Opinion

Pesada homilía de 62 @ (arrobas)

Además de las 62 arrobas (@), Rosario Murillo destina la mitad de su "homilía" a “implorar el fin de la pandemia”

Pesado, significa molesto, fastidioso, y en su acepción más sencilla, pesado es algo que pesa mucho.  Y esos significados son propios de los discursos-homilías cotidianos de Rosario Murillo. Con decirles, que el pronunciado el 13 de mayo corriente, pesa 62 arrobas (@) además de lo  molesto y fastidioso de siempre.

De manera que si partimos de las cuentas de un agricultor, cuya producción de cualquier grano es de 62 arrobas (@), o sea 13 y medio quintales, y como cada arroba (@) contiene 25 libras, entonces las 62 arrobas (@) sumarían un 1550 (¡mil quinientas cincuenta libras!).

¡Tremendo peso para un solo discurso-homilía! Si se tomara en cuenta los que ha pronunciado antes y durante la pandemia de la covid-19, sería pesado y fastidioso ponerse a sumar el total de arrobas, quintales, libras y toneladas que podrían pesar. Y esto, sin meterse a contar los innumerables adjetivos y verbos con que ella los adorna.

Desde que apareció la pandemia de covid-19, se oye decir que el mundo no volverá a ser el mismo después que pase la pandemia. Como se sabe, la covid-19 apareció en diciembre 2019, y su mortal ingreso al mundo de los vivos para desnudar a los “vivos” no ha cesado su labor. En otras palabras –y de otras formas pensadas y pesadas dichas—, serán muchos hábitos, muchas cosas y relaciones humanas e internacionales las que cambiarían, tal como se supone.

Si resultara cierto todo eso, no sería una revolución social violenta ni pacífica, sino una revolución viral. Por suerte, en Nicaragua causarían centenares de muertos y miles de enfermos solo “graves, pero estables y bien tratados”, según doña Rosario le obliga decir a un señor Sáenz del Minsa, a quien ella sin piedad lo exhibe como un anciano mentiroso.

O quizás ese señor podría estar haciendo ese papel, “porque la calle está dura”, aquella frase oportunista de un tal Luis Benavidez, un recordado burócrata “liberal”, quien la dijo para justificar el regreso a su carnudo hueso, después de haber renunciado como magistrado del consejo electoral, representando al compadrazo político de  Daniel Ortega: Arnoldo Alemán.

Los que parece que no cambiarían mucho durante y después de la covid-19, serían los discursos-homilías de Rosario –por lo menos mientras no se aplique una vacuna contra el ortegomurivirus maluco—, y es probable que tampoco cambie su fraseología medieval barroca, propia de párroco provinciano, ni sus pesadas arrobas que les acompañan.

Mientras no nos liberemos del ortegomurivirus maluco pues, nunca veremos desarmadas a sus fuerzas políticas, a las cuales tendremos en contra, quién sabe por cuánto tiempo, junto a sus desalmadas fuerzas militares.

El discurso-homilía del 13/05/20, lo dijo pocos días antes del cambio de táctica ante la pandemia. Es decir, hasta cuando aparentaron preocupación por la frecuencia de los entierros exprés nocturnos, pero para negarlos. Después dejaron de prohibir el  uso de la mascarilla en el personal de salud, aunque Rosario no abandonó el recurso de mentir sobre la realidad ni de lanzar toda clase de ofensas en contra de los médicos independientes que han tomado en serio la pandemia desde el principio.

Pienso que tanta irracionalidad hay en esas sus ofensas, que los psicólogos nicas deberían estudiar mejor el desquiciamiento mental como otro de los fenómenos provocados por la pandemia, junto a la crisis en las áreas políticas, sociales y económicas de todo el mundo.

Aunque me queda la duda de si ese tema de la locura es o no, una salida “de baño” del dúo para justificarse y, al mismo tiempo, negar su condición de violadores conscientes de los derechos humanos, en la categoría de lesa humanidad.

(¡Eureka! ¡Eureka! Mientras escribía, me informé por medio de un vídeo, que por fin el invicto Ejército Nacional, después de cuatro meses de infatigable investigación… ¡descubrió que en Nicaragua había que cuidarse de covid-19!)

Sigamos, pues. Como decíamos, Rosario pronunció su habitual discurso-homilía, al cual, como lo verán, parece atribuirle el prodigioso milagro de haber pasado de la terca negación de las víctimas del Coronavirus, a la calculada aceptación de la mortal realidad. Ella también llamó “extraterrestres” a los médicos que critican su ineficiente sistema de salud, porque, según ella, actúan como si vivieran de otra “galaxia” (¿no será que cree haber visto a los médicos en el vecindario de la “galaxia” en donde ella vive?).

Aquí están las otras cifras del discurso-homilía tantas veces mencionado, en orden alfabético sus pesados y floridos verbos y adjetivos:

Además de las 62 arrobas (@) ya dichas, contiene 52 párrafos, de ellos la mitad destinados a “implorar el fin de la pandemia”, para “actualizar el mapa de la salud” y descubrir “los padecimientos de Nicaragua” y el resto para sus “informaciones” cotidianas. Solo reproduzco las palabras utilizados más de una vez:

Advocación: dos veces. Alma: cinco veces. Amor: once veces.

Bendición: cinco veces. Bien (el): quince veces. Buen y bueno: siete veces.

Corazón, corazones: once veces.

Digno, dignidad: cinco veces.

Dios: veintiuna (21) veces.

Esperanza: cinco veces.

Espíritu, espiritual: dos veces cada una.

Fátima: (la virgen) dos veces. Fe: siete veces.

Implorar: cuatro veces.

Jesús, Jesucristo: cuatro veces.

Nuestra Madre María: ocho veces.

Paz: tres veces.

Santo Padre: cuatro veces.

Las palabras mencionadas una sola vez en su discurso-homilía y son relacionadas a su actividad cristiana, de Daniel y su “buen gobierno”, como: alegría, dicha, prodigio, hermoso, sublime, fortaleza, etcétera).

Las palabras de significados denigrantes (como: avaricia, odio, veneno, maldad, falsedad, perversidad, miedo y otras, algunas repetidas varias veces), son destinadas a promover sentimientos de rechazo y descalificación contra las personas que no pertenecen a su cofradía en “esta Nicaragua siempre bendita”.

Como ya dije, casi todo de lo visto, está contenido en solo la primera parte, la introducción, de su informativo cotidiano, en donde se ocupa de minucias de todo tipo, hasta sobre lo bueno que son “los fogones ecológicos”, el precio de las tortillas y los datos meteorológicos.

Ya que mencioné la misoginia de los Ortega-Murillo, ustedes deben recordar que durante la campaña electoral del 2006 –hace catorce años— la demostraron en plena calle y con los votos de sus diputados, la condena del aborto terapéutico en el Código Penal.  Subrayo esto, solo para que no se piense en que su clericalismo misógino es de última ahora, en tiempos de crisis.

Es inolvidable, que con su bárbara misoginia, el orteguismo buscó hundir a las mujeres en la ignorancia y el fanatismo religioso, y complementar su explotación física y moral. Sus argumentos de entonces, no difieren de los que acostumbra decir en cada bendito medio día.

Aquella agresión contra las mujeres, la ejecutó cuando buscaba su elección, junto a los jerarcas más oscurantistas de las iglesias católicas y evangélicas, anulando toda la solidaridad humana  y social con las mujeres. Al orteguismo se le criticaba entonces, que a las mujeres solo les dejaba… “tres caminos igualmente deshumanizantes: hacia la iglesia, la cárcel y el cementerio.

El deshumanizante tratamiento que la dictadura Ortega-Murillo le está dando a la pandemia de covid-19, es lo que han practicado siempre contra las mujeres, con la diferencia de que esta vez, lo hacen contra los nicaragüenses de todas las edades, sexos  y condición social.

(“gallina que como huevos…”)

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