Opinion

Un fantasma recorre Ninguna Parte

Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos; formen todo un solo haz de energía ecuménica (Rubén Darío)

Un fantasma recorre Ninguna Parte, y no es el fantasma del comunismo, a ese ni Putin le cree y por lo tanto no le teme. Tampoco es el fantasma del “sandinismo” (el de la revolución perdida) ahora falsificado en las cuevas de la ambición de poder a través de reelecciones interminables. ¡Ahí, en esas cuevas, fabrican murciélagos políticos! Tampoco es el fantasma que a algunas señoras les sale en las polveras o “vanidades” para acicalarse la nariz, mientras despotrican contra quienes tienen el valor de reconocer su sandinismo intelectual y espiritual, o que pretenden renovarlo o rescatarlo, en su libre quehacer de partido, sin contaminar la polvera de otros u otras. ¡Qué bien puesto lo de “vanidades”!  Tampoco es el verdadero sandinismo de Sandino, pues ese se murió con Sandino mismo y Carlos Fonseca, y como no era herencia, no se lo dejaron a oportunistas. Confío en que la señora de la polvera no tiene que preocuparse, porque ese sandinismo, hoy por hoy, lo tendrá que tomar quien se lo merezca para dar prosperidad, paz y progreso a este país, junto con otras ideologías, un racimo de diversas ideas, pero un solo racimo. “Unidad en la diversidad” como dice Alejandro Serrano Caldera. Y eso será lo que tenemos que hacer todos, pero todos juntos, ahora que derecha e izquierda van contra la vía de la historia.

No obstante lo escrito, siento que un fantasma irracional nos recorre de pies a cabeza, como si las lecciones que la historia nos legó ayer, no hubiesen ocurrido jamás. ¿Existieron los Somoza, sus reelecciones, crímenes, dinastías, estirpes sangrientas y aquel cinismo desmesurado de decir “e hubo fiesta”? Los testaferros de aquella estirpe existen hoy. Son la reencarnación de quienes fingieron combatir, mientras lo que hacían era copiar su comportamiento político y, como se sabe y venimos comprobando, superarlo en materia de maldad, corrupción y ambición. ¿Podríamos creer que es moral pensar en una reelección de lo abominable? ¿Somos inmorales de polvera? ¿Si no es así, entonces, qué estamos haciendo dividiéndonos? ¿Es posible creer en las frases de los tiranos ofreciendo “elecciones” transparentes, justas y honestas? ¿Votarán, por ejemplo, los cuatrocientos asesinados de abril de 2018? ¿Me refiero a aquellos que “no dijeron que morían por la Patria, sino que murieron? Y también  quienes se despidieron de sus madres, diciéndoles, “voy a luchar por la patria”, y no regresaron, creímos, pero están hoy aquí, reclamándonos unidad.

Pero mientras tanto estamos hablando de bloques políticos, de “renegociar lo hablado”, perdiendo el tiempo precioso y faltándole al respeto a los caídos. Se “renuncia” a una organización para “apoyar a otra”, y una de ellas “justifica” que la falta de entendimiento se debe a que esperan que el PLC arregle sus trapos sucios, y creo sinceramente que mientras no se imponga la honestidad colectiva, siempre habrán trapos sucios, polveras, infiltrados y por supuesto fantasmas y tormentas que traten de derribar los muros de la convicción, en cualquier momento que “un hombre del tiempo” maldito de la señal de ventarrones propicios para la tormenta más irracional de nuestra historia. Y aunque es importante lo que pase en estos días, y muy importante el entendimiento de ACJD con la Coalición, más importante serán los días venideros, que desde ahora tendrán que ir siendo liberados de toda mezquindad.

Decía José Pallais, un político que ha sido y es de mi empatía, a pesar de que renunció a la ACJD para apoyar la Coalición, y eso dentro de la oposición de renunciar a una cosa para apoyar a otra, no me gusta pues se puede volver mala costumbre de muchos, y conste que creo no es el caso de Pallais pues hasta parece le trajo buena suerte al entendimiento que hubo. Decía él, digo y lo repito porque lo creo: “No estamos seguros si habrá elecciones, y ya peleamos por casillas.” Y no podemos estar seguros si habrá elecciones. El “candidato” de nadie está rumiando su trampa. Fantasmas y testaferros de su bando político se preparan para el gran zarpazo. No debemos fragmentarnos en bloques. Todo esto es un asunto de prioridades y logística. También dijo José Pallais, lo que podríamos calificar como la respuesta al error de colocar las elecciones por encima de todo: “La lucha es primero por la libertad, el fin del estado policial y verdaderas elecciones, las que no lograremos arrancar al régimen, sin unidad total.”

Creo que el verbo “arrancar” es aquí muy preciso. No se trata de mendigar un derecho. Se trata de recuperar nuestra dignidad a toda costa, y cobrar lo que el régimen hizo para pisotear la Constitución en materia electoral, e intentar convertir a la pareja en tiranos “for ever”. Tampoco se trata de intentar hablar con quien no sabe hacerlo, ni tampoco quiere hacerlo. Hay que enseñarles a hablar, que también significa respetar al otro. Un diálogo, es de todos y no hay diálogo posible en un país sin palabras. La palabra desaparece cuando no hay interlocutores. El monólogo político es una enfermedad que siempre va acompañada de irracionalidad. El pavor de los tiranos a la palabra se llama pánico de conciencia. Por eso no aceptan y persiguen la libertad de prensa: es el pavor a la palabra escrita. No hay que dejar que las palabras se pudran en boca de mentirosos. En definitiva, no hay diálogo posible en un país sin palabras.

Pero aunque el poder tenga el covid-19 en su lengua, nosotros tenemos la palabra, y la tenemos hasta para hacer milagros como lo fue la UNO en su momento. Hace poco recuperé un libro que publiqué en 1998: “Un solo haz de energía ecuménica”, título que se lo pedí prestado a Rubén Darío de su “Salutación del optimista”. Se trata de una serie de artículos, escritos desde 1990, para reunificar a los escritores ante el régimen de Somoza, culminando exitosamente con la creación del Centro Nicaragüense de Escritores, gracias a la unidad que fundadores y miembros fuimos forjando día a día. Se pudo en aquel momento y se volverá a poder en este, y a nivel nacional, en que vivimos peores circunstancias. Pero debemos de tomar muy en serio, hasta el sacrificio si fuese necesario, el aliento y convocatoria que para luchar nos da Rubén Darío en su extraordinario poema, cátedra de unidad:

Espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos,
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;

Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos;
formen todo un solo haz de energía ecuménica.

Más en Opinion

Share via
Send this to a friend