Opinión

Un año de asesinatos, cárceles y agresiones

La distancia entre el altísimo número de agresiones sufridas y la posición irrenunciable de continuar informando, enaltece y engrandece el periodismo



1. 2018 fue un mal año. Cuatro actores —narcos, políticos, gobernantes y empresarios— ensombrecen la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, este 3 de mayo de 2019, instituido desde 1993 por la Organización de Naciones Unidas (ONU), para conmemorar la labor tesonera realizada por los periodistas. Entre el primero de enero y el treinta y uno de diciembre de 2018 se produjeron 80 asesinatos a lo largo del mundo, según el recuento realizado por Reporteros Sin Fronteras (RSF). El Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), contabiliza 53. La diferencia se debe a que RSF utiliza una metodología diferente, incluye a reporteros no profesionales y a personas que laboran en los medios —sin importar su ocupación— circunstancia sin la cual no hubiesen sido muertos. 251 periodistas guardan prisión, a lo que tendrían que sumarse los desafíos que imponen las infotecnologías.

2. Testigos incómodos. Los periodistas continúan siendo testigos incómodos, labor justamente valorada por diversos sectores sociales, económicos, políticos y culturales, no así por violadores de la ley, narcotraficantes a escala mundial, autoridades eternizadas en el poder; gobernantes y políticos corruptos y empresarios traficantes de influencia, aliados con mandatarios a cuya sombra se enriquecen, siguen mostrándose reacios a que la prensa exponga la magnitud de sus tropelías. Gatilleros a sueldo le disparan a plena luz del día. No importa el lugar. Ultiman a balazos a los periodistas saliendo de sus casas. Otros con el ánimo de enviar un mensaje intimidatorio lo hacen saliendo de su trabajo y para dejar claro que nada detiene su animosidad, los matan frente a su propia familia. Pese a todo el terror esto no ha paralizado el ánimo de los periodistas. No cejan en su trabajo. Tratan de sortear los riesgos.

 

 

 

Los llamados de las organizaciones defensoras de los derechos humanos y de las instituciones dedicadas a brindar protección a la prensa son desatendidos. La sordera se impone. No hay forma que entiendan que los periodistas cumplen una tarea de primerísima importancia para lograr un balance de poder en la sociedad contemporánea. Especialmente en aquellos lugares donde la división de poderes no funciona y el Ejecutivo termina poniendo bajo su control a los demás poderes del Estado. La prensa ha tenido que hacer de juez en países donde no se existe una recta justicia y se encarga de señalar los fraudes que incurre el árbitro electoral, cuando inclina la balanza deliberadamente a favor del partido gobernante. Este conjunto de hechos hace que la prensa sea percibida como enemiga, actitud que ha metido al periodismo en callejones sin salida. Solo la prensa venal hace concesiones.

3. La democratización de las sociedades. No comprendo por qué no se quiere entender que la libertad de prensa es un derecho político irrenunciable e imprescindible. En la actualidad hasta el campeón del liberalismo discursivo —los Estados Unidos de Norteamérica— entró barreno. Aunque históricamente los gobernantes republicanos han sido adversarios acérrimos de la prensa, con el arribo al poder de Donald Trump, las desavenencias cayeron en los niveles más bajos. No atempera sus recriminaciones. A Trump no le gusta condescender con los periodistas. Incluso retiró la acreditación de Jim Acosta, de la cadena noticiosa CNN bajo cualquier argumento. El resto de compañeros de oficio se plantaron y la Casa Blanca se vio obligado de restituirle el pase. La cadena noticiosa conservadora, Fox-News aliada tradicional de Trump, se desmarcó e hizo causa común con Acosta.

 

 

No puede pretenderse la democratización de nuestras sociedades si de manera concomitante no se produce la democratización de la palabra y la imagen. El riesgo actual es mayor aún. Los procesos de concentración de la prensa son galopantes. Desde la aparición del Informe McBride (1980), suscrito por la Unesco, como organización especializada de la ONU en los temas de educación, cultura y comunicación, quedó demostrado que las imágenes del mundo las personas las forman a través de los envíos de las cadenas noticiosas internacionales. Mientras prevalezcan los desequilibrios informativos y las versiones de la prensa sean sesgados, difícilmente podrán producirse cambios significativos en la comprensión de los acontecimientos ocurridos a lo largo del planeta. Un desafío sin igual. Mayor aún para quienes no disponen de tecnologías de alcance planetario.

En países como Nicaragua el esquema de propiedad es duopólico, con el agravante que hasta hace poco la connivencia entre la familia presidencial Ortega-Murillo y el empresario Ángel González, era plena. Totalmente alcahuete. Las protestas ciudadanas de abril de 2018 obligaron a Acción 10 a redefinir su política informativa. Un hecho que rompió el entendimiento que mantenía con los gobernantes, mediante la sustracción de temas de interés nacional. En Nicaragua la situación de la prensa empeoró a partir de la irrupción masiva en las calles de la ciudadanía. La tragedia de los periodistas aumentó. Las agresiones físicas crecieron de manera exponencial. El dispositivo mediático de la familia gobernante no fue suficiente para contener el ascenso de la prensa opositora. El gobierno se vio forzado a recurrir de forma sistemática a la represión y persecución de los periodistas.

4. El recuento es grave. De los 80 asesinatos ocurridos en el mundo en 2018, un total de 29 se produjeron en América Latina. Más de un cuarto de los periodistas muertos ocurrieron en esta parte del mundo. Como en años anteriores, México encabeza la lista con un total de 11 periodistas segados por sicarios a sueldo de narcotraficantes y autoridades gubernamentales. Con la particularidad que en México campea la más absoluta impunidad. Según datos brindados por Artículo 19, la impunidad prevalece en un 99. 2% en cuanto a crímenes perpetrados contra periodistas. Tijuana, la serie televisiva recientemente inaugurada en abril de este año por Netflix, constituye un hermoso homenaje para quienes asumiendo todo tipio de riesgos ejercen el periodismo. No importándoles nadar a contra corriente. Tijuana es un cuestionamiento frontal contra narcos, políticos y gobernantes.

 

 

No menos heroico ha sido el comportamiento del periodismo nicaragüenses. En la investigación de Guillermo Medrano, de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, Un año de crisis sociopolítica TIEMPO DE HOSTILIDAD Y DE REPRESIÓN contra la prensa independiente, realizada entre el 19 de abril de 2018 y el 1 de abril de 2019, se documentan1080 agresiones contra la prensa. El periodista Ángel Gahona pereció mientras cubría una marcha antigubernamental en la ciudad de Bluefields. Los periodistas Lucía Pineda y Miguel Mora siguen encarcelados desde el 21 de diciembre de 2018. 68 periodistas salieron al exilio, los equipos e instalaciones de Confidencial, Esta Semana, Esta Noche y 100% Noticias, contra ley expresa, fueron intervenidas y confiscados; las emisoras Darío y Activa fueron quemadas y los insumos de La Prensa y El Nuevo Diario continúan retenidos por la Dirección General de Aduanas.

La persecución contra la prensa alcanzó cotas bien altas, la hostilidad gubernamental no cesa, los márgenes para cuestionar siguen estrechándose, los cuantiosos recursos técnicos y económicos del gobierno no han sido suficiente para acallar las voces disidentes. Los gobernantes nunca han mostrado interés por contemporizar con la prensa. Creyeron que bastaba con disponer de sus propios recursos mediáticos. Olvidó que, en América Latina, lectores y audiencias —sobre todo en Nicaragua— descreen de una prensa oficial y oficiosa. El tufillo propagandístico y elogioso que desprenden concita rechazo. Ante unos medios que no aceptan ni formulan la más mínima crítica al gobierno, la ciudadanía busca canales de información alternativos. Necesita con urgencia enterarse de lo que en verdad ocurre en el país. Los medios oficiales y oficiosos gozan únicamente del beneplácito de sus seguidores. Un hándicap.

La conducta asumida durante más de un año por los periodistas nicaragüenses, resulta encomiable; han tenido que bregar en condiciones adversas. Las cifras resaltan su empeño por la democratización de Nicaragua. Como ocurría en el pasado inmediato, los periodistas se han visto forzados a abandonar el país, para evitar vejámenes e incluso cárcel. La distancia que media entre el altísimo número de agresiones y la posición irrenunciable que mantienen de continuar informando —asumiendo grandes desafíos— enaltece y engrandece su compromiso con un periodismo que en la hora decisiva tomó abiertamente partido a favor de una Nicaragua inclusiva. Donde no exista temor por disentir y expresar opiniones contrarias a los gobernantes, sin tener que esperar represalias, mucho menos censura, detenciones, ni confiscaciones. Un país donde la tolerancia por primera vez se convierta en norma.