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Nicaragua no es para peatones

¿Cuántos muertos habrá que poner para que se ponga un alto a semejante relajo en ciudades como Managua?



Nuestras ciudades priorizan, cada vez más, sus escasas inversiones en torno a los vehículos, en satisfacer sus necesidades de circulación y aparcamiento, aún cuando la gran mayoría de la población es peatón y depende del ineficiente transporte público.

Ciudades como Managua carecen de aceras, de sombras o aleros y de adecuada señalización de tráfico que respete al peatón, especialmente aquellos con capacidades diferentes. Por otro lado, los conductores hacen gala de una actitud salvaje que no respeta niños, mujeres o ancianos. Taxis y buses se detienen a recoger pasajeros en cualquier sitio bloqueando la libre circulación de los demás y aumentando el desorden existente. Las motos se han convertido en la plaga de la década y las vemos zigzagueando entre el tráfico denso sin respetar señales (cuando las hay), semáforos en rojo, peatones cruzando, etc., poniendo en peligro sus vidas y las de los demás.

Canales de televisión, casas comerciales, empresas de telefonía, todos ofrecen motos en rifas, promociones y hasta de regalo. ¿Cuántos muertos habrá que poner para que se ponga un alto a semejante relajo?

Según recientes estadísticas, en los últimos ocho años la venta de automotores nuevos alcanzó la cifra de 95,000 unidades, previéndose un incremento de 21,000 más para 2016. En cuanto a las motos, el año pasado se vendieron 55,000, esperándose una venta de 62,000 unidades más para este año 2016. Dicen que hay unas trescientos mil en el país.

Los datos anteriores nos dan un cuadro fiel del desproporcionado crecimiento del parque automotor, contrapuesto al raquítico crecimiento de la infraestructura viaria, lo que genera, lógicamente, embotellamientos, caos de tráfico, ausencia de respeto a las regulaciones de tránsito y accidentes a granel que tienen un serio impacto en la economía nacional y de las familias afectadas. Ni que mencionar tiene la contaminación ambiental y acústica que nos devora, especialmente en las horas “pico”.

Por ninguna parte veo que se haya lanzado una campaña de educación y seguridad vial que ayude a mejorar los conocimientos de los conductores y de los peatones; que castigue las infracciones sin que medie la coima; que genere una actitud consciente y respetuosa de la vida y la propiedad. Una verdadera campaña que enfoque también las responsabilidades de las Alcaldías en cuanto a aplicación de las leyes vigentes; la señalización adecuada de las vías y el respeto a las mismas; que facilite la circulación peatonal sin distingo de condiciones físicas; que ordene las áreas de estacionamiento que proliferan sin orden ni concierto por todas partes. Que obligue a los buses a estacionar en las bahías existentes y no soltar a los usuarios en mitad de la calle. Que garantice el adecuado funcionamiento de los semáforos, inteligentes o no. Que impulse una policía de tránsito honesta, educada, y proba.

Pienso que hay que reorientar las prioridades de inversión en este país; menos decoración vial y más educación vial. Hasta la fecha, poco se enfatiza sobre el impacto económico que tiene el caos del tráfico: pérdida de tiempo, pérdida de vidas, afectaciones a la propiedad, impacto en las familias, impacto en el sistema de salud y una larga lista de otros aspectos.

Pienso que hay una serie de medidas urgentes que se podrían aplicar, para las cuales se requiere poca o nula inversión, pero sí mucha voluntad política y que ayudarían a aliviar la congestión existente:

  • Obligatoriedad de uso de las bahías de buses.
  • Control de recorridos de los buses interurbanos, especialmente dentro de la capital.
  • Creación de puntos específicos de parada de taxis.
  • Control y revisión permanente de los semáforos, incluyendo la prohibición de mantas y rótulos que los obstruyen.
  • Instalación y mantenimiento de señales de tránsito.
  • Aplicación responsable de las leyes existentes por parte de los agentes de tránsito.
  • Obligatoriedad de proveer estacionamientos acordes a la actividad comercial para todos los negocios.
  • Proveer facilidades mínimas para que la circulación peatonal sea segura: reparación de aceras; reposición de tapas de manjoles en las esquinas; remoción de escombros y basura; definición de áreas de cruce peatonal en las calles y respeto a las mismas; construcción de rampas en las aceras para las personas con capacidades diferentes, etc.

Urge una actitud ciudadana responsable que permee toda la sociedad, especialmente desde las instancias de poder.


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