Opinión

Resurrección

Pedro Joaquín Chamorro

Reflexiones actuales de PJCH sobre el dictador Somoza, libertad de prensa, navidad y resurrección



Según el diccionario de la RAE, resucitar tiene también la interpretación de “volver a la vida a los seres en estado de muerte aparente”. “Dar nuevo ser a una cosa”: a una nación o a un país. “Restablecer” la Patria. Hago esta aclaración, porque así interpreto la idea de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, con la que finalizaré este artículo, conceptualmente en su totalidad de él, ya en fecha muy cercana a que se cumplan los 41 años de su asesinato (muerte aparente), el 10 de enero de 2019, y porque sus conceptos sobre las libertades fundamentales, los derechos humanos y la libertad de prensa y expresión, cobran en estos días una actualidad que tenemos que ver y analizar a la luz que nos brinda nuestro Héroe Nacional y Mártir de las Libertades Públicas.

Este artículo de Pedro se lo merecen muy especialmente todos los periodistas de Nicaragua, como Carlos Fernando su hijo, perseguidos hoy  por quienes representan la reencarnación de Anastasio Somoza Debayle, por ejemplo   en el “diálogo a la fuerza” con Somoza, que escribió Pedro (“3 diálogos a la fuerza con Somoza”) a raíz del terremoto que destruyó Managua el 23 de diciembre de 1972, cuando aquel Somoza inventó un “Comité de Emergencia” para “reconstruir” el país, dándole a la pluma de Pedro, periodista y escritor no sólo de inmenso valor, sino de singular ingenio, la oportunidad de dejarnos un estupendo retrato de aquel Somoza, que encuentra su siniestro reflejo en esta realidad que padecemos.

Pero antes de ese “diálogo a la fuerza”, y otros conceptos de Pedro seleccionados y resumidos por mí, resulta oportuno citar brevemente el saludo navideño y de Año Nuevo del nuncio apostólico en Nicaragua, monseñor Stanislaw Waldemar Sommertag, quien dando las premisas de un diálogo de buena voluntad , llama a que sin cansarnos busquemos por ese medio resolver la difícil situación que atravesamos, “comenzando por los gobernantes y todas las instituciones del Estado, que son del pueblo nicaragüense y deben de estar al servicio de todos los sectores que componen la sociedad. Para que el Señor nazca de nuevo en nuestros corazones, que es donde empieza a ser verdadero Señor de la Historia”. Al leer este mensaje, se me viene, entristecida por torturas y vejámenes, la imagen de Medardo Mairena, condenado insólitamente a 73 años de prisión. Imagen  representativa de todos los presos políticos de Nicaragua que, pese a todo, entrarán en el espíritu de esta Navidad, como Señores de la Historia. De nuestra historia. Porque no será una “feliz Navidad” con la idea consumista, pero será una Feliz Dignidad, acunada en el pesebre de la esperanza.

Diálogo a la fuerza con Somoza

No me parece que cualquier semejanza con personajes o situaciones del pasado y actuales, sea pura coincidencia. Dice Pedro: “Copiando textualmente de una cinta magnetofónica la alocución hecha por Somoza la tarde del lunes en el Comité de Emergencia, hemos escrito una acotación a cada frase suya, resultando por fuerza una especie de diálogo durante el cual se pone de manifiesto que Somoza achaca a los demás ciudadanos todos los daños causados por él y su régimen, a Nicaragua.”

Dijo Somoza: “Hace aproximadamente tres sesiones del Comité expliqué que había grupos minoritarios que iban a tratar de entorpecer la vida normal del país”.

RESPUESTA DE PEDRO: Hace años, general, el grupo minoritario representado por su familia viene entorpeciendo la vida normal del país. Para no mencionar lo peor, Sandino, Wiwilí, 4 de abril ,etc. Usted botó al presidente legítimo, Dr. Juan B. Sacasa. Echó al Dr. Arguello. Se hizo dueño del poder y de la economía, y para hablar de tiempos más nuevos, destrozó la Constitución, impidió las elecciones, ha agredido a la Iglesia, está concluyendo con la libertad de información, y pretende acabar con el sindicalismo. ¡Y es un grupo tan minoritario que lo conforma nada más…su familia!

Dijo Somoza: “ Algún día tiene que entrar el orden en este país. Y si seguimos estableciendo la incertidumbre, entonces tendríamos en nuestro país una situación caótica.”

RESPUESTA DE PEDRO: “¡Por supuesto! Pero no será por medio de usted que lo ha desordenado todo, sino cuando los nicaragüenses podamos elegir a un hombre capaz y nuevo en la Jefatura del Estado. Un hombre que realmente gobierne. Que DIALOGUE. La situación caótica ya la tenemos. Y ella se debe a la incertidumbre que ha sembrado usted en los últimos años.

Dijo Somoza: “Nadie es indispensable en la vida.”

RESPUESTA DE PEDRO: ¡Usted lo ha dicho! Aplíquese pues su propio pensamiento, y hará feliz a su patria.

Sin libertad de prensa no hay libertad de pensamiento (1975)

“Más aún, la libertad de prensa es el sustrato básico sobre el cual se asienta la vigencia efectiva de todos los derechos fundamentales de la persona humana. Sin libertad de prensa, no hay libertad de conciencia. Sin libertad de prensa, no hay libertad de pensamiento. Sin libertad de prensa, está disminuido incluso el derecho a la vida. Sin libertad de prensa, no hay libertad.

Pero la libertad en sí misma, y ese es el gran problema de todos los tiempos, no puede ser una simple ficción jurídica, un concepto semántico, sino que debe tener una existencia social concreta, y de allí que necesite para existir, de una activa militancia que ponga todo su esfuerzo, y sus cinco sentidos en conquistarla diariamente. Y eso es en definitiva lo que debemos ser los periodistas: militantes de la libertad de prensa e información, base fundamental como he dicho, de todos los derechos de la persona humana.”

“La condena”, Navidad y resurrección

“Entonces instalan un nuevo escenario, nombran un Consejo de Guerra y envían al fiscal militar a hacer las notificaciones del caso. Por eso fue que después de concluidas las labores de la Corte Militar de investigación, los presos retornamos al silencio de nuestras celdas. Allí nos llegó la Navidad. La Navidad amarga, del que recuerda sin ver. Debe ser la Navidad del preso incomunicado como la del hombre que ha perdido la vista. Oscura, callada, esperando siempre los regalos que no llegan y recordando el pasado. Oyendo villancicos imaginarios, sintiendo el olor de las iglesias pobladas de gente, y esperando la ropa nueva para gozar ese raro deleite del tacto, con lo que se estrena. Era mi segunda Navidad en la cárcel y advertí a los compañeros más novatos:- Cualquier día pueden dejar entrar algo que venga de la casa, menos hoy…-Por qué…? –Porque así son ellos, simplemente.” (ESTIRPE SANGRIENTA. Cap. XXVIII).

21 de diciembre, 1959 :”Hoy va a pasar lo mismo que las otras veces. El escenario es igual. Los jueces son iguales. Los curiosos iguales. Nosotros los presos siempre tenemos permiso para lavar la ropa, para remojar con jabón nuestro uniforme de rayas. Para retorcerlo bien y ponerlo a secar durante un buen rato, y a planchar después, aplastándolo con las manos contra el suelo. Luego nos dejan juntos, hasta que los pasos de la escolta que ha de conducirnos se oyen en el pasillo Nos ponemos las camisas, y salimos afuera. Hace sol.

Caminamos en un patio y luego por los interiores de un cuartel oloroso a creolina y sudor. Luego subimos a una camioneta repleta de soldados. Descendemos de la loma de Tiscapa en otro cuartel y nos detenemos frente a la Sala de Justicia. Allí están los jueces vestidos de gala. El fiscal nos llama asesinos, traidores, malos hijos de Nicaragua, forajidos, estúpidos, equivocados, etc, etc, y alaba las bondades del gobierno. Así ha sido siempre. Afuera están nuestros familiares.

Muy  afuera, al otro lado de los muros, están de pie nuestras madres y nuestras esposas, esperando un resultado que ya conocen. Están en la calle vecina. El sol se ha puesto. Son los días próximos a la Navidad; días bellos y frescos, llenos de cánticos y de corrientes de aire. Nos condenaron más o menos a las 10 de la noche.”

“No me fijé exactamente en la hora. ¿ Qué me importa la hora…?.¿ Qué me importa que me hayan condenado?  Volvemos a la Loma de Tiscapa en la misma camioneta. Chirrian las aldabas de las puertas. Calzan los barrotes en su lugar de siempre. Coloco mi ropa encima de una caja y me recuesto en la cama.

Tres veces he vuelto condenado a este mismo lugar, con la misma ropa, a la misma cama, y cargado del mismo cansancio.

Las tres veces he sentido lo mismo: es necesario resucitar .¡ Hay que resucitar!

Dice un amigo mío a quien quiero como hermano, que un fracaso es como una crucifixión, y que nadie puede resucitar sin haber sido antes crucificado.

Este es pues el fin…pero es también el comienzo.”