Opinión

¿Quiénes son los jóvenes que protestan?

Los jóvenes no son apáticos, ni indiferentes, ni están desinformados. Por eso, como en otras épocas, son los protagonistas de esta gran movilización



Durante las últimas dos semanas, Nicaragua ha visto con mucha sorpresa y esperanza una ola de movilización social sin precedentes que tiene como protagonistas principales a los jóvenes del país. Pero, ¿quiénes son estos jóvenes y por qué protestan? Sin lugar a dudas, pertenecen a las generaciones de la “democracia”. Es decir, los que nacieron después de la guerra y la revolución, escuchando y creyendo que Nicaragua era una democracia, y que los ciudadanos tenemos derechos. Hasta ahora, la creencia generalizada es que eran indiferentes, apáticos y vivían en el mundo de las evasiones. Las generaciones adultas les reclamaban frecuentemente por esa supuesta indiferencia y apatía.

Pero el desborde de energía y beligerancia desplegado en estas movilizaciones muestran que, al igual que el resto de la sociedad, los jóvenes no son apáticos, ni indiferentes, ni están desinformados. Por eso, nuevamente, como en otras épocas, son los protagonistas de esta gran movilización social. Se autoconvocaron, se organizaron y se fueron a la calle. No hay partidos detrás de las protestas. Más bien, los jóvenes han rechazado a los partidos políticos, especialmente a los colaboracionistas con el Gobierno, para que no se apropien de la protesta.

Otra gran sorpresa es el papel que han jugado las redes sociales en estas movilizaciones y protestas. Algunas semanas atrás se generó un debate público sobre la utilidad o banalidad de las redes sociales, pero quedó totalmente zanjado con las movilizaciones de las últimas dos semanas. Igual que en otras experiencias, las redes sociales han sido cruciales para informar, denunciar, convocar y movilizar a la gente frente al cerco mediático del Gobierno, quien controla los principales medios de comunicación nacionales, especialmente las televisoras y radios. Desde el primer día de protesta, las fuerzas policiales y paramilitares del Gobierno agredieron, amenazaron e impidieron la labor de los periodistas; a algunos de ellos las llamadas fuerzas de choque del Gobierno les robaron sus equipos a vista y paciencia de la policía. Pocas horas después el Gobierno impuso la censura sacando del aire a los canales de televisión independientes que informaban de los acontecimientos. Nuevamente, los jóvenes, han sido los primeros en romper el cerco mediático del Gobierno con el uso de aplicaciones y dispositivos digitales.

Carlos Herrera. Confidencial

El Gobierno sobrestimó sus fuerzas. Se creyó su propio discurso de que eran fuertes y que podían someter a la ciudadanía con sus aparatos de represión. Se creyeron la mentira del apoyo mayoritario del que les hablaban las encuestas de opinión y pensaron que podían contener infinitamente el descontento que se ha venido acumulando a lo largo del tiempo por la quiebra del INSS, el incendio en Indio Maíz, las alzas de la gasolina, el alza de la energía eléctrica, la descarada corrupción, las violaciones a los derechos humanos, la falta de libertades y todos los demás abusos. La protesta los ha tomado por sorpresa y no estaban preparados para ella. Su respuesta ha sido la arrogancia y la violencia ejercida por las fuerzas policiales y por grupos de paramilitares conformados por jóvenes pandilleros y grupos de choque motorizados. A estos últimos el gobierno les ha dado luz verde para agredir y robar con total impunidad frente a las narices de la policía. El presidente no ha comparecido públicamente tal como es su responsabilidad y lo demanda la seriedad de los acontecimientos, dejando la responsabilidad de las decisiones y de la posición gubernamental en manos de su vicepresidenta y esposa, Rosario Murillo.

La movilización ha sido tan masiva, extendida y sostenida en todo el país que el Gobierno no podrá pararla. Miles de personas se han lanzado a las calles acompañando a los jóvenes en todas las ciudades del país y en algunas de ellas se libran verdaderas batallas campales entre los protestantes y las fuerzas policiales, tal como ha sucedido en León, el histórico y aguerrido barrio indígena de Monimbó, en Masaya, y en diferentes lugares de la capital. Las fuerzas de la policía han salido con desgano a la calle, están extenuadas y las municiones se les están agotando. No tienen capacidad para contener todas las protestas ni para mantener el ritmo que lleva la protesta. En este punto, las opciones del Gobierno son dos: subirle la parada a la represión utilizando al Ejército, o abrir el camino de la negociación. Hay que prepararse para cualquiera de las dos.