Opinión

¡Sí se pudo!

Guatemala inaugura una etapa de su historia política con una victoria contra un gobierno corrupto



Fueron 20 semanas de protestas masivas unas, otras no tanto, pero constantes, disciplinadas y pacíficas que lograron unir a grupos capitalinos de clase media con sectores populares, residentes urbanos departamentales y organizaciones indígenas rurales. Esta coalición ciudadana, multiclasista, multiétnica y pluralista acrecentó su conciencia cívica primero con la renuncia de la exvicepresidenta Roxana Baldetti. Y luego, gracias a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y al Ministerio Público (MP), que provocaron la caída de ministros, viceministros, secretarios de la Presidencia, diputados y candidatos sindicados de corrupción, se unificó una línea en contra de la impunidad y en pro de una reforma profunda del Estado y sus instituciones.

La victoria más grande de esta marea ciudadana se produjo el pasado martes, alrededor de las 4 de la tarde, cuando el tablero electrónico del Congreso registró 132 votos a favor de enjuiciar al presidente Otto Pérez Molina. Ninguno en contra. Un histórico regis- tro que incluyó, sorprenden- temente, a 32 diputados del opositor, aliado con el oficia- lismo, Libertad Democrática Renovada (Lider) y 32 del mo- ribundo Partido Patriota (PP).

Fue una victoria largamente trabajada, pero inesperada porque la sesión parlamenta- ria del martes 1 de septiembre de 2015 no debía culminar de esa manera. Lo que deseaban hacer sus organizadores y protagonistas, los diputados de Lider y el PP, era un simulacro en el que ambos partidos hacían como que querían asistir, pero no en el número suficiente para completar los 105 legisladores necesarios para despojar de su inmunidad a Otto Pérez.

El simulacro tenía comparsas: la Unidad de Acción Sindical y Popular (UASP) de Nery Barrios, uno de los sindicatos que apoya a Pérez Molina, se apostó en las entradas del Congreso para impedir el ingreso de diputados. Pero solo fue que apareciesen los acarreados de Barrios, para provocar el fracaso del plan original, ya que manifestantes ajenos al gobierno los superaron en número y en decisión, y lograron formar una barrera que le abrió camino a los legisladores.

Me dicen que el presidenciable Manuel Baldizón había acordado con el Presidente la ausencia parcial de su bancada. Solo llegarían 25, suficientes para que Baldizón tuviera una coartada para alegar que apoyaba el proceso, pero pocos para completar los 105 requeridos para poder realizar la sesión.

Unas fuentes me dicen que lo que decidió la votación fue la inminencia de los comicios y el temor de no ser reelectos si votaban en contra. Me hablan también del resentimiento por parte de diputados de su partido hacia el Presidente porque traicionó a Baldetti. En todo caso, coinciden mis fuentes en que para el PP fue una decisión difícil que lo que menos le produjo fue satisfacción.

Al notar en qué dirección iba el viento, se aparecieron siete diputados más de Lider. En el momento en que el tablero electrónico marcó los prime- ros 60 votos a favor y ninguno en contra, la bancada oficialista empezó a votar a favor, postura que luego secundó Lider.

Los últimos en votar fueron los incondicionales del Presidente: Estuardo Galdámez, José Fernández Chenal, Gudy Rivera y Valentín Gramajo, quienes se dejaron llevar por la mayoría cuando vieron que su líder estaba perdido.

Baldizón, tan ladino como es él, difundió un texto afirmando que con este proceso cul- minaba para ellos una lucha de “de tres años (en la que) estuvimos denunciando cada acto de corrupción del gobierno”, por lo cual instaba a votar a su bancada en bloque para quitarle la inmunidad al Presidente.

En las afueras del Congreso y en la Plaza de la Constitución, ajenos al autobombo de Baldizón, la gente celebraba, cantando a voz en cuello: “Sí se pudo”.

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Publicado en Contrapoder.