Política

El jefe del Ejército manda a retiro por segunda vez al jefe del Estado Mayor

Nueva cúpula del Ejército a la medida de Ortega

Ejército

Con siete años en el cargo, el general Avilés se proyecta como un subordinado político de Ortega



El jefe del Ejército de Nicaragua, general de ejército Julio César Avilés, ejecutó de forma sorpresiva un cambio en la cúpula militar al enviar a la “honrosa condición de retiro” al jefe del Estado Mayor, mayor general Oscar Mojica Obregón, y al Inspector General, mayor general, Adolfo Zepeda Martínez, los números dos y tres en la línea de sucesión de la institución castrense.

La decisión anunciada el lunes pasado, ocurrió a destiempo en un Ejército que hasta hace poco estaba marcado por la tradición y el desarrollo institucional que inició en los noventa, y además, porque es la segunda vez que los relevos del general de Ejército, Julio César Avilés, salen del paso mientras él se mantiene en el cargo desde 2010.

Mojica y Zepeda fueron reemplazados, respectivamente, por el aún general de brigada Bayardo Rodríguez Ruiz, antes jefe de Operaciones y Planes del Ejército, y el contraalmirante Marvin Corrales Rodríguez, ahora exjefe de la Fuerza Naval.

Expertos en seguridad afirmaron a Confidencial que ambos militares son elementos destacados por su carrera profesional dentro del Ejército, pero por el momento ninguno ha tenido mayor relevancia para postularse como sucesor de Avilés, quien llegó al cargo por un período de cinco años en sucesión del ex vice presidente Omar Halleslevens, pero se mantiene indefinidamente en el puesto tras una reforma al Código Militar, ordenada por el presidente Daniel Ortega.

Antes de Mojica y Zepeda, en diciembre de 2013, Avilés rompió la tradición institucional al mandar a retiro del mayor general, Óscar Balladares, quien desde el cargo de jefe del Estado Mayor y a menos de dos años del vencimiento del período de Avilés (antes de la reforma), era el candidato más fuerte y probable para el relevo en la Comandancia General.

Sin plazo y sin una clara línea de sucesión, Avilés se erige como jefe absoluto en la institución militar.

Los cambios en la Comandancia General, mientras Avilés se mantiene intocable, proyectan al general Avilés, como la figura con más peso en el Ejército, desde que Humberto Ortega dirigió por quince años la institución, mientras sus predecesores, los generales de Ejército Joaquín Cuadra, Javier Carrión, y Omar Halleslevens cumplieron con sus plazos de cinco años.

Sin embargo, el analista en asuntos de Defensa y Seguridad, Roberto Cajina considera que justamente “al contrario”, los jefes militares anteriores ejercieron una autoridad institucional frente a los gobiernos de turno y de cara a la sociedad que Avilés no tiene, pues se proyecta como un subordinado político del presidente Ortega. Los otros jefes, dice  Cajina marcaron el paso en el desarrollo institucional del Ejército, ya además irradiaban en sus filas una autoridad política y moral que Avilés no tiene, razón por la que también cree que ha sido imposible que Avilés imprima una personalidad a la institución.

En ese sentido, analistas en seguridad y defensa nacional comparan la figura de Avilés con el papel asignado a la Primera Comisionada Aminta Granera, en la Policía Nacional, se reduce a una pieza que Ortega talla y utiliza a su medida y conveniencia.

Decisión de la pareja presidencial

Los movimientos de fichas en la institución castrense resultan “bastante extraños” para el experto en temas de seguridad, Roberto Orozco, quien afirma que no ve una “lógica política” en los cambios.

Algunos analistas barajan la hipótesis de que con la salida de Zepeda se anula la influencia que la vicepresidenta Rosario Murillo tenía en el Ejército, insinuando que hay una pugna entre la pareja presidencial por el control del alto mando militar.

Sin embargo, el experto en temas de seguridad y defensa nacional, Roberto Cajina, asegura que no hay evidencia de una pugna como tal.

Cajina aseguró, en entrevista con el programa de televisión Esta Semana, que la salida de Mojica y Zepeda tampoco fue tomada per sé por Avilés, “sino que es una decisión consensuada con el Ejecutivo, el jefe supremo del Ejército”.

Si el ascenso de Rodríguez y Corrales marcan una línea de sucesión en el Ejército, bajo la influencia de Ortega y Murillo, Cajina cree que aún no lo sabremos. Por el momento, además, basta ver si se cumpliría la regla no escrita de que uno de los dos mayores generales, comúnmente el jefe del Estado Mayor, releva al Comandante en Jefe.

El abogado y teniente coronel en retiro, Irving Dávila, considera que en el Ejército, ahora “los cuadros son decisiones políticas para el reacomodo y la confianza que haya en los distintos oficiales”, al servicio de Ortega.

Ambos analistas coinciden en que el general de brigada, Bayardo Rodríguez, tiene experiencia profesional y trayectoria. Sin embargo, aún no es posible identificar si tendría un perfil autónomo dentro de la institución o si será otra pieza en la sumisión a Ortega, ni cómo eso podría influir en su ascenso militar.

Rodríguez además de ser miembro fundador del Ejército de Nicaragua es esposo de la ministra de Defensa, Martha Elena Ruiz Sevilla.

¿Rodríguez en la línea de sucesión?

El teniente coronel Irving Dávila, por su parte, considera que Ortega únicamente sigue tallando el Ejército que necesita, al punto de extender los períodos para retiro y jubilación para mantener a los viejos militares, que son a quienes les tiene más confianza, “premiándoles” en ocasiones con cargos a su salida, como ahora con Mojica, propuesto para la presidencia de Instituto Nicaragüense de Energía (INE).

“Yo lo veo como un reposicionamiento en los cargos que le de la seguridad en los años venideros”, valora.

La permanencia de Avilés ha creado un tapón en la renovación de la Jefatura Militar, pero Cajina estima que este aún no es un obstáculo para la carrera militar en la institución que a diferencia de la Policía Nacional mantiene una “estructura piramidal”. Sin embargo, sí observa un tapón en el “generalato”.

“El problema —dice— es que en la reforma que se hizo los oficiales generales pueden permanecer en sus cargos indefinidamente por interés institucionales o por otros motivos, entonces el tapón real no son estos tres cargos (en la Comandancia General), sino en el generalato”.

No obstante, añade Dávila, “abajo no hay presión por estos cargos”.

Según Cajina, un eventual ascenso de Rodríguez podría significar la vuelta del Ejército a la tradición marcada por el desarrollo institucional que se buscó en los noventa, rota con la permanencia de Avilés en el cargo. Pero el segundo período de Avilés concluiría en 2020 y aún es temprano prever qué habrá ocurrido para entonces.