Política

Murillo en línea de sucesión dinástica

La primera dama actuaba como copresidenta de facto del país, ahora finalmente se coloca constitucionalmente en la línea de sucesión de su esposo

La sucesión familiar en el poder fue formalizada este dos de agosto en Nicaragua, con la inscripción del comandante Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo como candidatos a presidente y vicepresidente de la República por el gobernante Frente Sandinista, en las elecciones nacionales convocadas para el próximo 6 de noviembre.

Unos comicios administrados por un Consejo Electoral partidista, y en los que ha sido prohibida la observación electoral independiente y la participación de la oposición organizada en la Coalición Nacional por la Democracia.

Al final de la tarde del último día establecido para la inscripción de fórmulas presidenciales y candidatos a diputados de la Asamblea Nacional y ante el Parlamento de Centroamericano, Ortega y Murillo llegaron a la sede del Consejo Supremo Electoral (CSE), donde fueron recibidos por el tribunal en pleno.

Afuera, un pequeño grupo de activistas de la Juventud Sandinista se encargó de recibirlos con aplausos, y de colocar también papeletas con la imagen de quien hasta ayer solamente era la primera dama, vocera presidencial y jefa de gabinete de facto, que en el día a día ha actuado como la virtual presidenta del país.

La nominación de Murillo como vicepresidenta de su esposo, tiene únicamente un antecedente en América Latina, la fórmula integrada en Argentina por el caudillo Juan Domingo Perón y su segunda esposa María Estela (Isabel, Chabelita) Martínez de Perón, electos en 1973. Al morir Perón un año después, Isabel asumió la presidencia en 1974 y fue derrocada en 1976 por un levantamiento militar, que derivó en una dictadura militar represiva que se mantuvo en el poder hasta 1983.

Por qué Ortega anuló la competencia

Con la inscripción de Murillo como su compañera de fórmula, Ortega impuso su sucesión familiar en el poder, afirmaron los dirigentes políticos opositores Dora María Téllez y Luis Callejas, el programa de televisión Esta Noche.

La comandante guerrillera califica la decisión del FSLN como “un intento de imponer un régimen de partido único, en cuya cabeza está una dinastía familiar con poder económico y político”.

Téllez afirma que esto justifica el modelo de poder de Ortega: “un modelo de mando, autoritario, dictatorial (…), un régimen autoritario que se manifiesta en todo, incluyendo dentro del Frente Sandinista”, dice, pues hasta ayer la eventual candidatura de Murillo era descalificada y rechazada entre susurros por miembros del mismo partido de gobierno, a pesar del aparato propagandístico a favor de la pareja.

El candidato presidencial de la Coalición Nacional por la Democracia, inhabilitado por un fallo judicial que también sacó de la competencia electoral a la oposición, considera que la movida del oficialismo también “ahora aclara los por qué” de las acciones de los dos últimos meses en contra de la oposición, desde el arrebato de la representación legal del Partido Liberal Independiente (PLI) a principios de junio, hasta la destitución de 28 diputados opositores el viernes pasado.

“Todo es para asegurarse el triunfo de la dinastía familiar, porque esto no es popular. Los nicaragüenses vivimos una guerra por una dinastía familiar, no nos gustan las dinastías familiares. El Frente Sandinista, y miles de nicaragüenses, precisamente lucharon para desterrar ese tipo de gobierno en Nicaragua y esto es lo que estás viendo ahorita”, comparó Callejas.

El excandidato presidencial considera que Murillo “es la última ficha del tablero, la que hacía falta”, para demostrar la concentración del poder para instaurar una dinastía familiar.

El caudillo débil”: ¿y si no está?

Según Téllez, la acción del partido de gobierno busca resolver “cómo garantizar en manos de la familia Ortega-Murillo la continuidad del poder si Daniel Ortega falta”.

La historiadora estima que “la única explicación (por la que Ortega fue inscrito junto a Murillo) es porque él se siente débil”.

“Desde el momento en que se habla de sucesión es porque hay alguien débil. No habría ninguna necesidad de sucesión si estuviera fuerte. De hecho, cuando Daniel Ortega estaba bien, pues nombraba a otra gente como vicepresidente. Ahora vos tenés a un Ortega profundamente débil y en una situación aún más delicada de la que todos pensamos”, afirma Téllez.

“Eso es porque están pensando que Daniel Ortega va a faltar y eso lo que te pone sobre la mesa es un Ortega profundamente debilitado, que explica la conducta que se ha seguido en el último tiempo y la concentración de poder de los Ortega Murillo dentro del Frente Sandinista y afuera también”, insiste.

Callejas coincide con Téllez en que Ortega “está débil”.

Sin embargo, ambos también cuestionan cuánto puede perdurar este modelo. “El Frente Sandinista está instaurando una dinastía familiar, (pero) no sé cuánto va a durar”, dice Callejas.

Téllez se pregunta si “¿puede sobrevivir esa dinastía familiar con la falta de Ortega?”. A su juicio, “eso lo que está en discusión al final de cuentas”.

Ortega argumenta equidad de género

*Wilfredo Miranda Aburto

En un acto en las afueras del Consejo Supremo Electoral, el mandatario sandinista citó la ley 50-50, que busca la “equidad de género” en los cargos públicos del Estado promovida por su gobierno. Según Ortega, bajo su administración las mujeres que ocupan cargos ministeriales aumentó de 16.66% a 56.26%.

“Y para continuar con este buen gobierno, no dudamos en que la candidata a vicepresidenta fuera una mujer… ¿y quién mejor que la compañera Rosario? Con una labor puesta a prueba, con mucho sacrificio y sin horario”, dijo.

Murillo lucía emocionada mientras Ortega daba su discurso, en el que defendió al presidente del CSE, el magistrado Roberto Rivas, y repasó las elecciones de 1990, 1996 y 2001. “No hay juez que le caiga bien al público (…) Igual pasa con el poder electoral”, afirmó Ortega, en referencias a las críticas sobre los sucesivos fraudes electorales y una contienda sin competitividad, debido a que la oposición organizada en torno al Partido Liberal Independiente y el Movimiento Renovador Sandinista fue impedida de participar en los comicios del seis de noviembre por un fallo del Poder Judicial.

Al acto no le fue permitida la entrada a la prensa independiente.

Ortega y Murillo llegaron en sus Mercedes Benz al CSE a eso de las cinco de la tarde. El jefe de la bancada oficialista, el diputado Edwin Castro, presentó la fórmula presidencial, acabando con las versiones de que Murillo aparecería en la boleta electoral como vicepresidenta.

Murillo también recurrió a los argumentos del protagonismo de la mujer para endosar su candidatura. “La revolución popular sandinista es la que permite el protagonismo de las mujeres”, estimó Murillo en una intervención ante los medios oficialistas.

Murillo logra la candidatura después de contradicciones dentro del Frente Sandinista sobre su idoneidad para el puesto, confiaron fuentes del partido.

Al final del día, la primera dama se impuso, colocándose en la primera línea de la sucesión constitucional. Pese a que Murillo ejercía una especie de “copresidencia” en muchos aspectos del gobierno, no poseía un cargo de elección popular, que le permitiera aspirar a la presidencia en caso de ausencia de Ortega. Ahora tiene garantizado que será electa vicepresidente en las elecciones del seis de noviembre que han sido calificadas “como una farsa” por los opositores.

La inscripción de Murillo como candidata es precedida por los halagos del comandante Ortega en el acto del 37 aniversario de la Revolución Sandinista este 19 de julio, cuando resaltó “su lealtad”. Esta tarde, previo al acto en el CSE, en las calles de Managua aparecieron papeletas con la figura de Murillo en solitario intercaladas con otra impresión de la pareja presidencial junta.

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