Opinion

Periodistas se organizan para defenderse

"El periodismo inició en 2008 una etapa regresiva en Nicaragua".

1.  Silencio cómplice

 Por quinta ocasión y por primera vez en el Siglo XXI fue fundada una nueva organización:  Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN), bajo el apremio de las circunstancias sociopolíticas que vive el país. Por estas mismas razones nacieron el Sindicato de Radioperiodistas, la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN) y el Colegio de Periodistas de Nicaragua (CPN). El sindicato surgió beligerante para enfrentar al somocismo en sus arremetidas contra la libertad de prensa. Esta misma causa sirvió de fundamento para la creación de la UPN el 1 de marzo de 1978, en la recta final de la lucha del pueblo nicaragüense contra la dinastía somocista. La APN fue creada el 21 de octubre de 1981 por periodistas disidentes de la conducción sandinista. El denominador común para la creación de estas organizaciones ha sido el estímulo político. Su rasgo fundamental.

El CPN ha sido la única organización creada por necesidades estrictamente gremiales. Los líderes de la UPN —Olga Moraga— y de la APN —Luis Mora Sánchez— llegaron al convencimiento que se volvía imperioso juntar los vigores dispersos. Una manera de trascender el encasillamiento político que había servido de base para la fundación de ambas organizaciones. Los periodistas se percataron de las diferencias sustanciales existentes entre aglutinarse en una organización por necesidades gremiales, qué hacerlo en un partido político o en una denominación religiosa. Las razones son diametralmente diferentes. El esfuerzo desplegado por acercar posiciones de los periodistas de la UPN y APN fue más que meritorio. El momento de dejar atrás el provincionalismo político había llegado. Limar asperezas fue una tarea a la que se dedicaron pacientemente Moraga y Mora Sánchez. Su esfuerzo valió la pena.

El retorno de los periodistas a posiciones políticas a ultranza ocurrió con la vuelta al poder del presidente Ortega en enero de 2007. La refundación de los Foros de Periodistas Sandinistas (FPS) implicaron de alguna manera el retorno al pasado. Las credenciales que acreditaban a los periodistas fueron metamorfoseadas. De un solo tirón las formas de encuadramiento gremial mudaron de piel. Los forcejeos por controlar a la UPN y al CPN originaron desavenencias entre los periodistas pertenecientes a ambas organizaciones. La división gremial era inminente. Los alineamientos partidarios fueron una exigencia inmediata de la dirigencia sandinista enquistada en el poder. A partir de 2008 no había espacio para la disidencia. Esgrimiendo diferentes pretextos y alentando el ingreso de jóvenes que no reunían los requisitos de ley, el CPN cayó bajo el control partidario sandinista.

El periodismo inició en 2008 una etapa regresiva en Nicaragua. Periodistas con una larga trayectoria profesional y académica —al no poder solventar las contradicciones— fueron echados de la UPN y el CPN. En el horizonte asomaron los primeros asedios políticos contra los periodistas que se negaron o abstuvieron del encuadramiento partidario. La intolerancia encontró tierra fértil. La línea divisoria fue tajante. El gobierno recurrió a la rancia premisa totalitaria: estás conmigo o estás contra mí. Desde entonces el calvario de radio Darío pareciera interminable. Telcor fue utilizado como instrumento represivo. A su actuación se sumó el uso del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y Dirección General de Ingresos (DHI) con la intención de amedrentar y condicionar las políticas informativas y editoriales de los medios adversos a las políticas gubernamentales. Una maquinaria implacable.

Lo doloroso e inesperado fue que la UPN y CPN sucumbieran e hicieran a un lado los intereses de sus agremiados. Con su mutismo han dado la espalda a los estatutos que rigen a ambas instituciones. Su silencio ha sido una estocada en la yugular para los medios cerrados y destruidos, igual que para los periodistas agredidos, perseguidos y encarcelados. Los dirigentes de la UPN y CPN desnaturalizaron las motivaciones por las cuales fueron creadas estas organizaciones. Un silencio cómplice. Ni siquiera por salvar su prestigio se han pronunciado. Durante los últimos dos meses —medios y periodistas— han vivido la peor pesadilla en los últimos once años. La violencia ejercida contra Miguel Mora es desmesurada. El gobierno no se ha detenido a reparar lo dañino que resulta para sus intereses —tanto nivel a nacional como internacional— el acoso e intimidación persistentes contra periodistas y medios. Un búmeran.

2. Nace bajo el signo de la esperanza

La inercia y actitud acomodaticia de la UPN y CPN están en la raíz del surgimiento de la asociación de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN). Ni la UPN ni el CPN fueron capaces de actuar en correspondencia con los enunciados que les dieron vida. El gobierno no fue capaz o no quiso darse cuenta que las acciones desencadenadas a partir de abril —inicio de un cambio radical en las políticas informativas de los medios— para acallarlos o inducirlos a la autocensura resultaron infructuosas. La censura temporal ejercida contra 100% Noticias y los canales 12, 23 —99 en el cable— y 51 (propiedad de la Conferencia Episcopal de Nicaragua CEN), ni la criminalización del ejercicio del periodismo, han hecho variar un ápice las políticas informativas y editoriales de los medios radiales, impresos y televisivos que adversan al gobierno. El Nuevo Diario aprovechó el momento para cambiar de rostro.

La emergencia de PCIN no es más que una derivación natural de la parálisis de la UPN y CPN. Se olvidaron de manera exprofesa de la defensa de sus agremiados. La ceguera e inacción del CPN es más perjudicial todavía. La protección y defensa de la libertad de expresión —violadas decenas de veces— forman parte sustantiva de sus postulados. Las omisiones obedecen a un comportamiento condescendiente con el gobierno. La confusión política-partidaria resultó contraproducente para los periodistas. ¿Cómo dar crédito a dos instituciones que en el momento que debieron actuar contra los desmanes sufridos por los periodistas optaron por el silencio? ¿A cuenta de qué pertenecer o confiar en organizaciones que en vez de salir al frente —alega especialmente la nueva generación de periodistas y comunicadores— para rechazar y condenar las acciones gubernamentales callan? Un suicidio gremial.

La alternativa de los periodistas fue crear PCIN para que asuma las tareas que no cumplieron ni la UPN ni el CPN. Sus miembros ratificaron que la fundaron con el propósito irrenunciable de defenderse de la violencia gubernamental. La institución nace con la misma composición sanguínea de sus predecesoras. Surge como rechazo al despliegue inusitado del gobierno contra la prensa nacional. Los cincuenta y tres periodistas que optaron por su creación, asumieron como columna vertebral la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) y los Códigos de Ética de diferentes países del mundo. Dos valiosos referentes y una manera de fijar límites al ejercicio profesional del periodismo y la comunicación social. Para dar forma a PCIN nombraron una Comisión Ejecutiva que concluirá su mandato el 3 de mayo de 2019, fecha en que se celebra el Día Internacional de la Libertad de Prensa.

Con el fin de evitar lo que ocurrió con el CPN uno de los acuerdos de PCIN fue establecer por una sola vez la reelección en los cargos directivos. Para realizar su labor de la mejor manera formaron cuatro comisiones de trabajo: a) Promoción del ejercicio profesional; b) Defensa y Protección de los periodistas; c) Relaciones Internacionales y d) Comisión de Comunicación. Con la intención de superar los males del presente la inclusividad normará todo su quehacer. Una aspiración valiosa. Muchos miembros de PCIN fueron defenestrados de la UPN y el CPN por el hecho de disentir del gobierno. El desafío que tienen frente a sí es mayúsculo. De la forma que cumplan los retos planteados se ganaran el beneplácito de todos los periodistas y su labor seguirá siendo valorada por la sociedad nicaragüense. Los periodistas se han ganado durante estos meses un sitial especial en sus corazones. Un trabajo de primerísima importancia.

Nunca como en ningún momento del Siglo XXI los periodistas asumieron todos los riesgos en la defensa de las libertades ciudadanas. Navegando a contra corriente, cuando parecía imposible mantener informada a la población, lograron su objetivo. Venciendo toda adversidad —en los momentos más álgidos de las protestas— dispusieron su ánimo para emprender nuevas jornadas memorables en la historia accidentada del periodismo nicaragüense. Más allá de la paga recibida han hecho hasta lo imposible —demostrando arrojo y coraje— en el cumplimiento de sus delicadas tareas informativas. El mayor desafío de PCIN es sobreponerse a todo sectarismo. Abonar a la tolerancia. Apegarse a la verdad de lo acontecido deberá ser una conducta inviolable. Para mantener en alto el aprecio ganado nunca deben tergiversar los acontecimientos. La verdad siempre ha sido y será revolucionaria.

3. Un recordatorio indispensable

Considero indispensable recordar a los periodistas aglutinados en PCIN vacunarse contra el olvido. Las organizaciones gremiales cada vez que ocurren cambios de gobierno se han olvidado de las razones por las cuales nacieron. De defensoras acérrimas de la libertad de expresión han terminado coludidas con los intereses de políticos que les endulzaron el oído. El espíritu gremial pasó a un segundo o tercer plano. Más que ejemplares resultan los periodistas que nunca han renunciado a los principios y normas que rigen la profesión periodística. Muchos terminaron como relacionista públicos en la presidencia, ministerios, parlamento, Consejo Supremo Electoral, Poder Judicial, entes autónomos y descentralizados. Para no incurrir en estos mismos vicios deben tomar en serio las lecciones de sus predecesoras. Un aporte de esta naturaleza colocaría al periodismo en una posición privilegiada.

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