Política

En 2020, el general Avilés cumplirá 10 años en el cargo: ¿habrá sucesión?

¿Quién es quién en el mando militar?

La cooptación política de la jefatura bajo el régimen de Ortega ha minado la credibilidad del Ejército: Las interrogantes sobre su rol en la transición



La fotografía fue distribuida por la oficina de Relaciones Públicas del Ejército de Nicaragua el 21 de diciembre de 2013. Al centro está el general de Ejército Julio César Avilés, jefe de la institución, firmando el decreto para mandar a retiro anticipado, a sus 52 años, a quien, por tradición, costumbre, ley no escrita entre los militares, y, por supuesto, trayectoria, sería su sucesor: el mayor general Óscar Balladares, hasta ese día jefe del Estado Mayor.

A la par del general Avilés, a su derecha, está Balladares, quien con sus dos manos cruzadas al borde del escritorio de madera y con la bandera de Nicaragua y del Ejercito detrás, observa desencajado como el jefe del Ejército firma el decreto que lo envía a retiro y asciende como nuevo jefe del Estado Mayor al general de brigada Óscar Mojica, ahora también ya retirado y actual ministro de Transporte e Infraestructura, recientemente sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

“La cara (de Balladares) es de no lo puedo creer”, dice el analista en temas de seguridad, Roberto Cajina, al observar la fotografía. “Nunca por la cabeza de Óscar Balladares pasó la idea de que sería enviado a retiro y la decisión de hacerlo se tomó rápidamente y a él lo tomó por sorpresa”, resalta.

Una fuente ligada al Ejército dijo que la foto en la que quedó reflejado el disgusto de Balladares fue distribuida por la Oficina de Prensa porque sin duda era la mejor. “En las otras seguro se mira más el disgusto del general”, enfatizó irónico.

El general Balladares, después aceptó ser nombrado por el presidente Daniel Ortega como asesor con rango de ministro para asuntos de infraestructura. Nunca se supo si desempeñó alguna función específica. Pero “Tomasito”, como le conocieron en la guerrilla del FSLN, no es recordado por ese nombramiento, sino por ser el primer jefe del Estado Mayor que no se convirtió en jefe del Ejército. Y el encargado de evitarlo fue el general de Ejército a quien habría relevado, Julio César Avilés.

Una tradición

Que el jefe del Estado Mayor sustituyera al jefe del Ejército era una tradición dentro del cuerpo armado desde que al general Humberto Ortega, lo sustituyó su jefe de Estado Mayor, general Joaquín Cuadra, y este a su vez fuera sustituido por el general Javier Carrión.

Violeta Chamorro
La presidenta Violeta Barrios de Chamorro impone los grados de General de Ejército a Joaquín Cuadra Lacayo, el 21 de febrero de
1995. Foto: La democracia de Pedro Joaquín y presidenta Violeta.

Hasta aquí el mando del Ejército estuvo en poder de los “tropistas”, conocidos así por su cercanía a las unidades militares o tropas.

Sin embargo, el origen del mando cambió cuando el general Omar Halleslevens, proveniente de las filas de Inteligencia y Contrainteligencia —que también tiene como misión vigilar a sus propios compañeros— se convirtió en jefe del Estado Mayor de Carrión, sucediéndolo años más tarde.

Ya al mando, Halleslevens nombró como jefe del Estado Mayor, al general Avilés, quien también proviene de las filas de Inteligencia y Contrainteligencia.

La trayectoria de Balladares

La continuidad en la cima de la jefatura militar de los oficiales de Inteligencia habría sido interrumpida con el ascenso como jefe del Ejército del general Balladares, quien había acumulado una trayectoria impecable dentro del cuerpo militar, ganándose los ascensos por mérito.

Era un tropista de pura cepa. Balladares fue jefe de todas las unidades más importantes del Ejército. Su último puesto antes de dirigir el Estado Mayor, fue como Jefe de Operaciones y Planes, un área sensible donde descansa casi todo el trabajo del cuerpo castrense.

Roberto Cajina, experto en temas de seguridad y defensa nacional, en entrevista en Esta Noche. Carlos Herrera | Confidencial

“El retiro de Balladares fue el inicio de la sumisión de la jefatura militar a los intereses políticos del Gobierno”, afirma categórico Roberto Cajina.

El general Avilés firmó el decreto de retiro de quien iba a ser su sustituto, unos días después de que los diputados del FSLN en el Asamblea Nacional firmaron un dictamen de mayoría avalando las reformas al Código Militar, que allanaba el camino para que Ortega reeligiera por cinco años más al actual jefe militar. Así se rompió una de las reglas de oro de la transición política negociada en 1994, la fijación de un único período de cinco años para el cargo de Jefe del Ejército, acordada después de una crisis entre el Gobierno de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro y el jefe del Ejército Popular Sandinista, Humberto Ortega.

Después de imponer su primera relección ilegal e inconstitucional en 2011, Ortega acordó con Avilés una nueva cláusula, estableciendo la discrecionalidad presidencial, y no la sujeción a la ley, para determinar la permanencia del jefe del Ejército en el cargo, abriendo las puertas a un nuevo modelo político de “caudillismo militar”.

La reforma fue aprobada a finales de enero de 2014, cuarenta días después de que mandarán a retiro a Balladares. En concreto: amplió la edad de retiro y los años de servicios de los militares, pero sobre todo le dio potestad a Ortega de prorrogar indefinidamente en el cargo al comandante en jefe del Ejército.

Gracias a esa reforma es que el general Avilés aún se mantiene en su cargo y en 2020 cumpliría diez años en el puesto, solo superado por el general Humberto Ortega, quien dirigió al Ejército durante la guerra civil de los ochenta y se retiró en 1995.

El “manoseo” de Ortega

Cajina considera que el general Avilés no contaba con la autoridad política de los jefes militares que lo antecedieron, para defender los intereses de la institución ante los planes políticos de Ortega y por eso ha permitido “un manoseo a la institucionalidad del Ejército”, que se venía fortaleciendo desde 1995.

El comandante Daniel Ortega junto al general de Ejército, Julio César Avilés. Foto: Presidencia | Confidencial

“El general Avilés ya quiere retirarse, ya no quiere seguir (como jefe del Ejército), pero si Ortega le pide que se quede tiene que quedarse, no le puede decir que no”, afirmó a CONFIDENCIAL un militar de alto rango retirado, quien habló sobre el tema con la condición de no revelar su identidad.

“A finales de este año se verá —dijo— porque Ortega tendrá que anunciar quién será el próximo jefe del Ejército, o en todo caso decir que Avilés se queda”.

¿Cómo se toman las decisiones?

Como en todo Ejército, las decisiones se toman verticalmente y emanan desde la jefatura.

La jefatura miliar está compuesta por el general Avilés, el jefe del Estado Mayor, mayor general Bayardo Rodríguez —antiguo jefe de Operaciones y Planes del Ejército— y por el Inspector, mayor general Marvin Corrales, antiguo jefe de la Fuerza Naval, que antes también había servido en las áreas de Inteligencia y Contrainteligencia.

Rodríguez y Corrales “son respetados dentro de las filas militares, tienen trayectoria y una carrera militar impecable”, dice Cajina.

Ambos llegaron a la jefatura militar en 2017, cuando Avilés mandó a retiro a los generales Óscar Mojica y Adolfo Zepeda.

Licitaciones
El jefe del Ejército, Julio César Avilés, junto a los mayores generales Oscar Mojica y Alfonso Zepeda, enviados a retiro a finales de marzo, en una imagen tomada de la fanpage del Ejército, en Facebook. | Confidencial

Mojica, actual ministro de Transporte e Infraestructura de la dictadura, fue sancionado recientemente por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, acusándolo de testaferro de la familia Ortega-Murillo. Administra “una parte significativa de las finanzas personales y oficiales del presidente Ortega y la vicepresidenta Murillo”, dijo el departamento del Tesoro sobre Mojica en un comunicado.

Antes de ser jefe del Estado Mayor, Mojica era el director del Instituto de Previsión Social Militar (IPSM), el poderoso brazo financiero del Ejército que administra los fondos de retiro de los oficiales.

“Era la antítesis de Balladares (como jefe del Estado Mayor)”, dice la fuente ligada al Ejército. “Mientras Balladares venía de mirar las cosas operativas del Ejército, él venía de la burocracia, de los negocios, del bisne”, resalta.

Sin embargo, los dos generales retirados tienen algo en común: fueron jefes del Estado Mayor, pero no se convirtieron en jefes del Ejército. Las miradas ahora están puestas en el general Bayardo Rodríguez, el número dos en el escalafón de mando, aunque bajo el régimen de Ortega ya se rompió la predecibilidad.

Número dos y tres

Rodríguez sustituyó a Mojica en 2017 como jefe del Estado Mayor y al igual que Balladares, es un tropista que se desempeñó antes como jefe de Operaciones y Planes de la institución.

La actual Comandancia General del Ejército de Nicaragua: el jefe del Estado Mayor, mayor general Bayardo Rodríguez; el general de Ejército, Julio César Avilés, y el inspector general, mayor general Marvin Corrales. // Foto: Ejército de Nicaragua

“Tiene mucho respeto dentro del Ejército, es un oficial de alta graduación”, dice Cajina. “Pero habrá que ver si resulta en el nuevo jefe militar”.

Según el organigrama del Ejército, el jefe del Estado Mayor dirige áreas esenciales de la institución. A su cargo están la Dirección de Personal y Cuadros (encargada de los ascensos militares), Inteligencia, Operaciones y Planes, Finanzas, Asuntos Civiles entre otras.

Rodríguez está casado con la actual ministra de defensa Martha Ruiz, “pero no es un hombre ligado al FSLN, está más a favor de la institucionalidad del Ejército”, dice el exmilitar entrevistado por CONFIDENCIAL.

El mayor general Marvin Corrales se desempeñó como jefe de la Fuerza Naval antes de ser nombrado inspector del Ejército. También había trabajado en las áreas de Inteligencia de la institución.

Si Corrales es nombrado jefe del Ejército continuarían los oficiales de Inteligencia ocupando el más alto puesto y relegando a los “tropistas”.

El Consejo Militar

“El que normalmente nombra siempre a su sucesor es el jefe del Ejército, él propone al Consejo Militar y el Consejo Militar avala”, explica Cajina.

El Consejo Militar, compuesto por al menos 40 generales de brigadas, coroneles y tenientes coroneles, jefes de unidades militares regionales y de las direcciones del Ejército, es un “órgano de consulta” del jefe del Ejército, según Cajina.

Son miembros del Consejo Militar los generales de brigada Juan José Membreño, jefe de Operaciones y Planes del Ejército; Spiro Bassi, jefe de la Fuerza Aérea; Leonel Gutiérrez, jefe de Inteligencia y Contrainteligencia; Rigoberto Balladares, jefe de la Dirección de Investigación para la Defensa; Bayardo Pulido, jefe de Personal y Cuadros; Hugo Argüello, jefe del Cuerpo Médico Militar, el contraalmirante Ángel Fonseca, jefe de la Fuerza Naval; el coronel Manuel Gaitán, jefe del Comando de Operaciones Especiales; entre otros generales de brigada y altos oficiales.

Ejército
Daniel Ortega junto al jefe del Ejército, Julio César Avilés, en un acto oficial. Carlos Herrera | CONFIDENCIAL.

“El Consejo Militar es un órgano de consulta, no es un órgano de decisión, es el principal órgano de consulta de la Comandancia, pero para cuestiones de estrategias militares no tiene ninguna capacidad en las decisiones que la Comandancia tome”, dice Cajina.

El Código Militar establece que es el Consejo Militar el que propone ante el presidente de la República al nuevo jefe del Ejército, pero según Cajina, el Consejo Militar nunca le dice que no al jefe saliente del Ejército cuando él les manda su propuesta.

La ley establece que el presidente puede vetar una propuesta y pedirle al Consejo Militar que mande otra, pero esto nunca ha pasado.

¿Dónde están los sustitutos?

Cajina considera que los sustitutos de la Comandancia General, actualmente están dirigiendo los Comandos Militares Regionales, las unidades especializadas, las direcciones, son generales de brigadas o coroneles.

Sin embargo, los fundadores del Ejército Popular Sandinista se están extinguiendo. Quedan unos 75, calcula Cajina, pero no todos están en puestos de mando como coroneles o generales de brigada, “muchos se quedaron en los mandos medios como capitanes, mayores”, detalla.

En 1979, el Ejército se nutrió de guerrilleros fogueados que habían participado en las filas del FSLN en la campaña político militar para derrocar al dictador Anastasio Somoza Debayle.

El Ejército durante la represión

El general Avilés se pronunció, recientemente, en una reunión con dueños y directores de medios de comunicación oficialistas sobre la situación política del país. Dijo que el Ejército es víctima de una presunta campaña de desprestigio, por las críticas que ha recibido la institución debido a su pasividad ante la existencia de fuerzas paramilitares que están prohibidas por la ley. El mayor en retiro del Ejército Roberto Samcam ha señalado que hubo armamento del cuerpo militar usado por parapoliciales para reprimir a la población en las protestas contra Ortega, o bien que el Ejército al menos suministró a la dictadura información de Inteligencia frente a las protestas.

Todo esto fue negado por Avilés. Antes, el Ejército había dicho en un comunicado que ellos tenían absoluto control sobre su armamento y personal y que durante la crisis solo protegieron objetivos estratégicos para el funcionamiento del país.

Pero lo que jamás pudo explicar el Ejército es por qué no desarmó una fuerza de paramilitares armados con armas de guerra, que reprimió a la población en coordinación con la Policía. El general Avilés negó la existencia de fuerzas paramilitares, poniendo en entredicho la credibilidad de la institución.

Las incógnitas de la transición

Cajina afirma que después de la crisis de la dictadura de Ortega solo dos instituciones van a salir bien paradas: la Iglesia católica y el Ejército. “El Ejército como institución, no digo lo mismo de la actual Comandancia”, aclara Cajina, que durante los ochenta fue asesor del exjefe del Ejército, Humberto Ortega.

El experto en temas militares considera que el Ejército jugará un papel clave en la transición pos-Ortega. “Lógicamente que en la transición va haber necesariamente que revisar la actual estructura de mando del Ejército, y posiblemente la jefatura militar en un nuevo Gobierno no va a ser esta, va a tener que ser una cosa con lupa y pinzas para poder escoger quiénes (asumirán el mando)”, indica Cajina.

“El Ejército ha cometido muchos errores y los errores se pagan. No veo ninguna posibilidad real de la sobrevivencia de esta Comandancia, va a sobrevivir el (tiempo) mínimo para hacer los cambios… para sobrevivir como institución el Ejército va a tener que aceptar las nuevas reglas, de la misma manera que aceptó las nuevas reglas en el 90”, valora Cajina.

El más grande error del Ejército durante la crisis, según Cajina, es que se metió en una ostra, “se limitó a un comunicado y tres notas de prensa en todos llamando al diálogo”. “Eso generó una especie de desencanto en la población”, dice.

Avil Ramírez, exministro de Defensa coincide en que, a pesar de los errores de la actual Comandancia, el Ejército va a jugar un papel importante en la transición “porque todavía tiene cierta credibilidad producto de los años que se venían profesionalizando”.

Ramírez concluye que el Ejército “va a tener que colaborar en todo lo que las nuevas autoridades le soliciten para ayudar a pacificar y para que se regrese al respeto al Estado de Derecho”.