese grupo financiero hizo de un medio de comunicación su vehículo de propaganda empresarial –como corresponde a una empresa privada—  combinada con la defensa de puntos de vista políticos coincidentes con los del gobierno y de los grupos económicos privados.  Ninguna de estas funciones,son propias de la libertad de expresión ni de pensamiento. Estas libertadesmás bien las ha sido sacrificado, dando lugar solo a criterios personales que no contradicen las concepciones ideológicas de los inversionistas en el negocio de la información.

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Los intentos de censura de prensa, y la censura misma, vengan del gobierno o de la empresa privada, son explicables por los intereses que representan, pero nunca serán justificables, menos plausibles.  Eso por un lado, y en cuanto a la libertad de expresión, es un derecho humano, y por ello, debe ser inviolable, como inviolable es el pensamiento, pues de nada vale pensar sin tener derecho a expresar lo que se piensa.  No sé si logro explicar esa diferencia, pero sobran ejemplos de hechos en distintas épocas y protagonizados por personas con diferentes posiciones políticas, relacionadas con los intentos y las prácticas de la censura de prensa y de las violaciones a la libertad de expresión y pensamiento.

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Un dueño o ungrupo propietario de un medio de comunicación, a la par que defiende su derecho a la libertad de prensa –o de empresa—, puede limitar la libertad de expresión y pensamiento de sus redactores que no comulgan o contradigan sus puntos de vistas políticos y sus conceptos ideológicos y religiosos.  Esta práctica se estila de una manera absoluta en los medios oficiales.  Y en los medios privados se censura también, pero algunos, y en ciertas circunstancias, practican la tolerancia con otros criterios no identificados al ciento por ciento con su línea editorial.  Esas circunstancias, son: la represión y la violación de los derechos políticos y humanos; la corrupción y el autoritarismo cuando afectan a la mayor parte de la sociedad, sin distingos políticos e ideológicos.

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Estamos viviendo esas circunstancias y por eso se pretende imponer la censura a los medios no oficialistas, de parte del gobierno y la empresa privada a los medios que practican la tolerancia, la crítica a los poderes y hacen investigaciones: Confidencial, La Prensa, la Corporación y el Canal 12, cada uno con su perfil e intereses propios. ¿Por qué? Porque además de críticos de este estado de cosas, los practicantes de la censura pretenden terminar con la tolerancia de estos medios con las ideas distintas y a veces opuestas a las de sus propietarios.  Es decir, con la censura quieren volver al pasado, cuando durante los más de cuatro decenios de la dictadura, la censura fue una práctica generalizada, no solo de parte del gobierno.

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En ese lapso, se clausuraron muchos periódicos obreros, pero los medios de prensa privados nunca escribieron ninguna condena y, algunas veces, apoyaron su clausura porque divulgaban “ideas disolventes”. Igual silencio guardaron los medios oficiales en los años80, cuando se censuraba a La Prensa e incluso a El Nuevo Diario.  Pero los pretextos no fueron iguales.  Bajo el somocismo, se trataba de eliminar la libertad de expresión y de pensamiento de la clase obrera.  Y en los 80, el pretexto la defensa de una revolución de carácter populary anti campañas oligárquicas financiadas y asesoradas por agencias de los Estados Unidos.

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Que aquella revolución haya degenerado en otra cosa, no fue culpa de ningún periodista de los medios de comunicación oficiales de entonces, aunque ahora algunos de ellos practican su complicidad con el actual gobierno neoliberal, como otros periodistas latuvieron con los gobiernos de los 90, especialmente con el gobierno corrupto de Arnoldo Alemán.  Con uno u otro matiz, ningún medio ejerce con pureza su libertad de prensa ni respeta cabalmente la libertad de expresión de sus periodistas.  Y entre los periodistas, también hay quienes transigen con los inversionistas privados en los medios de prensa que cercenan su libertad de pensamiento y de expresión.

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En los primeros años 90, cuando en Barricada su director y los editores analizaron su situación como órgano oficial del FSLN en la oposición, y cuando se abría un período de gobiernos libero-conservadores con libertad de prensa, reconocieron lo inadecuado y extemporáneo de seguir ofreciendo una información oficialista.  No se pretendía dejar de ser órgano de prensa sandinista, sino un medio que reflejara los intereses nacionales, con tolerancia en sus páginas de opinión.  En lo informativo, se pretendía ser amplios; y rechazar, por ejemplo, la absurda imposición de dar mayor tamaño y siempre en la primera página, a la foto de Daniel Ortega; y menor espacio a las fotos de los otros comandantes, en cualquier página y nunca encima de una foto de Daniel.  Se seguiría defendiendo la revolución, pero no el culto a la personalidad, que tanto daño sigue causando.

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Aquel intento democratizador de Barricada chocó con los intereses personales de algunos comandantes, principalmente de Daniel, Bayardo y Tomás; este último se tomó violentamente el periódico, expulsó a su director Carlos Fernando Chamorro, y se instaló como el mandamás del diario, le empeoró su perfil oficialista y lo llevó a la quiebra.  La mayoría de los editores del diario renunciamos antes que perder nuestra libertad de expresión y pensamiento, máxime cuando el ex periodista Bayardo Arce, en uno de los últimos encuentros con él, sugirió que aprendiéramos a respetar las órdenes “de los dueños del periódico”, como lo hacían los periodistas de La Prensa con las órdenes de sus propietarios.

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Ese fue el momento en que Arce expresó ante los periodistas de Barricada su psicología burguesa de propietario, despertada con la piñata de bienes del Estado, y la voluntad de sus compinches de hacerse dueños del FSLN y de todo lo que se creía pertenecía a la militancia sandinista.  Así comenzaba el orteguismo a suplantar al sandinismo. Y de manera continuada, los mismos que atropellaron la libertad de expresión de Carlos Fernando y de otros periodistas, lo siguen haciendo, pero hoy con el acompañamiento de los empresarios del Cosep, en una mutua solidaridad motivada por sus comunes intereses económicos, reforzados con el ejercicio compartido del poder político.

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Ruperta y Ruperto:

–Visto todo lo anterior, Rupertó, es imposible no ver la relación existente entre el deterioro de los servicios de salud del INSS para los jubilados, con la alianza empresarial con el orteguismo…

–Y eso, Rupertá, aunque el Cosep diga ahora no estar de acuerdo, pues no olvidamos que la privatización de la salud con las previsionales, el Cosep la vio como una recuperación de la libertad de empresa…

–O sea, Rupertó, que aceptaron regalada la vaca del INSS, y ahora… ¡se afrentan de las cagadas de la vaca!

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