Opinión

Resumen de un proceso social marginado

La génesis del movimiento obrero, el nacimiento del PTN, y los eslabones entre el PSN y el FSLN



En mi libro Nicaragua. Mi lectura de su historia contemporánea aludí en forma crítica las omisiones de historiadores –sin mencionar a ninguno—, acerca de los pasos iniciales del movimiento obrero, sus avatares frente al poder y su penoso desarrollo. No me explico esa omisión, sino por el agitado ambiente de la política criolla –sectaria y excluyente—, o por una voluntad nacida de su formación cultural. También podría ser que no llamara su atención el carácter embrionario del movimiento obrero; y si esto fuera el motivo, tampoco se justificaría, porque igual de embrionario, fue en su tiempo el movimiento político de liberales y conservadores y, sin embargo, ha sido investigado en toda su trayectoria o en la mayor parte de la misma.

Otro dato que no justifica el desinterés por el movimiento obrero, es el hecho histórico incontrastable de que ambos movimientos –el obrero y el político libero-conservador—tuvieron su gestación en el mismo sistema económico social de la Nicaragua republicana, aunque en épocas distintas. Es obvio, entonces, que hubo, aún hay, una voluntad política de por medio en la decisión de darlepreferencia, casi de forma exclusiva al segundo, tal vez por la preeminencia económica, social y cultural de sus cuadros dirigentes. Un hecho complementario de lo dicho, es que el sector mayoritario de la intelectualidad nicaragüense siempre tomó partido por las fuerzas políticas dominantes, y no pocos intelectuales, desde esa posición cultural e ideológica, batallaron en contra del movimiento obrero.

Todo eso ha constituido la motivación de la crítica hecha en mi libro, en los términos siguientes: “Al principio del largo y penoso desarrollo de la conciencia de clase y, por ende, también de su nivel de organización, la clase obrera era ni más ni menos una sociedad invisible. Y, en muchos sentidos, así la siguen considerando historiadores de todas las tendencias políticas, incluso algunos de tendencia sandinista.

“Romper ese cerco histórico erizado de prejuicios que le han echado al movimiento obrero, y ofrecer una visión integral de nuestra historia contemporánea, en la que participa como legítimo protagonista, es la intención de este libro”.

No todas las buenas intenciones tienen una culminación exitosa, y nada asegura que este libro la haya logrado o la vaya a lograr. Creo que ni siquiera ha logrado la atención de todos nuestros actuales historiadores. Pero, para mí, lo confieso ahora, el trabajo de muchos historiadores me ha sido de fundamental ayuda, y lo dejo confirmado con las citas que hago de sus textos. Dos de esos libros son: Entre el Estado conquistador y el Estado Nación, del profesor Andrés Pérez Baltodano, y La pax americana, cuyo autor está aquí presente –el investigador don Jorge Eduardo Arellano—, en los cuales encontré datos muy importantes.

En casi todos los libros de historiadores contemporáneos hay alusiones al movimiento obrero, aunque no todas son muy justas, otras son incompletas y, a veces, no verdaderas. En general, el tema ha sido tratado de manera tangencial dentro de la vida política del país. Eso indica que, efectivamente, el movimiento obrero no ha sido apreciado lo suficiente en lo poco o lo mucho que haya podido figurar, pese a la discriminación de que ha sido objeto de parte de los partidos tradicionales, más bien, de sus políticos protagonistas, usufructuarios y defensores del sistema económico, político y social en que vivimos y, en el que gozamos y sufrimos, según sea la posición social de cada nicaragüense. Como todos sabemos, este sistema ha sido regido y administrado de manera alterna –y algunas veces simultánea— por rústicos caciques y otros caciques con sumos de señores feudales; por dictadores vaqueros y militares lucidores de trajes de opereta, algunos más crueles y opresivos que otros, entre los que no han faltado ladrones y honestos. Y con pocas excepciones, todos han actuado bajo la tutela de sus mentores norteamericanos, ya fuera esta, utilizando sus intervenciones armadas osusinjerencias diplomáticas.

Los políticos de los partidos Liberal y Conservador –aunque entre sus miembros unos han sido menos liberales y otros más conservadores—, han sido los únicos protagonistas visibles de nuestra historia, y los héroes y villanos en los textos que reflejan esta historia, o que tratan de reflejarla.

Génesis del movimiento obrero

Desde antes que se instalara el régimen de José Santos Zelaya (1893), y durante los últimos gobiernos de los llamados “treinta años conservadores”, en Nicaragua habían comenzado a emerger unas formas de organización obrera –de obreros artesanales—, conocidas como sociedades mutualistas. Vemos aquí, en este detallede cuándo surgió esta forma de organización, el momento histórico en el cual también nacióuna concepción individualista e individualizada acerca delos fenómenos sociales. Por eso, no pocos han pensado que los artesanos se organizaron gracias al clima democrático, que supuestamente había entonces –bajo tal o cual gobernante—, como una prueba de su tolerancia política, de amor al progreso y dela libertad de organización de sus conciudadanos más humildes.

Todo, o algo de eso, pudo haber creado condiciones propicias para el nacimiento y desarrollo de esta forma de organización, pero no pudo haber sido la causa del proceso organizativo de los trabajadores. El hecho de que el proceso organizativo haya nacido durante el período presidencial de uno u otro gobernante, fue meramente casual, pues la necesidad de la organización obrera fue un resultado de las relaciones sociales entre patronos y trabajadores, y fuerondeterminantes en el recién establecido sistema del trabajo asalariado en el campo. Este cambio, del pago con salario de la fuerza de trabajo, era radicalmente distinto a toda otra forma de pago anterior en el agro nicaragüense. Y esto no es atribuible a la iniciativa o a la voluntad de ningún gobernante ni de ningún señor hacendado “productor” de café, para cuya producción se pagó salarios por primera vez en el sector agrícola.

Una sencilla observación dialéctica de la causa de la organización, tendría que referirse al vital asunto económico, a la necesidad de aumentar la producción que comenzaba a ser estimulada en esos tiempos por las exigencias de nuevos mercados internacionales, lo que también determinó la inserción del país al sistema capitalista mundial.

El pago de la fuerza de trabajo con salario, le convino mucho más al aumento de la producción agrícola que cualquiera otra forma de retribución del trabajo, porque también estimuló el aumento del consumo interno y el crecimiento de talleres artesanales en los centros urbanos para satisfacerlo. En esta área de la producción artesanal urbana, la contratación del empleo de fuerza de trabajo por medio del salario tuvo vigencia mucho antes de que se introdujera en el área de la producción agrícola, pero no tuvo la misma importancia por el carácter local de su producción y del consumo, ni causó mayores transformaciones en la estructura económica del país.

La producción del café con fines de exportación, sí produjo un cambio esencial en las relaciones sociales de producción, típicamente capitalistas, aunque todavía de una forma elemental, como correspondía al bajo desarrollo del sistema productivo nacional. Y con el abandono de viejos sistemas coloniales de explotación del trabajo humano en la producción agropecuaria, nuestro país entró en una nueva etapa de su desarrollo histórico: entró a la etapa capitalista. Y con este suceso, surgieron inevitablemente nuevas contradicciones y nuevos protagonistas sociales, todo lo cual vino haciendo necesaria la defensa de los trabajadores. Para esto, para la defensa de sus intereses inmediatos, nada resultó más necesaria a los trabajadores que su organización, por el sentido de unidad y de fuerza que esta representa.

No fue poca la importancia de las primeras organizaciones obreras, pese a ser rechazadas, menospreciadas, marginadas y olvidadas como parte del desarrollo económico y social de Nicaragua. Antes del surgimiento y desarrollo del nuevo proceso organizativo de lucha social abierta, el medio inicial de la organización fueron –como ya dije— las sociedades mutualistas, pero no se detuvieron ahí, como era imposible que se hubiese detenido la producción de tipo capitalista y el capitalismo mismo en nuestro país, aunque fuese en sus más elementales formas. Ycon el aumento de la producción y sus contradicciones, también se produjo el crecimiento de la conciencia de clase, y comenzaron a surgir las uniones obreras, sin que desaparecieran las mutualistas, sino conviviendo con ellas, como convivían las distintas formas de la producción material del país.

Las sociedades mutualistas no fueron organizaciones de lucha activa, sino –como su nombre lo dice— para la ayuda mutua entre sus miembros, dejando de lado y sin rozar siquiera, la responsabilidad del Estado para con la población trabajadora, menos que exigieran derechos y prestaciones a los patronos, quienes no dejaban de serlo por ser pequeños o medianos, y la producción siguiera siendo básicamente artesanal.

Para proteger su salud, más que para mejorar sus condiciones materiales de vida, los trabajadores recurrían al ahorro en su respectiva sociedad, organizada por artesanos de todos los oficios existentes, según el tamaño poblacional de su ubicación urbana, como la única protección del entorno familiar y para practicar la recreación, pues cada sociedad mutualista organizaba sus fiestas y sus bailes. Lo importante es que estas sociedades representaron una función social y pionera del movimiento obrero que se desarrollaría después.

Al término de la segunda década del Siglo XX, las uniones obreras, ya eran muestras de ser una fase superior de organización y de conciencia, porque los trabajadores ya habíancomenzado a conocer cuál era la necesidad y cual debía de ser la función de su organización en los talleres urbanos y los centros productivos agrícolas para defender sus derechos. Luego surgieron los primeros reclamos de derechos y prestaciones sociales, aunque de hecho, al margen de la ley, porque sencillamente no había ninguna ley laboral que protegiera a los trabajadores.

De la maduración de las uniones obreras y sus luchas, surgieron los sindicatos, una forma superior, y aún hoy insustituible, como arma de lucha de los trabajadores en todo sistema social para demandar el cumplimiento de sus derechos y defender sus intereses laborales inmediatos. Esta última de las tres primeras formas de organización obrera, la sindical –a su manera, según su desarrollo y capacidad de lucha—, ha sido el arma con la que mayores conquistas laborales han obtenido los trabajadores en el curso de sus luchas, siempre dentro de adversas condiciones y sufriendo todas las formas de represiónpracticados desde aquellos primeros tiempos por el Estado y los patronos.

Sin embargo, los niveles de injusticia que creó las contradicciones sociales en nuestro sistema capitalista –con desarrollo tardío, como tardío fue el desarrollo de los sindicatos en nuestro país, en comparación con otros países similares al nuestro—, sirvieron como aceleradoras del crecimiento de los sindicatos. Con el tiempo, y con las nuevas condiciones creadas, resultaron insuficientes las luchas sindicales por sus limitados alcances en relación al poder económico de la patronal que, a su vez, y por medio de sus partidos políticos, maneja el control del Estado. Y al Estado, con sus instituciones administrativas, con su educación, con sus leyesy sus tribunales de justicia, más sus instituciones represivas –ejército y policía—, es imposible enfrentarlo con éxito solo con la lucha sindical.

Los partidos obreros

Así como las clases dominantes resuelven sus contradicciones en la política por el control del Estado con sus partidos políticos, los trabajadores más avanzados comprendieron la necesidad histórica de organizar su propio partido político, y lo organizaron en agosto de 1931, previo, lógicamente, a un proceso de formación de varios años. Le llamaron Partido Trabajador Nicaragüense (PTN), y junto a su condición de pionero, y también por eso, este partido adoleció de muchas limitaciones, principalmente, por carecer sus miembros y su dirigencia de una formación ideológica definida. Sus miembros llegaron del mutualismo, de las uniones obreras y de los sindicatos. Algunos de sus dirigentes habían tenido experiencia en los partidos políticos tradicionales y muy pocos en partidos obreros de otros países.
El PTN nació entre un ámbito político nacional intervenido militarmente, por una potencia extranjera y una guerrilla patriótica encabezada por Augusto Calderón Sandino, haciéndole frente con las armas, y enfrentado a los partidos políticos tradicionales coludidos con los interventores. Es obligado reconocer que entre los partidos Liberal y Conservador hubo políticos patrióticos que rechazaron la intervención y, en consecuencia, apoyaron de muchas formas la lucha de Sandino.
Al final de esta lucha (1933), por la traición y a costo de mucha sangre, incluso la de Sandino, los interventores abandonaron formalmente el país, pero ya habían creado la Guardia Nacional e impuesto como su jefe al llamado general Anastasio Somoza García, como instrumentos para la continuidad por otra vía de su injerenciaen nuestro país. Poderosas fuerzas adversas tuvo que enfrentar el PTN, y las enfrentó con toda su debilidad, sin embargo, dio batalla en el campo civil, especialmente frente al naciente somocismo. No obstante, la debilidad ideológica de una parte de su dirigencia la hizo caer vencida por los halagos y la demagogia ante el dictador Somoza García. Entre tanto, la mayoría de la dirigencia y la base mantuvo su autonomía. Lo más importante, fue que los dirigentes no claudicantes del PTN se volvieron semilla que a cinco años de cancelado este partido (1939) germinó en el Partido Socialista Nicaragüense(1944) después de haber superado un proceso de controversias entre dos grupos de dirigentes obreros venidos del PTN: los que se identificaban por medio de su periódico Índice, y quienes lo hacían por su periódico HOY.

Con el PSN, los trabajadores organizados dieron un salto cualitativo y cuantitativo en su lucha, en relación al PTN. El PSN creó una mejor organización, una mayor definición ideológica (se definió marxista-leninista, aunque aún no tenía completo dominio de esa teoría ni lo tendría toda su militancia), una más clara visión social y un sentido político más definido acerca de la lucha por el poder. Igual que el PTN, pero frente a enemigos en el poder y fuera del poder, más hábiles, el PSN se enfrentó mejor a toda clase de adversarios, sorteó mejor las maniobras de Somoza García, pero tuvo sus contradicciones internas y dos divisiones (1968 y 1976). Finalmente, el PSN se partió nuevamente en dos: una parte se integró al FSLN y la otra parte a la UNO. Superada su alianza con la UNO, ahora existe un PSN independiente, con una menor figuración pública que antes. Todo eso lo he tratado de relatar lo mejor posible con mis trabajos sobre el movimiento obrero, incluso en el libro ya mencionado.

Continuidad y final

Especial atención quiero poner esta noche, por ser de muy reciente suceso, en uno de los hechos de mayor trascendencia en la historia del movimiento obrero, político y revolucionario de nuestro país. Se trata del papel del PSN como penúltimo eslabón de una cadena que culminó con el nacimiento y la hegemonía del Frente Sandinista de Liberación Nacional (1960, en fecha aún no bien precisada). La génesis del FSLN dentro del PSN, ha sido tanto ignorada como negada por la dirigencia y buena parte de la membresía del FSLN, con un sectarismo, se puede decir, con fallas de origen: se ha ignorado que en el proceso histórico de la lucha social en nuestro país, el PSN se constituyó, objetivamente, en el partido-cuna del FSLN, no solo por asuntos de identidad ideológica, sino por la militancia que en este partido hicieron sus dirigentes fundadores y otros de sus cuadros importantes, cuyos iniciales pasos para organizar el FSLN los dieron en el Movimiento Nueva Nicaragua y el Frente de Liberación nacional, con Carlos Fonseca Amador a la cabeza. Si el proceso de formación del FSLN hubiese sido observado con criterio dialéctico –como debe observarse todo proceso histórico, y actuado en consecuencia— no habría mediado tanto prejuicio político para reconocer cuál fue su origen, y así, el destino de la revolución, del FSLN y del PSN, seguramente que pudo haber tenido algún rasgo diferente.

La dirigencia del FSLN no pudo o no quiso reconocer, dialécticamente, las causas y las contracciones que hacen dar saltos, altos y bajos, a todo desarrollo histórico. Eso, supongo, le restó solidez ideológica y numérica a su movimiento político-militar, lo cual le impidió responder con mejores resultados a los problemas que tuvo que enfrentar antes y después del triunfo de la revolución de 1979 como partido político gobernante. Con una caprichosa actitud, y por comportarse como “hijo único” de la historia de nuestro país, el FSLN se negó a sí mismo como parte culminante de un largo, complejo y único proceso de la lucha social en Nicaragua, el cual se inició con las sociedades mutualistas, pasó por las uniones obreras, los sindicatos, el PTN y el PSN.

Es decir, el FSLN no se reconoció como la forma orgánica superior de todo el proceso de desarrollo que nació de las formas más simples de organización. Esa poca utilidad de la dialéctica marxista, le impidió organizarse como un auténtico partido revolucionario, y seguir siendo la vanguardia en lo ideológico, como sin lugar a dudas lo fue en el campo militar. Al final, se transformó en una arrolladora fuerza política dominante como no la hubo antes ni después de la década revolucionaria en la historia; fuerza política infinitamente superior a las fuerzas liberales y conservadoras que dominaron desde la independencia. Sin embargo, ahora estas tres fuerzas políticas solo se diferencian formalmente, porque el actual FSLN tiene concepciones y prácticas libero-conservadoras en el ejercicio del poder.

Aún hay un dato menos conocido que confirma el carácter de proceso único que tuvo todo el movimiento: ese largo y contradictorio proceso organizativo del movimiento obrero y revolucionario, no solo fue un sucesivo relevo histórico, ideológico y orgánico, sino también un relevo físico, social y humano. No tengo espacio para mencionar a todas las personas que tuvieron militancia activa, pasando de una forma de organización inferior a la otra superior. Pero hubo un dirigente, con el cual comencé a relacionarme desde mis quince años de edad (1945) y quien fue el único nicaragüense con el privilegio de haber recorrido todo el proceso, militando en todas las organizaciones sucesivamente, desde una sociedad mutualista hasta el FSLN, incluso, ocupó cargos de dirección en el PTN y el PSN: me refiero a Carlos Pérez Bermúdez. Además, a él le guardo un especial agradecimiento por haberme convencido de que yo podía y debía ocuparme de este tema histórico, sobre la base de la documentación que, con su vocación y consciencia de historiador, recopiló durante toda su trayectoria de militante obrero y revolucionario.

Esa es, en breve resumen, la historia que he tratado de rescatar con mis diferentes trabajospublicados y en mi libro ya mencionado.Si este esfuerzo es lo que ha servido para que los directores de esta Academia de Historia y Geografía de Nicaragua me invitaran a incorporarme a ella en calidad de miembro honorario, les aseguro que sentiré bien reconocido mi trabajo, y personalmente, me sentiré muy agradecido.

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Ensayo leído durante su incorporación como miembro honorario de la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua. Managua, 15 de octubre de 2015.