Nación

Encarcelan a miembros de la estirpe que fabrica las bombas de contacto en Monimbó

Ortega se ensaña contra familia de “Julián, el monimboseño”

Familiares del verdadero “Julián, el monimboseño” relatan cómo se los llevaron. El régimen los elogiaba y hoy los convierte en presos políticos



Con el entrecejo doblegado por la preocupación, Socorro Alemán nos invita a entrar rápidamente a la casa. “¡Pasen, pasen! Al frente vive el sapo —dice la anciana azorada, en referencia a un partidario de la dictadura de Daniel Ortega— esta persecución es horrible… el sábado los policías entraron como animales y se los llevaron”. La mujer camina ligero mientras describe la violenta incursión de los antimotines a su vivienda ubicada en el barrio de Monimbó, en Masaya. En esta casa habita una estirpe dedicada al oficio de la pirotécnica desde hace medio siglo. El patriarca de esta familia, Julio García, desarrolló la bomba de contacto durante la insurrección contra la dictadura somocista en los setenta. Cuatro décadas después bajo el actual régimen Ortega-Murillo, el invento que ayudó a derrocar al tirano educado en West Point, le sigue costando persecución a esta familia de “bomberos”.

“Julio está allá —Socorro señala hacia la puerta de la pequeña sala, donde un anciano está encorvado arreglando con un destornillador la cerradura estropeada— los policías botaron la puerta, pero a Julio no se lo llevaron como andan diciendo”. Julio García, de 76 años de edad, es el famoso “Julián el Monimboseño”, el personaje que “hizo bombas de mecate para la revolución”, según la letra de la canción de Carlos Mejía Godoy, “Vivirás Monimbó”.

A quien los antimotines capturaron la mañana del sábado ocho de octubre en Monimbó fue a Lázaro García, de 72 años de edad, y hermano de Julio García. Los medios de comunicación identificaron a Lázaro como “Julián el Monimboseño”. La confusión no tiene que ver porque ambos son muy parecidos (la nariz ancha y la mirada franca), o porque los dos son pirotécnicos históricos de Masaya, y también son vecinos. En realidad, Lázaro se hace pasar como el personaje de “Julián el Monimboseño” desde hace varios años.

Lázaro García, haciéndose pasar como “Julián el Monimboseño”, posa para las cámaras de los medios de comunicación de la dictadura en febrero de 2018. Cortesía

La familia de Julio García asegura que a él “nunca le ha gustado figurar”. Lo invitaban a los actos sandinistas para rendirle homenaje por el invento de la bomba de contacto, pero prefería no ir. Una vez, los sandinistas de Masaya, encabezados por el alcalde Orlando Noguera, le ofrecieron unos audífonos para la sordera a Julio García.

Sin embargo, uno de los hijos de Julio (que prefiere omitir su nombre porque se salvó de ser apresado el sábado) dijo a Confidencial que fue su padre quien recibió a Carlos Mejía Godoy, cuando el compositor todavía usaba “esos pantalones campanudos”. El pirotécnico se presentó al cantor como “Julián” por mera desconfianza, y contó la historia de las bombas bajo ese mote. Tras la mistificación de “Julián el Monimboseño”, los hermanos siguieron en el oficio de la pólvora.

Cada uno fundó su propio taller pirotécnico y transmitieron el saber a hijos, nietos y hasta sus yernos. En noviembre de 2010, cuando aún no era un alcalde repudiado en Masaya, Orlando Noguera entregó sendos reconocimientos partidarios a los hermanos por “integrar las primeras células sandinistas”. De hecho, a principios de 2018, previo al estallido de la rebelión cívica el 18 de abril, los medios del Gobierno Ortega-Murillo enaltecieron a Lázaro García como “Julián el Monimboseño”.

“El ingenio de (Lázaro) García, contribuyó a alcanzar la victoria del pueblo, misma que hoy es vista por él y protagonizada por sus hijos, quienes gozan de paz, libertad y derechos restituidos”, publicó El 19 Digital el 18 de febrero. Mientras que la revista “Visión Sandinista” lo hizo también el mismo mes.

Con los reconocimientos enmarcados entregados por el partido sandinista, y al margen del personaje de “Julián el Monimboseño”, los familiares directos de Julio y Lázaro se sienten “agredidos y traicionados” por la “captura ilegal” de siete miembros del clan pirotécnico.

Se los llevaron por vender morteros

Los antimotines irrumpieron el sábado en la casa de los artesanos de la pólvora, y se llevaron a Lázaro García, Lázaro García (hijo), y a Alexander Pérez (yerno).

Los oficiales también ingresaron a la casa de Julio García, y capturaron a Martín Suazo, Edwar Suazo (hijo de Martín) y Dany García (hijo del pirotécnico), cuando construían la casa para un perro.

El domingo fueron liberados Alexander Pérez, los Suazo y Dany García. Sin embargo, la libertad para Dany García no duró mucho. La noche del domingo lo volvieron a apresar luego de que su esposa, Ruth Ester Matute, fue apresada ese mismo día cuando iba a dejarle comida a la estación policial de Masaya.

La hija de once años de Dany García acompañaba a su madre a dejar la comida, cuando los oficiales apresaron a la mujer. “La dejaron sola, llorando afuera de la estación y nos llamó para que la llegáramos a recoger —cuenta la abuela Socorro Alemán— después vinieron en la noche a llevarse con engaños a Danny, si no iba con ellos no la liberarían a la Ruth… ahora no sabemos dónde está él, si aquí en Masaya o en El Chipote”.

Kenia García, nieta de Lázaro García, asegura que su abuelo fue golpeado por los antimotines. Los detenidos fueron trasladados a las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ).

Los familiares de los artesanos, Julio y Lázaro, no entienden por qué los apresaron. Las fábricas de pólvora de ambos hombres no operan desde hace más de cuatro meses. Cuando iniciaron las protestas contra la dictadura de Daniel Ortega, ellos vendían morteros a los manifestantes. No lo niegan.

“Si uno vende chancho (cerdo), pues le vende a quien llegue a comprarle. Así que nosotros vendíamos morteros y cohetes a quienes llegaban — dice el hijo de Julio García— Para nosotros era complicado, porque si no le vendíamos a los azules y blancos nos acusaban de ser sapos, y si no le vendíamos a los sandinistas decían que éramos autoconvocados”.

La estirpe pirotécnica asegura que no vendían bombas de contacto a ninguno de los dos bandos, porque tampoco “las fabricaban”. Por eso catalogan como absurdo que los incriminen por ello, cuando la manufactura de las bombas de contacto se volvió de dominio popular en los talleres de pólvora de Masaya, y entre los rebeldes contra el Gobierno de Ortega. La familia García asegura que los mismos estudiantes compraban pólvora y fabricaban sus bombas en los recintos y barricadas; nada más que en vez de fabricarlas con cinta adhesiva (ese método es más peligroso), usaban vasos de vidrio pequeños, de “Gerber”. Cualquiera hace una bomba de contacto, cuya explosión equivale a la potencia de cuatro morteros juntos.

Varios paramilitares del Gobierno de Ortega resultaron gravemente heridos en Masaya cuando desmontaban las barricadas. Los rebeldes de esa ciudad dejaban bajo los adoquines bombas de contacto. Cuando la pala mecánica tumbaba el adoquín, la explosión golpeaba a los encapuchados armados con fusiles.

Las manos de Julio García. Carlos Herrera | Confidencial

Quizá lo que pague la estirpe pirotécnica de los García es haber diversificado este saber clandestino de la fabricación de las bombas de contacto desde los setenta. “Nosotros, nuestra familia, siempre ha estado con el pueblo —dice Socorro Alemán viendo a su esposo, Julio, absorto en la faena de reparar la cerradura rota— es triste lo que vivimos”.

El viejo Julio, el que la familia reivindica como el verdadero “Julián el Monimboseño”, ha vivido esta rebelión contra la dictadura de Ortega sin escuchar las explosiones rebeldes causadas, otra vez en Masaya y contra otra dictadura, por las bombas que hace décadas inventó y ayudaron a liberar a Nicaragua. El “grillerío en sus oídos” lo ha abstraído a una realidad sonora propia, ajena a las detonaciones. Al borde de la senilidad, el silencio es luz. La imaginación de “Julián el Monimboseño” se deslumbra, no oye.

“Yo siempre he sido muy inteligente con la pólvora —afirma Julio García mientras simula con sus torpes manos las luces de sus cohetes— Hice las mariposas de colores y el mortero de paracaídas para la Purísima que dan muchas luces… luces bellas como esas que hacen los chinos. Lo mismo que hacen los chinos hago yo”.