Nación

El libro del geógrafo y ambientalista Jaime Incer Barquero

Los secretos de los volcanes de Nicaragua

El país cuenta con ocho volcanes que están “entre los más explosivos del mundo”, aunque “es muy difícil predecir una erupción”, dice científico



Nicaragua tiene en su territorio más de cincuenta estructuras volcánicas entre activas, inactivas y extintas. La potencia y constante actividad de ocho de sus volcanes, entre ellos el Masaya y el San Cristóbal, perfilan al país como uno de los “más explosivos del mundo”.

El científico Jaime Incer Barquero siendo condecorado por la Academia de Ciencias de Nicaragua. Carlos Herrera/Confidencial

Los datos citados anteriormente se encuentran en el libro “Los Volcanes de Nicaragua”, escrito por el científico y geógrafo Jaime Incer Barquero. Esta obra es el resultado de una investigación realizada durante más de cuatro décadas e incluye el relato de sus observaciones, así como la recopilación de otros autores y una extensa bibliografía.

De los ocho volcanes que están activos, el volcán Masaya es el único que no ha dormido a raíz de su primera manifestación fechada en el tiempo de la colonización. El coloso ha estado continuamente en erupción, emitiendo lagos de lava o fumarolas.

“Después del Masaya, habría que darle un segundo lugar al Telica que ha tenido frecuentes erupciones. También el Cerro Negro, que a pesar de que tiene alrededor de 170 años de vida, ha producido más de 20 erupciones. El Concepción estuvo dormido por mucho tiempo pero en los últimos años ha estado lanzando arenas y cenizas sobre Ometepe”, dijo Incer Barquero en una entrevista realizada en el programa Esta Semana.

La erupción más potente

Aunque el Masaya, Telica, Concepción o Cerro Negro han tenido una constante actividad en los últimos años. La erupción que logró batir récord fue la que hizo el volcán Cosigüina en 1835.

En el siglo diecinueve los geógrafos aseguraron que la erupción del Cosigüina había sido el más fuerte “estornudo” que la tierra había dado en su actividad volcánica. De no ser por la manifestación del volcán Krakatoa (situado en el estrecho de Sunda, entre las islas de Java y Sumatra, en Indonesia), el primer lugar todavía estaría en manos de nuestro cono volcánico.

La erupción del Cosigüina, entonces es la segunda más brutal y violenta ocurrida en este planeta. Precisamente este hecho despertó el interés por conocer la vulcanología centroamericana de parte de viajeros, exploradores y de los primeros científicos alemanes que llegaron a finales del siglo diecinueve.

“No hubo acontecimiento tan espantosamente percibido por la gente después de tres días de oscuridad, de lluvia de ceniza, de temblores, de retumbo. Llegó un momento que consideraron que era el juicio final y trescientas parejas corrieron en busca del cura para arreglar sus cuentas con la iglesia”, continuó Incer Barquero.

Contrario a la magnitud de la erupción del Cosigüina, la manifestación del volcán Mombacho, fue más un deslave, una actividad inmemorial. Parte de su ladera norte se derrumbó en una avalancha primitiva que entró al lago de Nicaragua y formó las isletas.

En 1670 ocurrió otro derrumbe, y esta vez la pared sur del cráter que posiblemente contenía una laguna, se rompió, y toda esa agua se desbordó, formando una avalancha que arrastró rocas y árboles, y un pueblo indígena de al menos 400 habitantes.

“Pero no fue una erupción, fue una avalancha semejante a la que ocurrió en el Casita” hace diecinueve años, explicó el científico.

¿Cuándo despierta un volcán?

Vista nocturna del volcán Momotombo tras una erupción. Carlos Herrera/Confidencial

La reciente actividad volcánica de conos como el Masaya, San Cristóbal, Momotombo o Concepción, ha despertado la curiosidad de saber si es posible predecir sus ciclos.

Incer Barquero menciona que los ciclos expuestos por algunos científicos, han sido deducidos de los registros. Un vulcanólogo de la Universidad de California, llegó a considerar que en Nicaragua cada veinte años podría existir una nueva manifestación.

“Estamos en uno de esos ciclos quizás. Ahorita el San Cristóbal está emitiendo fumarolas, el Telica cada seis meses está lanzando cenizas, el Momotombo después de 106 años de silencio, reventó hace dos años, y luego tenemos el Masaya que ha sido permanente”, reiteró el científico.

De los ocho volcanes activos, Incer Barquero menciona que cinco están actualmente en funciones, pero que es muy complicado predecir cuándo habrá una actividad volcánica, sea erupción o lluvia de cenizas.

Respecto a este punto, los registros históricos demuestran que las explosiones peligrosas como el del Cosigüina o la del Masaya, que lanzaba ríos de lava y que llegó hasta Sábana Grande, podrían en un futuro tener un mayor impacto.

“La próxima erupción del volcán Masaya podría llegar al lago de Managua o destruir el aeropuerto o salir por el otro lado de Masatepe, pero bueno, es difícil predecir el comportamiento de los volcanes, debemos aprender a convivir con ellos”, remarcó el científico.

El lado amable de los volcanes

La riqueza fértil de las llanuras de León y Chinandega se debe a las erupciones frecuentes de la cadena volcánica de los Maribios, que cada cierto tiempo inyectan a través de sus arenas y cenizas, nuevos fertilizantes.

Este beneficio es aprovechado, pero sin conocerse a fondo. En el aspecto de la energía geotérmica, Incer Barquero menciona que debajo de cada volcán hay una cámara magmática en la que existen gases a presión. Actualmente solo se aprovecha el Momotombo y San Jacinto, pero todo volcán tiene un potencial que no se explota por el alto costo de este sistema.

“Además hay otros valores, por ejemplo el turístico. Sí hay excursiones, pero son desordenadas. Yo siempre he insistido en que todos los guías turísticos que están en Masaya, que suben el San Cristóbal, que van al Concepción, deberían tener un poco más de entrenamiento, porque la aventura es muy interesante, pero genera preguntas y a veces ellos no saben qué responder”, destacó el científico.

La infraestructura es otro punto a mejorar. Para llegar hasta el Cerro Negro, donde se práctica sandboarding, los caminos de accesos son intricados, no hay rotulación y no existe ningún sitio para que el turista descanse, ni tampoco para que reciba una charla sobre lo que va a observar.

“Por ejemplo en el volcán Masaya, debería de abrirse el auditorio para que a los turistas que lleguen ahí, se les explique lo que va a ver. Esta ha sido una petición que han hecho los mismos guardaparques, que dicen que no saben mucho y cuando les hacen preguntas, no saben qué contestar. Afortunadamente parece que el servicio del Parque Nacional va a permitir en uno de estos días, que llegue ahí a darles una exposición y darles algún material para que respondan a preguntas que tienen los turistas”, apuntó Incer Barquero.

El origen del libro

El libro del científico Incer Barquero, editado por la Colección Cultural de Centroamérica de la Fundación Uno, es un homenaje a los primeros cronistas, exploradores, vulcanólogos y a piratas que tuvieron contacto con los volcanes. Especialmente para el fotógrafo Franco Peñalba, que lo acompañó en los viajes realizados, además del vulcanólogo argentino José Viramonte.

“Esta actividad comienza con la necesidad de hacer una geografía nica que coincide con mi estadía en el Instituto Geográfico Nacional (ahora Ineter), donde tuve accesos a mapas, y a excursiones y durante esos diez años recorrí esos espacios”, narró el científico.

Incer Barquero agregó que cada vez que un vulcanólogo llegaba al Instituto, no se despegaba ni un segundo. En una de esas fue que conoció a Viramonte.

Uno de los grandes descubrimientos que realizó durante todo su recorrido, fue el hallazgo de que al momento de la conquista de Nicaragua, Francisco Hernández de Córdoba, supo de la existencia de los volcanes Momotombo y Masaya.

Fue Fernández quien reportó a Pedrarias Dávila que había encontrado “una boca de fuego”, y “cuando vino Oviedo se fue a dibujar volcanes y se los mandó al rey de España. Los primero volcanes que se conocieron como activos fueron Masaya y Momotombo y los primeros dibujos de volcanes de este continente fueron los que hizo Oviedo de los Maribios”, comentó Incer Barquero.