Opinion

Stimson y la gesta de Sandino

La presencia de EE.UU, elecciones amañadas, y la persistencia de vicios políticos históricos

Él y yo nos sentamos bajo un gran árbol de Espino Negro,
junto al lecho del río seco. Habló en inglés con inusual
sencillez y corrección… En menos de treinta minutos
nos entendimos mutuamente y arreglamos el asunto.
Henry L. Stimson

El próximo 4 de mayo, se cumplen noventa años de la capitulación del general José María Moncada y del inicio de la gesta sandinista. El célebre historiador inglés, Arnold Toynbee, aconseja leer La política de Estados Unidos para Nicaragua, (Aldilá, Editor, 2004), el libro escrito por Henry L. Stimson, como resultado de sus gestiones como enviado especial del presidente Calvin Coolidge —para concertar la paz en Nicaragua— teniendo a mano la reseña que aparece en The Times, el 27 de enero de 1928, debido a que incluye puntos relevantes a los que Stimson no hace referencia.* Considero igualmente importante, leer el libro del enviado estadounidense, a la luz de los análisis realizados por Toynbee, Los Estados Unidos, México y Nicaragua, (Aldilá Editor, 2003), ya que salva innumerables omisiones en las que incurre Stimson. Ambos textos se complementan. Toynbee ofrece la ventaja de despejar muchos nublados. Su obra es esclarecedora.

Leídos desde el presente, el sabor que dejan en el paladar no deja de ser amargo. La persistencia de numerosos vicios políticos, dan la impresión que la historia en Nicaragua gira en círculos concéntricos. Muchos de los problemas a los que se encuentra abocada la sociedad nicaragüense, no son más que la reiteración de acontecimientos históricos ocurridos a lo largo del siglo veinte y principios del veintiuno. ¿A qué se deberá que no existan lecciones aprendidas? La intervención estadounidense de 1927 —la segundacon apenas meses de diferencia— estuvo motivada porvarios factores, uno de los cuales fue el pretexto ofrecido por su antiguo aliado, el chontaleño Emiliano Chamorro Vargas, ante el golpe de Estado ejecutado el 25 de octubre de 1926, contra el presidente Carlos J. Solórzano y su vicepresidente, Juan Bautista Sacasa. Otra razón fue el apoyo brindado por México a la revuelta liberal.Aspecto al que Toynbee concede interés especial.

Toynbee y no Stimson, es quien establece que la intervención fue el resultado del efecto combinado de tres causas distintas: la competencia naval en el Pacífico (quien dominaba entonces los mares dominaba el mundo), la creciente demanda de materias primas en esta parte del mundo y la revolución mexicana, iniciada en 1910. En relación a la ayuda brindada por el gobierno mexicano —presidido por Plutarco Elías Calles (1924-1928)— Stimson resalta el envío de armas y municiones hacia Puerto Cabezas, a través de los vapores Foam, Concon, El Tropical y Superior, para favorecer a Sacasa. La disputa México-Estados Unidos, se desplazó hacia Nicaragua. Los mexicanos buscaron como librar su lucha en condiciones más ventajosas, lejos de su tierra. Para Toynbee, este fue un factor fundamental para que Estados Unidos recurriera a una política atrevida en nuestro país. Intervino nuevamente en Nicaragua. Libró una batalla decisiva contra México.

Stimson incluye una larga cita del texto, The Five Republics of Central America, (1911), de Dana G. Monroe. En Centro América —expresa— un presidente hábil ejerce el poder absoluto y tiene además poca necesidad de tomar en cuenta la opinión pública, mientras conserve la buena voluntad del ejército y de los burócratas que le deben sus posiciones. Somete a su antojo a los poderes locales y puede reelegirse periodo tras periodo y no es responsable por el ejercicio de su autoridad. Dana G. Monroe indica las actitudes que asumen, entrometiéndose en los asuntos personales de susciudadanos y en sus relaciones familiares, sin respeto de los más sagrados derechos familiares. Incluye una afirmación que me lleva a evocar expresiones vertidas sesenta años antes por G. E. Squier (Nicaragua, sus gentes y paisajes, 1852). Dana, igual que Squier, indica que el presidente tiene capacidad para exiliar, encarcelar, o mandar a matar a sus enemigos, y confiscar sus propiedades, y a la vez puede enriquecer y favorecer a sus amigos.

Toynbee coincide con Stimson en sus críticas a la naturaleza fraudulenta de las elecciones. Una práctica malsana que no acaba de desterrarse. A lo largo de nuestra historia, los cuestionamientos a las manipulacionesdel sistema electoral, por quienes lo dirigen, no acaban y parecieran no tener visos de concluir. A lo largo del siglo veinte, liberales y conservadores se acusaban mutuamente de interferir en las votaciones, con el propósito de sacar ventaja a sus oponentes. Emiliano Chamorro adujo que el Lomazo se debió a que el presidente Martínez no respetó los resultados de las elecciones celebradas en octubre de 1924. Un pretexto baladí. Emiliano era firme creyente de las montoneras y golpes militares. El fundador de la dinastía, Anastasio Somoza García, haría lo mismo. Con ayuda generosa del árbitro electoral, Modesto Salmerón, cambió en provecho de Leonardo Arguello, los votos obtenidos por Enoc Aguado, en la medición de1947.

Iguales reproches hizo la oposición nicaragüense, durante las elecciones celebradas en 1959, cuando se eligió como presidentea su heredero, Luis A. Somoza Debayle. En la antesala del siglo veintiuno, los mismos argumentos vertió el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), al conocer los resultados de las elecciones de 1996. El comandante Daniel Ortega, acusó a los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE), de haberle birlado el triunfo,pararegalárselo a Arnoldo Alemán, ungiéndole como candidato victorioso del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Señalamientos similares serían vertidos después contra el FSLN. La oposición alegó que las elecciones municipales de 2008, fueron ilegales. Lanzaron acusaciones mordaces contra Roberto Rivas, presidente del CSE. Los reclamos se tradujeron en trifulcas callejeras y ocasionaron la destrucción de tres radioemisoras en la ciudad de León.

Las elecciones de autoridades nacionales de 2011, se vieron ensombrecidas por idénticos señalamientos. La oposición señaló de tramposo a Rivas. La reelección de Daniel Ortega fue impugnada. En intervenciones posteriores, el comandante Ortega, puso sal sobre la herida. Frente a los mismos jueces que lo eligieron, dijo que la oposición, cuando hacían trampa a su favor, no decía nada, pero cuando era para beneficiar al FSLN, pegaban el grito al cielo. Subsiste la desconfianza histórica. Liberales, conservadores y sandinistas,cargan con estas imputaciones. Ante el descrédito de los árbitros, la oposición había demandado Observación Electoral. El FSLN la rechazó. Su principal contrincante perdió la personería jurídica y sus diputados echados del parlamento. En vísperas de la elección de nuevas autoridades edilicias —en noviembre de 2017— el Frente realizó un giro inesperado. La OEA fue invitada esta vez como acompañante.

En la presentación que hace del libro de Stimson, el historiador nicaragüense Aldo Díaz Lacayo —por demás editor de la obra— enfatiza la forma que este aborda el tema de la propiedad. Díaz Lacayo apunta que se trata de una situación poco mencionada por los historiadores nicaragüenses: las confiscaciones del gobierno conservador contra la oposición liberal, elevándolas a problema económico casi de carácter estructural. Díaz Lacayo se refiere que a Stimson —los dirigentes de las paralelas históricas— le confiaron que estaban sabidos,que no puede lograrse ninguna reforma política permanente sin solucionar también este problema (de la propiedad, añade Díaz Lacayo). En el Capítulo III Referencias de nuestra política para el futuro, Stimson insiste en el carácter vital, para los intereses de Estados Unidos,de la construcción del canal interoceánico por Nicaragua, considerado como pieza clave en su ruta marítima.Con estas excusas justifica la intromisión en Nicaragua.

Podría seguir enumerando el paralelismo entre dos obras decisivas para conocer la presencia e intervención de Estados Unidos, lesionado la dignidad de los nicaragüenses. Entre ambos textos existe una diferencia abismal. Stimson no fue más que continuador de la política injerencista estadounidense. La forma que selló el Pacto del Espino Negro, motivó la protesta y condujo a la guerra anti-intervencionista y anti-imperialista del general, Augusto C. Sandino. Stimson se refiere al héroe nacional de manera despectiva, Toynbee lo exalta. El inglés condena la acción de Estados Unidos. Se pregunta al final, si la supervisión electoral de 1928 y 1930, produjeron una actitud más amistosa o si disminuyó el resentimiento generado por la interferencia de Estados Unidos en los asuntos centroamericanos. Los efectos fueron adversos. Sandino se alzó en armas en contra de su intromisión en Nicaragua. Lo hizo en defensa del decoro nacional

*El libro de Henry L. Stimson, American Policy in Nicaragua, fue publicado en Nueva York, por Charles Scribner’s Son, en 1927. La versión que leí, es la tercera edición nicaragüense, traducción realizada por Fernando Solís Borge.

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