Política

Exembajador Arturo Cruz analiza el impacto del acuerdo con la OEA en Washington

La era Trump, Ortega, y la Nica Act en EE. UU.

EE. UU.

El voto en Florida y la reelección de Trump: cubanoamericanos ocuparán posiciones clave en política hacia América Latina



En medio del clima de agitación que representa el inicio de la era Trump en EE. UU., marcada por el proteccionismo económico, la revisión de los tratados de libre comercio y el estilo pragmático y visceral del nuevo presidente, el exembajador de Nicaragua en Washington Arturo Cruz agrega un factor adicional de incertidumbre y es el peso que ejercerá el lobby  cubanoamericano en el diseño de la política exterior hacia América Latina.

Embarcado Trump desde el primer día de su presidencia en la campaña por su reelección, ahora tiene una deuda particular que saldar con los votantes cubanoamericanos que le dieron la victoria en la Florida, y el pago será otorgarle poder e influencia a sus representantes en las políticas hacia Cuba y la región.

Cruz advierte sobre la existencia de “prejuicios” y “factores emocionales”, en la visión que estos sectores tienen sobre América Latina, y apela a posturas desde nuestra región en las que prevalezca “la estabilidad y la eficiencia en el desempeño del gobierno”.

Reconociendo el deterioro que ha sufrido la imagen del gobierno del comandante Ortega en Washington, producto de la deriva autoritaria que se desató en los últimos meses, antes de las elecciones del seis de noviembre, el catedrático del Incae lee con optimismo el reciente acuerdo político entre el gobierno y la OEA. El gobierno “compró tiempo”, dice, pero el destino definitivo de la ley Nica Act en el Congreso de Estados Unidos, dependerá de la credibilidad y las credenciales democráticas de las elecciones municipales que se celebrarán en noviembre en Nicaragua.

Considerado uno de los principales expertos nacionales en el manejo de las relaciones bilaterales entre Managua y Washington, en una entrevista con el programa televisivo Esta Semana Cruz negó estar actuando como “asesor” del presidente Ortega. “Los cargos son para hacer algo con ellos, no para ocuparlos”, indicó, ante la existencia de más de veinte asesores nombrados por el presidente, y remató: “un cargo de embajador en Washington tiene que ser de plena confianza del jefe de gobierno”.

El proteccionismo de Trump

El discurso de Trump el viernes pasado durante su investidura, ¿representa realmente el inicio de una nueva era de proteccionismo y freno a la globalización?

La mayoría de los norteamericanos sienten que la globalización los ha perjudicado, y en cierta forma el sector de manufacturas que representaba el 33% de los empleos en los años cincuenta, hoy  representa menos del seis por ciento de los empleos, y la clase media norteamericana surge sobre la base de empleos precisamente en manufacturas. Con la erosión del sector, los perdedores no se han podido reinventar porque la nueva economía, que es la economía del conocimiento, requiere una serie de capacidades que estos no tienen.

El mensaje de Trump a los norteamericanos con títulos de bachiller es –yo les voy a  ofrecer un trabajo que no sea haciendo hamburguesas, y si para eso yo tengo que ser proteccionista, los seré–.  En  ese contexto él está tocando  una fibra íntima que uno la siente en Estados Unidos, donde el que no tiene educación es realmente un perdedor. Históricamente, los norteamericanos lograron que un individuo con una educación,  inclusive  de primaria,  podía  en el sector de manufactura ganar el equivalente, en dólares de hoy,  de treinta a cuarenta dólares la hora, obviamente esa era la economía de los años cincuenta, sesenta.  Hoy, en la economía globalizada, es muy difícil.

Ese giro proteccionista necesariamente tendrá una repercusión, ya lo advirtió Trump, en las relaciones internacionales, en su política exterior, y los tratados de libre comercio.

Sin duda.  Y él  tiene en su cabeza, de manera tal vez muy mecánica y mercantilista, dos países que lo obsesionan. El déficit comercial de los Estados Unidos en el 2015-2016 fue de 500,000 millones de dólares, 400,000 millones fueron con China y con México.

Muchos norteamericanos sienten de que los empleos de manufactura que antes estaban en Michigan, en las Carolinas, se han trasladado ya sea a China o a México. La pretensión es,  en algunos casos, que tal vez algunos de estos  empleos regresen, pero aún si regresasen, tienen que regresar en el contexto de una economía global, por lo cual,  pretender salarios como los que  obtenían históricamente en el sector de manufactura con poca educación, me parece a mí que va a hacer una propuesta un poco compleja.

Con este nuevo ímpetu de Trump, ¿se prevé que los tratados del Nafta y el Cafta,  tengan modificaciones con México y con Centroamérica?

Nuestro amigo Jorge Castañeda (excanciller de México) ha estado insistiendo en  un frente común, pero yo creo que nuestros intereses vitales están por nuestro lado, y tenemos que ser muy sensibles en ese tema.

¿Centroamérica separado de México? 

Centroamérica, ve cómo te manejás, verdad, porque México realmente es el desafío. Ahora, yo soy creyente de que todas estas medidas que pretende tomar el presidente Trump no son funcionales,  ni para ellos ni para México.

El nuevo peso del lobby cubano

En su discurso Trump no mencionó la palabra migrantes, tampoco México, ni el muro que pretende construir en ese borde fronterizo. ¿Cuáles son las señales que percibes de sus prioridades hacia América Latina? Los nombres que se mencionan como posibles candidatos a ocupar posiciones influyentes parecieran estar dominados por cubanoamericanos. 

Yo creo que Trump no tiene un gran  propósito de política exterior. En el caso, por ejemplo de Rusia, podrá tener coincidencias en el esquema de Siria;  en el caso de Ucrania, le diría a los rusos,  yo no la voy a integrar en OTAN, pero vos por favor  aparentá que respetás su independencia; Crimea es tuya, no tengo ninguna dificultad; en Irán tenemos discrepancias. Va a ser una política balcanizada.

Pero también va a ser una política exterior en función a su reelección. El equipo de Trump ya está pensando en su reelección, y quiero darte unos indicadores: primero que todo su victoria fue de 305, votos electorales, de esos 75 votos vienen de cuatro estados. En Pensilvania ganó por 44,000 votos, en Michigan por 10,000 votos, en Wisconsin por 22,000 votos, en la Florida él gana por 112,000 votos, y lo importante ahí es el voto cubanoamericano, que las encuestas anteriores a la visita de Trump –donde se compromete a golpear a la isla–, la intención de voto de los cubanos norteamericanos giraba en favor de Hillary Clinton, cuando él da ese discurso la intención cambia 20 puntos a favor de Trump, esos veinte puntos representaron, desde el punto de vista de los votos cubanos, 160 mil votos, por encima de los 110 mil con el que él gana.

¿O sea, hay una deuda política con esa comunidad? 

Y sobre todo con lo que pudiéramos llamar el triángulo, tal vez pequeño, salvo la presencia cubana, de venezolanos y nicaragüenses que están en la Florida y que de alguna manera contribuyen a esa victoria. Se está hablando, y correctamente, de los que pueden ir al Departamento de Estado, al Departamento del Tesoro, a la Casa Blanca, pero hay un individuo de origen cubanoamericano que verdaderamente me parece a mí que es notable, Carlos Díaz Rosillo

Un profesor de Harvard nombrado para un cargo dentro del ejecutivo de coordinación interna de política. 

Si, estará encargado probablemente de la estrategia electoral para los latinoamericanos. Entonces definitivamente ¿qué es lo que le puede dar Trump en el caso de Michigan? La industria automotriz.¿Qué puede dar Trump en el caso Pensilvania? El tema de los metales. ¿Qué le puede dar a la Florida Trump? Los cargos que tienen que ver con América Latina, y fundamentalmente esos cargos en el Tesoro, en el Departamento de Estado, en la Casa Blanca, se van a volver relevantes desde el punto de vista de su reelección.

¿Y eso tiene implicaciones en cuanto a políticas relacionadas con el comercio, o  más en relación también al  tema de democracia, autoritarismo en América Latina?

Va a tener que ver también con las emociones de una comunidad que se siente muy golpeada con América Latina por la relación que ha tenido con Cuba, donde la percepción es que había una apología conspicua,  por lo que ellos consideran es un gobierno autocrático, que no le da derechos humanos a sus ciudadanos, y por lo tanto hay un prejuicio muy fuerte ahí, por ejemplo, Yleem Poblete que supuestamente iría a la Casa Blanca,  viene del staff de Ileana Ros-Lehtinen, el que va al Tesoro posiblemente, tiene una comunicación muy cercana con el equipo de (Bob) Menéndez, con el equipo de (Marco) Rubio, y muchos de los que están pensándose para el Tesoro en el futuro,  y de sus representantes en los multilaterales, van a estar íntimamente ligado con estas preferencias.

El retiro de Dogu en la plaza

Esa es una mala noticia para un gobierno como el que encabeza el comandante Ortega en Nicaragua, que ha sido señalado de demoler las instituciones democráticas, o para el gobierno de Maduro en Venezuela. 

Obviamente, va a ser un desafío poder trascender esos cuadros intermedios, y poder llegarle a los realistas de Trump que en cierta manera valoran la estabilidad, la efectividad, independientemente de las credenciales democráticas, y obviamente el gobierno del presidente Ortega tiene algunos assets que ofrecerle a Trump, la gran pregunta es ¿cómo le llega?

El diez de enero la embajadora Laura Dogu se retiró de la tarima cuando el presidente Ortega estaba hablando precisamente de Estados Unidos. ¿Cómo se lee políticamente ese gesto?

Para empezar, yo creo que es un gesto que no tiene que ver solamente con la administración que se va, porque todavía estaba el presidente Obama, creo que, sobre todo, tiene que ver con los que vienen, y creo que eso es muy importante resaltarlo, tiene que ver con el posible grupo de latinoamericanistas,  que van a tener que lidiar con estos temas. Obviamente, la instrucción ella la recibe de sus superiores en el Departamento de Estado, todavía  de Obama, pero no hay duda alguna que también es un gesto hacia los que vienen. Y definitivamente, yo lo considere notable, o sea que había que tomar en cuenta el gesto de molestia.

¿Una reacción de censura?

Una reacción de que el margen de tolerancia para una retórica que previamente se descontaba como inconsecuente, siempre y cuando la práctica fuese en función a los intereses vitales de la seguridad norteamericana, eso ya pareciera que se agotó.

El acuerdo OEA-Ortega 

El acuerdo que se dio a conocer el viernes, entre el gobierno y la OEA, se presenta como un adelanto de algo más amplio que se presentará el 28 de febrero ¿qué impacto puede tener en el clima que hasta ahora ha prevalecido en el Congreso norteamericano dominado por los republicanos, que el año pasado aprobó la ley Nica Act como una reacción para imponer sanciones económicas a Nicaragua por las violaciones a las normas democráticas?

Primero que todo, tengo que reconocer que la diplomacia del gobierno del presidente Ortega demostró mucha habilidad, sacó un comunicado compartido, en conjunto, ya de  por sí eso es una victoria. En segundo lugar, de alguna manera 2016 es un hecho consumado, todo es en función hacia el futuro.

¿Ortega está imponiendo un borrón y cuenta nueva?

Básicamente, y la OEA se lo está reconociendo en ese documento. Y lo interesante es que hablan de un calendario que a finales de febrero van a compartir, van a lograr tener un memorándum de entendimiento, actividades de los próximos tres años, con un sentido muy técnico. Desde ese punto de vista es indiscutible que ellos compraron tiempo para ver cómo se configura la política de Washington, en cuanto al equipo de Trump.

En cuanto a la Cámara de Representantes, donde se va iniciar el proyecto de ley una vez más, yo especulo que lo van a introducir en marzo, que es cuando el calendario de actividades en la Cámara es bastante prolongado. Para los que lo van a introducir, independientemente de lo que el gobierno de Nicaragua estuviere dispuesto a dar, nunca van a ser satisfechos, son insaciables en ese sentido. Pero no hay duda de que el equipo de los demócratas, y sobre todo me refiero al equipo de Engel, tal vez en este comunicado pueda encontrar algunos elementos que le permiten contrarrestar los puntos más extremos del proyecto de ley.

La ley Nica Act y las municipales

Pero el acuerdo no toca el problema toral que ha causado conmoción en Nicaragua y también en el exterior, un régimen de control partidario de todas las instituciones: empezando  por Consejo supremo electoral, la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría, la Fiscalía, y en Nicaragua colapsó el sistema de contrapeso democrático de poderes. 

Tenés toda la razón. Pero te estoy diciendo lo que yo creo que puede ocurrir, independientemente de esta discusión. Ahora bien ¿qué es lo que le va a dar vida al Nica Act en la Cámara? Lo que ocurra en elecciones municipales. Si las elecciones municipales tienen un mínimo de credibilidad, creo que independientemente de que inclusive el Nica Act pase en la Cámara, en el Senado se le puede complicar su gestión. Ahora, si no tiene ese mínimo, definitivamente el Nica Act en la Cámara pasaría con una gran velocidad, y en el Senado es  más complejo, pero tendría más posibilidades de pasar. Pero  no veo  Nica Act en este año, independientemente de la discusión,   si vamos a tener Nica Act va a ser en el 2018.

En última instancia, la pelota está en la cancha los nicaragüenses y en particular de la oposición. Ciudadanos por la Libertad dice: es un paso muy pequeño pero va en la dirección correcta. El Frente Amplio por la Democracia dice: no aceptamos que se pretenda legitimar una farsa electoral, eso no resuelve el problema de fondo del país. Dependerá de la dinámica política nacional,  cómo esto repercute a  nivel internacional. 

Si de alguna manera en las elecciones venideras tenés presencia de un partido que refleje el viejo PLI, por ponerlo  así, y por otro lado tenés acompañamiento, observación nacional e internacional, aún con el Consejo Electoral que tenés deficiente completamente, ya con esas dos cosas vos  podés avanzar mucho,  desde el punto de vista del gobierno en el tema del Nica Act en el Congreso, pero eso son los dos mínimos, para poder verdaderamente tener una política efectiva en la Cámara y en el Senado.

Vos fuiste embajador de Nicaragua en los primeros años del gobierno del comandante Ortega, precisamente cuando se produjo un fraude electoral ampliamente documentado

En el 2008

Hubo después una reelección inconstitucional del presidente a partir del año 2011;  esos elementos que han marcado el rumbo de la deriva autoritaria del país, del deterioro de todo el sistema democrático ¿tienen impacto en esta relación?

Sobre todo lo tuvieron con Hillary Clinton. Tu te recuerdas cuando (la embajadora) Phillys Power viene, en su primer discurso a los días de estar en Nicaragua, fue un discurso muy agresivo. Sin embargo, cuando entra (John) Kerry las cosas cambian. Porque obviamente el Triángulo Norte es complicado, hay una situación de deterioro en la región y empieza a haber escepticismo con la idea de que vos podés promover democracia desde Washington, y empieza a haber un sentido mayor de realismo, de efectividad, y se cree en Washington de que independientemente de todo esto, el gobierno nicaragüense es efectivo, la economía crece, hay seguridad, y tiene sustento popular.

Y la pregunta que se hacen en Washington es ¿por qué es que el presidente Ortega insiste en restarse,  él mismo,  legitimidad, dando comicios electorales que a todas luces, desde la perspectiva de allá, se veían deficientes?

La reacción a Ortega en Washington

Y a nivel nacional hubo una eliminación de la oposición y se prohibió la observación electoral

¿Y que pasó con ese gobierno tolerante? A partir de junio del año pasado se dan una serie de acciones, que inclusive para ellos se les volvió difícil de aceptar. Tomando en cuenta el contexto de editoriales del Washington Post, del New York Times y del Wall Street Journal, que son tres cajas de resonancia de extraordinaria relevancia, y es en ese momento que yo creo que hay cierta irritación personal de parte de ellos cuando vos le expulsas a los funcionarios que, desde el punto de vista de ellos, andan haciendo transacciones ordinarias que facilitan el tema del comercio.

Las elecciones en Nicaragua del seis de noviembre fueron opacadas en su resonancia internacional por la elección de Estados Unidos. En Nicaragua todo mundo fue testigo de la ausencia de votantes en las urnas de una manera masiva, aunque no se puede saber exactamente si la abstención fue del cuarenta, del cincuenta, o del setenta por ciento.  ¿Se cerró esta discusión sobre la legitimidad de esa elección con ese nivel tan alto de abstención?

De cierta manera las encuestas se devaluaron en Washington, o sea el argumento básico de que este es un gobierno que tenía sustento, ellos siguen creyendo que tiene sustento pero empiezan a cuestionar cuan fuerte es ese sustento. En ese sentido sí fue un resultado que tuvo consecuencias allá y, obviamente, el New York Times sacó un editorial muy fuerte sobre esta situación.

Vos estuviste en Washington en el mes de diciembre realizando contactos en el Congreso y con diferentes representantes de la administración. ¿El gobierno del comandante Ortega te propuso realizar una nueva gestión diplomática?

Dejame aclarar ese tema ya que he oído algunos comentarios sobre esto. Yo voy a Miami a dar una conferencia del Incae, explicando por qué es que Trump surge en la manera en que lo ha hecho, y después fui a Washington a ver a mi hija. Y estando en Washington yo, como de costumbre, veo a mis amistades en el Congreso, en Departamento de Estado, en la Casa Blanca, a mis amistades en los multilaterales, porque siempre me gusta tener una idea de lo que está ocurriendo. Y sí encontré un ambiente mucho más complejo, mucho más difícil para el gobierno de Nicaragua.

Ahora, bien, todavía yo no he tenido ningún ofrecimiento de ningún cargo diplomático, y yo tengo mi carga académica con el Incae negociada para todo el año.

Pero ¿estás en el ámbito de los asesores del presidente? ¿Hay veinte en la lista oficial, pero hay otros que no aparecen en la lista?

No, no. No tengo un cargo institucional, ni mucho menos. Y yo siempre he creído, los cargos son para hacer algo con ellos, no para ocuparlos. Y  el segundo punto, un cargo de embajador en Washington tiene que ser de plena confianza del jefe de gobierno, o sea el jefe de gobierno se tiene que sentir a gusto con esa persona plenamente.