Economía

Negativa de Ortega a adelantar elecciones, liquida la confianza de agentes económicos

Sin acuerdo político, economía nacional va en caída libre

Funides estima caída entre -7 y -11%, Copades proyecta -20%. Construcción, agro, comercio, turismo y finanzas, ven cómo sus números empeoran mes a mes



Con su negativa a lograr un acuerdo político para adelantar las elecciones presidenciales, el régimen de Daniel Ortega le está dando un golpe de gracia a la economía nicaragüense —que se desliza hacia la depresión— después que, a inicios de octubre pasado, el país cayera en recesión.

“La recesión en que se encuentra la economía nicaragüense desde el segundo trimestre de 2018 se está profundizando, y corre el riesgo de transformarse en depresión en el corto plazo”, sin que parezca que se estén tomando medidas para evitar un colapso económico, afirma Néstor Avendaño, presidente de Consultores para el Desarrollo Empresarial (Copades) de Nicaragua.

De todos los pronósticos, el más amable es el del economista Mario Arana, cuyos cálculos permiten vislumbrar una caída cercana a -5%. Luego está el de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), que lo sitúa entre -7% y -11%, en dependencia de diversos factores.

“Ese -7% a -11% es un rango. No tener acuerdo deja igual nuestro pronóstico”, sostiene Juan Sebastián Chamorro, director ejecutivo de la Fundación, y uno de los líderes Azul y Blanco de la negociación. Más allá, está el -20% hasta donde conducen los cálculos del equipo de economistas que trabaja con Avendaño.

Antes de hablar de su propio análisis, Arana prefiere validar los de Funides, que de cumplirse en 2019, “sería más del doble de la contracción observada en 2018”, lo que le parece “bastante dramático”, pese a que la base de cálculo para este año comenzó desde una base más baja.

“El factor más riesgoso es la contracción del crédito, que no se vio en 2018, pero se sentirá en 2019, y dará un frenazo a toda la actividad económica, cuyos efectos se verán en el ciclo agrícola y en el comercio”, detalla Chamorro, de Funides.

Más pobres aún

Tratándose de una economía de 13 000 millones de dólares, una contracción del 10% implica que el producto interno bruto (PIB) se reducirá 1300 millones de dólares más en este año, señala Arana, quien estima que, las implicaciones para las empresas, estarán determinadas por el sector de la economía en que se encuentre cada una. A modo de ejemplo, reseña que las del área de consumo interno (como autos, o línea blanca), sufren más que las que venden alimentos.

“Las del ramo turístico también están sufriendo mucho: hay algo de turismo, pero es poco. Las de construcción padecen por falta de financiamiento, y de hecho el sector financiero mismo está sufriendo. Las del rubro agropecuario enfrentan un problema de bajos precios internacionales, y falta de financiamiento”, precisa.

Confrontado con la posibilidad de que nada frene una caída que toque la cota del -20%, Arana admite que es posible, aunque para ello, quizás tendría que ocurrir primero una quiebra bancaria, tragedia que nadie vaticina aún.

Avendaño, de Copades valora especialmente “los impactos de la incertidumbre política y de la reforma tributaria en vigor desde el primero de marzo”, para indicar que “se corre el riesgo de la paralización del ciclo agrícola 2019-2020, aunado a la caída de la producción agroexportable del ciclo agrícola 2018-2019”.

En paralelo “la construcción se desploma y la actividad comercial continúa deprimiéndose, agravada por el creciente desempleo y el deterioro del poder adquisitivo de los salarios”, advierte.

En este escenario probable, “la producción de bienes y servicios tiende a caer 10.6%, la tasa de desempleo abierto más la tasa de desempleo equivalente relacionada con el subempleo se aproxima al 36% de la población económicamente activa”, hasta sumar 1.38 millones de personas que no generan ingresos, mientras la inflación anual alcanza la barrera del 8%, alerta.


Anular las dificultades

Por gremios, sectores como el agropecuario y la construcción de viviendas encuentran que la falta de un acuerdo mantiene inclinada la cuesta arriba por la que deben transitar las empresas y los productores mientras el país regresa a la senda del crecimiento.

Álvaro Vargas, vicepresidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), explica que tanto los cultivos permanentes, como los anuales y la ganadería, se enfrentan a un combo de dificultades en este 2019, que no parece que vaya a remitir, y menos siendo que no se logró un acuerdo.

Ese ‘combo’ incluye una baja en los precios internacionales de nuestros productos de exportación, la posibilidad de que este sea un año de sequía, si se declara El Niño; la disminución del crédito, (y que el disponible, lo esté a altas tasas de interés), más la reforma tributaria, la de la Seguridad Social, el alza en los precios de los combustibles, la de la energía eléctrica, etc.

Por su parte, un integrante de la Cámara de Urbanizadores de Nicaragua (Cadur), dijo a CONFIDENCIAL que “para nosotros no es una opción que el diálogo no dé frutos”, dado el desplome de la actividad constructiva en general, la que en su caso se materializa en una caída del número de casas colocadas, en especial, aquellas que dependen del crédito bancario.