Opinion

Si eres joven, mueves montañas

Están los jóvenes de hoy para impedir que los secuestren como ocurrió con otras generaciones, no quieren dejar escapar su futuro porque van a vivir ahí

Escuché a la comandante Doris Tijerino, excompañera de bachillerato en el Ramírez Goyena cuando la educación pública era de verdad, y quien en cierta ocasión me salvó de la expulsión por conducta intolerable, excesivamente necia, decirle al gobernante de una minoría que camina a la orilla de la represión: “Cuide a esos jóvenes, que valen la pena”. Por un instante, trasladando imaginariamente la recomendación al gigantesco sector azul y blanco, hice una rápida traducción entendiendo: “Cuídese de esos jóvenes, que han provocado todo esto, prácticamente irreversible”. El presidente quizás pensó lo mismo, y quedó viendo a quien tanto sufrió mientras se convertía en uno de los símbolos de aquella revolución que en principio pareció tan esperanzadora, siendo finalmente traicionada y lamentablemente desaparecida, sin dejar ninguna huella visible por ningún lado.

Leo, horas después en la quietud de mi vejez, una entrevista de la colombiana Pilar Bonet a un hombre mayor, Mijail Gorbachov en el diario El País, de España, sobre los 30 años de la caída del muro de Berlín, y me detengo en la pregunta: “¿Cómo consolidar una sociedad?”, obviamente en referencia a la unificación de Alemania. El siempre recordado líder de la histórica “Perestroika”, respondió: “Se joven. No te dejes llevar por los esquemas. El futuro es de los jóvenes y deben hacer todo lo posible para que no se les escape. Ellos lo saben”. También lo sabía Doris Tijerino en su juventud y fue a pelear por su futuro tomando todos los riesgos en busca de provocar un necesario cambio de sistema. Ah, no dio resultado, y atrás quedó una generación de jóvenes que fracasaron en el intento como seguramente lo comprueban mientras envejecen cada vez que miran hacia atrás, frunciendo sus ceños.

Recordemos 1968. Todos los revolucionarios fueron jóvenes y depositarios de grandes expectativas por parte de pueblos creyentes, que los vieron sacrificarse al extremo. Aquí, lograron derribar una dictadura en 1979 y como lo hicieron tantos, franceses, bolcheviques, romanos, latinos, gritaron “Esta época tenebrosa nunca más volverá”, pero volvió, increíble y dramáticamente, con ellos “los combatientes”, como protagonistas de un continuismo terriblemente dañino. El castrismo supuestamente liberador se convirtió en un opresor de más de 60 años, y que decir de Julio César, Robespierre, Napoleón, Lenin y Trosky, que desde antes de dejar de ser jóvenes, fueron traidores a sus propios ideales. “A la gente hay que usarla”, es una frase de Trosky compartida por Lenin. Exactamente es lo que hicieron, y lo que siguen haciendo falsos líderes hermanados por la corrupción. Usar a la pobre gente y abusar.

Me pregunto ¿qué tanto se puede extender la juventud? Y pienso: sintiéndose joven. Gorbachov se está aproximando a los 90 años, pero considera que sigue siendo un joven estimulado por las esperanzas de poder ver un mundo mejor, en tanto a nosotros tratan de condenarnos a vivir en algo peor que el mundo de ayer. Pero están los jóvenes de hoy para impedir que los secuestren como ocurrió con otras generaciones, esos chavalos que no quieren dejar escapar su futuro porque van a vivir allí, abriéndose paso, resistiendo todas las embestidas en busca de evitar lamentarse por el tiempo perdido. Y están quienes se sienten jóvenes más allá del paso del tiempo y pueden contribuir a la tarea, por encima de cualquier mea culpa. Pero es de esos jóvenes como los de abril 2018, cargados de vigor, que toda dictadura, estremecida en sus cimientos, debe cuidarse. Jóvenes que podrían no traicionarse a si mismos y garantizar realmente el cambio soñado.

Más en Opinion

Send this to a friend